Miércoles, 25 Enero, 2012 - 11:24

Análisis periodístico
Media Policía detrás de una pelota

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Parece mentira que en un partido entre los principales clubes de fútbol del país lo más importante sean los barrabravas violentos y los policías que tienen que impedir la violencia. Numéricamente, los policías serán 2.500, si la cancha se llena de gente habrá veinte mil, y los jugadores serán apenas 22.



Pero esta ecuación no se da porque sí: Después de que un comando de efectivos policiales reprimiera a escopetazos a un grupo de niños en la previa de un partido local, el gobernador Jorge Capitanich, en vez de reparar en la violencia policial, pensó en evitar papelones con repercusión nacional en el Superclásico que tendrá a los mismos policías armados con las mismas escopetas, frente a, quizas, los mismos niños baleados.



Ahora, las autoridades dicen que la seguridad estará garantizada por el multitudinario dispositivo montado por la Policía, pero no confiesan que la verdadera preocupación no es la seguridad del superclásico, sino la seguridad de la imagen del Gobernador, que decidió colgarse las jinetas y presentarse como el comandante del operativo. Entonces, muchos aplaudieron su arrojo, pero a otros nos sonó apenas proselitista. La otra opción era admitir que nuestra Policía, entre otras incapacidades, no está capacitada para controlar a las barras, y convocar especialistas. Aunque no haya sido su intención: aún lego, se consideró mejor capacitado que el mejor policía chaqueño.



Naturalmente, el precio de cualquier error cometido por la Policía comandada por el Gobernador será exorbitante y nadie quiere pagarlo a medias con él.



DESVESTIR UN SANTO

Con todo lo que esto implica en materia de seguridad, la mitad de la Policía dejará de vigilar media provincia para abocarse a vigilar a los barras y garantizar la seguridad del evento. Teniendo a la vista este fenómeno: ¿Qué partido relevante podría jugarse en nuestra provincia si una cancha llena demanda un servicio de seguridad adicional de 2.500 policías? Pero, además: ¿2.500 policías garantizan que los barras no se enfrenten, o son apenas la garantía de una represión efectiva en caso de enfrentamiento? ¿O ninguna de las dos cosas?



Imaginemos For Ever-Sarmiento: ¿Estos clubes están en condiciones de contratar 2.500 efectivos policiales? ¿O tendremos que resignarnos a una matanza? ¿Qué solución somos capaces de encontrar entre estos dos extremos para no resignarnos a morir a trompadas ni asumir el papelón de mirar un partido de fútbol a punta de pistola?



QUE VALGA LA PENA

La gran mayoría coincide en que vale la pena el esfuerzo para tener un superclásico en la provincia, pero nadie sabe para qué. Algunos dicen que así los chaqueños tendrán la posibilidad de ver a equipos de esta envergadura que, de otro modo, no podrían, sin embargo la entrada más barata cuesta el doble que la de los partidos de AFA.



Para que verdaderamente valga la pena hay que mantener en sus lugares a los barrabravas siempre eufóricos, acostumbrados a treparse a los alambrados; que los de Boca no celebren el último campeonato cantando: “Dale campeón, dale campeón!”, ni el descenso de River con: “Ooooh, vos sos de la B, de la B, de la B, vos sos de la B”; ni “Ga-lli-na puta…”, ni nada. La hinchada de River no tiene ánimo para festejar ni para tolerar humoradas, por lo que pedirle algo más sería demasiado. Nosotros pusimos media Policía, si ellos ponen la mitad de eso, será una fiesta.



(*)De la Redacción de Primera Línea (No publicado, che)
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