Domingo, 22 Enero, 2012 - 09:43

Análisis periodístico
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“No es una decisión individual retirarse de la guerra, porque –guste o no– también decide la opinión del contrincante.” (Del editorial de marzo de 1974 de la revista montonera El Descamisado). Esta cita es recordada en el texto de Huili Raffo con que da inicio el libro Holy Fuck! Hablando de kirchnerismo con el recaudador de impuestos, recopilación de textos del blog Los Trabajos Prácticos.

En los años 70 las letras se componían en plomo para luego ser impresas por presión. Por entonces, mi padre tenía el taller de linotipo donde se retipeaban en plomo los textos de la mayoría de las publicaciones independientes del país. Yo estaba en el colegio secundario y me sorprendía, cuando iba a visitarlo, ver armas apoyadas en la sala de corrección: por un lado quienes hacían El Descamisado, de orientación montonera, y por el otro quienes hacían El Caudillo, de tendencia extremadamente opuesta.



Cualquier comparación de la controversia actual entre lo que el kirchnerismo denomina prensa hegemónica y periodismo militante con aquellos años de enfrentamiento a los tiros entre publicaciones resultará excesiva, pero no pasa semana sin que cualquier episodio sirva para observar cómo de cada lado se recorta la realidad de forma primitiva.



Esta semana les tocó el turno a las denuncias de Lorena Martins –hija de un ex agente de la SIDE que es propietario de una cadena de prostíbulos de lujo en Argentina y México–, de las que salen damnificados Macri, Oyarbide y parte de la Policía Federal.

Tras el reportaje que se publica en la página 38 de esta edición, Lorena Martins se quejó: “A medida que esto avanza, me doy cuenta de cómo algunos medios afines al macrismo intentan tapar la noticia o, lo que es peor aún, distorsionarla. Es vergonzoso”.

En el reportaje cuenta que cuando algunos periodistas la entrevistan, mientras ella habla de Oyarbide le siguen preguntando, pero cuando comienza con las críticas a Macri le cambian de tema o dan por terminada la nota.



En sentido opuesto, los diarios que simpatizan con el Gobierno siguieron el tema sin pausa, pero siempre focalizados en Macri, reduciendo a veces hasta la omisión las menciones a Oyarbide.

Tiene razón Lanata cuando apela a su propia experiencia de conductor de redacciones numerosas para decir que es imposible disciplinar a todos y controlar a todos. El mismo será pronto un ejemplo de independencia dentro de Radio Mitre y Canal 13, cuando comience sus programas en pocas semanas. Como también lo son muy especialmente Zlotogwiazda y Tenembaum, entre otros, en el Grupo Clarín. Pero, como queda demostrado con este solo caso, es muy difícil encontrar críticas que molesten a Macri en los medios de Clarín y, aunque más disimuladamente, también ocurre lo mismo en La Nación.



Será un problema para el periodismo si todo o gran parte se reduce a “ellos y nosotros”. No debería el periodismo de calidad repetir casi cuarenta años después la cita del editorial de la revista El Descamisado: “No es una decisión individual retirarse de la guerra, porque –guste o no– también decide la opinión del contrincante”. Sí es una decisión individual. Por más que el otro utilice los peores medios para agredir, no es imprescindible responder con la misma brutalidad, dándole en ese acto la razón al agresor al igualarse a él.



Es cierto que desde el oficialismo se contribuye a la polarización porque, sin importar los esfuerzos que realicen los periodistas que no quieren quedar prisioneros de esta dicotomía, siempre los tildarán de esbirros de Magnetto por el solo hecho de no ser oficialistas.

El mismo dilema enfrentan los integrantes más equilibrados de Carta Abierta que, a pesar de marcar algunas críticas al Gobierno, son igualmente caratulados sin distinción de intelectuales oficialistas.

El mismo maniqueísmo vale para ambos; a los periodistas se los acusa de depender del sueldo de sus patrones y a los intelectuales, de ser empleados pagos por el Estado.

Los esfuerzos de pluralidad de Horacio González prestándose a participar de debates, dar notas y hasta escribir en medios de todas las posiciones, no son debidamente valorados por los críticos del Gobierno, mientras que sí despiertan enojos en parte del oficialismo. Espero que este elogio no le genere más desconfianza entre los kirchneristas.



Lo mismo les sucede a periodistas que actúan con verdadera libertad o aun constreñidos dentro de una línea editorial que no comparten pero hacen esfuerzos para lograr autonomía y no se dejan arrastrar por la marea. Cosechan palos de dos lados. Al revés de lo que sucede con la virtud que se encuentra en el medio de dos defectos, aquí en el medio está el infierno que separa a dos paraísos que, aunque falsos, todavía siguen alimentando satisfacciones para sus moradores.

Aceptar que “la guerra” es una decisión del otro que nos arrastra a ella sin que nada podamos hacer es el triunfo del otro y de la guerra.

El periodismo precisa encontrar su lugar “entre” esos polos y no siendo uno de ellos.
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Publicado en Perfil