Domingo, 29 Enero, 2012 - 09:53

Panorama laboral
Tormenta

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Mientras el campo argentino ruega por lluvia, en el mundo sindical y político ya se está armando la tormenta. Si no que lo diga la familia Moyano, que estos días no tuvo ni un milímetro de filtro a la hora de pegarle al Gobierno y a sus funcionarios.

La figura de Hugo Moyano, que había hecho mutis por el foro desde su rotundo discurso en la cancha de Huracán, emergió con fuerza por acción propia y ajena.



Primero fue el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, quien le pidió que reflexione y deje sin efecto su renuncia al PJ, al que el líder camionero y jefe de la CGT había calificado de "cáscara vacía" en el acto de diciembre en Parque de los Patricios.



Así, en un santiamén, alumbró una nueva alianza que provocó la reacción del "cristinismo", que salió a decir a través de algunos de sus representantes que la palabra empeñada debía cumplirse, en alusión al anuncio de Moyano sobre su retirada de la estructura del Justicialismo.



Pero si bien quedó clavada una pica envenenada en el corazón del PJ, lo más jugoso estaba por venir. Enseguida Pablo Moyano, enancado en un conflicto por el despido de trabajadores de una empresa en el sur del país, volvió a agitar la movilización y el rigor de la protesta de los camioneros.



Así, tras una marcha de protesta en pleno centro porteño -que había estado precedida por una movilización en Chubut donde hubo represión a trabajadores- y una posterior reunión con autoridades que terminó en fracaso, Moyano hijo avisó que los camioneros retornarán a las calles y terminarán protestando en la Plaza de Mayo.



Lo que en definitiva quiso decir Moyano -que de paso fustigó al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, como aperitivo de lo que diría luego su padre- fue que el destino final de la protesta será en realidad Balcarce 50.



Y ahí nomás, precisamente, reapareció Hugo Moyano, quien desplegó un repertorio de frases, calificativos y advertencias que significaron continuidad y complemento de los dichos de Huracán.



No sólo advirtió que seguirá adelante con su política de demandas y eventuales protestas, sino que descalificó los topes que el Gobierno y los empresarios quieren poner a las paritarias -los tildó de "vergonzosos"- y bautizó como "che pibe" y "Chirolitas" a funcionarios.



Si bien no dio nombres, cualquiera, con un mínimo esfuerzo, puede imaginarse los destinatarios de las palabras. También mencionó al "ventrílocuo" de esos "che pibe" "Chirolita", y tampoco acá hay dudas sobre a quién hacía referencia.



La pelea de Moyano con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sigue sumando rounds, y esta vez el que lanzó los golpes más duros fue el sindicalista, ya que la Jefa de Estado, en su retorno tras la operación, también dio un severo discurso pero sin alusiones directas al gremialismo como en otras ocasiones.



Habrá que ver, por cierto, como responde el Gobierno a estos mandobles de Moyano, quien está acortando él mismo los tiempos y las distancias que lo separan de la declaración concreta y práctica del conflicto.



Por ahora queda la instancia de las negociaciones salariales, que si bien en la inmensa mayoría de los casos no comenzaron formalmente, ya están cobrando altos niveles de temperatura.



En ese marco siguen sumándose las organizaciones que avisan que no están dispuestas a admitir topes para la discusión de los aumentos salariales de 2012 -como el 18 ó 20 por ciento- y que irán por lo menos por el 25 por ciento.



A esta altura en varios casos no hay distinción entre sindicatos oficialistas y no oficialistas o entre privados y estatales.



En el medio, la Presidenta anunció que el desempleo bajó a 6,7 por ciento en el último trimestre de 2011, lo que ubica a la Argentina en un lote auspicioso en esa materia. No obstante hay otras cuestiones al respecto.



Por ejemplo, el último informe de la OIT sobre desocupación en América latina destaca las performances en ese aspecto -de 2010 a 2011- de Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Panamá y Ecuador. Y a la Argentina, la ubicó en un segmento intermedio.



Asimismo, será importante evaluar los guarismos cuando se publiquen formalmente las estadísticas y observar todos los ítems, entre los que figura la subocupación. Y también tener en cuenta la cantidad de gente que haya dejado de buscar trabajo por obra del desaliento y obviamente contemplar al ejército de ciudadanos que perciben asistencia estatal y no participan del mercado laboral, en muchos casos desde hace años.



Por supuesto, el mágico número que se acerca a las cifras de desocupación aceptable en cualquier economía del mundo, está empañado por otras cuestiones como la persistencia del impresionante nivel de empleo en negro -casi cuatro de diez trabajadores-, así como la precariedad de muchos trabajos e ingresos.



Sin duda que todos estos y otros aspectos -muchos de ellos con característica de problema crónico- deberán ser afrontados sin excusa por los diversos actores responsables del debate. Claro está, siempre y cuando no se desate una tormenta que enturbie el firmamento laboral.
Fuente: 
(*) Agencia DyN