Sábado, 28 Enero, 2012 - 10:49

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Cierto día de verano en Mar del Plata por mi actividad profesional en un medio radial, me encontré ante uno de los últimos grandes mitos vivientes de la escena nacional como es Alfredo Alcón. La charla se desarrolló en uno de los camarines del Teatro Auditorium y fue grande mi sorpresa cuando comenzamos a dialogar ya que la humildad de los grandes no se hizo esperar.

Le pregunté que sentía al ser “famoso” y me respondió que le interesaba mucho mas ser “querido” que famoso porque la fama se termina en algún momento y el afecto se agiganta con el tiempo.



Sabias palabras las de Alfredo que
podemos trasladar a estos días.

La exageración de “algunos dirigentes” al mostrarse en la televisión o los diarios a cada instante, no le permitirán cosechar afectos.



A la falsa humildad se la ha cuestionado siempre, hasta el punto de considerarla un vicio

en la medida en que representaría una debilidad para afirmar el propio ser, pasando luego al otro extremo, mostrando
orgullo o sentimiento de superioridad frente a los demás, que provoca un trato despectivo y desconsiderado hacia ellos.(léase nosotros el pueblo)

Cuando la fama llega tarde (casi a los 60), a veces el tiempo no alcanza para disfrutarla y gastamos todas las energías en tratar de convencer a los demás de algo que no tiene sustento, aplicando para ello conceptos mentirosos, con promesas que no se cumplirán e ilusionando a quienes confían en la palabra.

La talentosa mujercita tenía apenas 32 años cuando su alma se fundía en el amor de sus seguidores. A nadie le importaba si era o no una mujer política, estadista o dirigente social.



Era muy simple…la querían por lo que demostraba SER y el tiempo fue dando forma a esa energía popular hasta nuestros días. Podrá Usted estar o no de acuerdo con su filosofía de vida o el modo de encarar una pasión frente a la sociedad, pero de algo podemos estar seguros…Los años fueron agigantando su figura y hoy su nombre figura en los mas renombrados sitios culturales del mundo.



Eva Perón fue atacada por detractores y amada por seguidores, produciendo un equilibrio emocional que le significó de uno u otro extremo tenerla en cuenta.



Hoy vemos que se rompió la balanza y ya no existe el péndulo de aquella base de sustentación, quedando un espacio muy reducido entre la soberbia y la capacidad de una persona para actuar conforme a la razón, dejándose llevar alocadamente por las propias ideas o sentimientos, apoyándose permanentemente y como latiguillo verbal en lo que decía “EL”, demostrando de esa manera no tener capacidad suficiente para desarrollar su actividad por iniciativa propia.



Cuando se habla de los pobres y crece mi patrimonio mil veces en 8 años. Cuando se habla de los sufridos abuelos y veto el 82% móvil, llegando a producir algo nunca visto en mi país como son los miles de juicios previsionales para poder cobrar lo que corresponde. Cuando se habla de paritarias con 18% de aumento salarial y la inflación es del 30. Cuando vuelven enfermedades producidas por la pobreza, desnutrición o desidia y los centros de atención médica no pueden cubrir las necesidades. Cuando muere más gente por robos, accidentes, femicidio, el aumento de las violaciones a mujeres, niños, bebés, abuelas. Cuando hago sufrir a un pueblo contándole ante las cámaras de televisión que tengo una grave enfermedad y mi rostro expresa lo contrario. Cuando no me doy cuenta que la fama me llegó tarde…”ya es tarde” y después será como pelar una gallina al viento, pretendiendo juntar las plumas.



Estos dramas dirigenciales son moneda corriente en todo el territorio y sería bueno que los gobiernos locales, en cada provincia o municipio, observen con atención los resultados de esta soberbia, falta de equilibrio y humildad, pues al igual que la factura de la luz cuando llega a casa, si no la abonamos hoy, en algún momento nos la cobrarán y con intereses. La gran diferencia es que el pueblo no practica la usura, solo sabe manejar y muy bien las herramientas que le da la Constitución.



Deberán entonces los dirigentes ganarse el afecto de la gente y no creérsela con la fama, que hasta el mismo tango nos dice “es puro cuento” y no creo que los responsables de gobernar quieran comer de su propia mentira.

(*) DNI 7788556 - Resistencia