Sábado, 21 Enero, 2012 - 20:41

Panorama laboral
La rumba del salario

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

"Se va poniendo calentito el aire, pide más y más", dice Fito Páez en una de sus canciones emblemáticas, figura que tranquilamente puede aplicarse a la cuestión salarial. En los últimos días, poco a poco gremios de todo pelaje y color fueron coincidiendo en rechazar la pauta del 18 por ciento de aumento fomentado por el sector empresarial y el Gobierno.

La mayoría de los que dieron a conocer su postura públicamente dijo que el incremento no debería estar por debajo del 25. Y algunos que admitieron un guarismo inferior, antepusieron la condición de que la paritaria vuelva a abrirse a los seis meses de firmado el acuerdo.







También trascendió en el medio algo que puede sonar contradictorio con la pretensión inicial, pero que finalmente no hace más que reconocer la realidad: una encuesta privada -de la consultora SEL- determinó que una importante cantidad de empresas prevé que las actualizaciones de los sueldos rondarían este año el 24 por ciento.







El mismo Gobierno -que también es un importante empleador- fue morigerando a través de algunos de sus miembros la postura aparentemente rígida que trascendió en principio y básicamente apeló a la "responsabilidad" de las partes negociadoras, reconociendo a la vez que los aumentos que finalmente se pacten pueden no ser uniformes.







Con las discusiones ya iniciadas, aunque aún no de manera formal, se notan las diferencias con respecto a ciclos anteriores.



Una fundamental es que el jefe de los camioneros y de la CGT, Hugo Moyano, no se ha convertido esta vez en referente de una "gran paritaria nacional", como ocurría en los tiempos en que tiraban juntos con Néstor Kirchner.







De todas maneras, no hay que descartar graciosamente su influencia, ya que su bajo perfil y su momentánea desaparición del centro de la escena podrían significar también que está tomando impulso para avanzar con más fuerza. No obstante, Moyano instaló un concepto que nadie deja de utilizar (y que sin duda quedará inscripto cuando se escriba el tramo actual de la historia política y económica de la Argentina): la inflación de las góndolas o los supermercados, en contraposición a la oficial del INDEC.







También debe anotarse entre esos rasgos que distinguen esta negociación de otras el hecho de que este no es un año electoral, con lo cual de parte del Estado puede haber más rigidez a la hora de abrirse al otorgamiento de los aumentos, pues sabido es que cuando hay turno comicial los espíritus suelen ser más generosos. A ello hay que sumarle las diferencias en materia económica y fiscal.







Otro elemento que se suma es el Impuesto a las Ganancias, que desde hace largo tiempo viene erosionando los salarios. Pasó demasiado desde la última actualización del mínimo no imponible y cada vez son más los trabajadores que padecen ese tributo.



De hecho, si no se eleva ese piso, parte o todo el aumento que consigan muchos irá directamente a las arcas oficiales vía el impuesto. Por ello, si se decide subir el mínimo no imponible, lo que los trabajadores dejen de tributar en concepto de Ganancias podría formar parte de la discusión, aunque no sea un componente genuino y equitativo de lo que debería ser una tradicional y justa negociación salarial.







Lo mismo ocurre en esta oportunidad con los aumentos que recaerán sobre los servicios públicos -a partir de la eliminación de los subsidios- y su consecuente influencia en los incrementos de los precios de seguramente todos o casi todos los productos. Así, se convierte en otro nuevo ítem a tener en cuenta en los cálculos para el momento de las tratativas entre empresarios y sindicalistas.







Asimismo, están empezando a surgir versiones de que dirigentes de algunos rubros, en lugar de enfrascarse en la discusión de un punto más o un punto menos de aumento, directamente estarían dispuestos a pedir una suma mínima para los básicos de convenio y de allí hacer un efecto dominó hacia arriba, lo que en algunos casos podría significar un porcentaje superior a los que se están barajando.







Pero hay un dato que en esta instancia adquiere una relevancia particular, al estar de lo que se maneja en la intimidad de muchos sindicatos.







Hay un gremio que históricamente, al menos en las últimas décadas, no estuvo entre los más favorecidos en el reparto, y ese es el docente. Los maestros han tomado la iniciativa y ya están con sus reclamos en pie y advirtiendo sobre la posibilidad de conflicto en caso de no ver satisfechas sus demandas.







El año pasado hubo sectores del magisterio -especialmente en la provincia de Buenos Aires- que consiguieron algo más de 25 por ciento, según los anuncios hechos oportunamente.







Ahora, los docentes bonaerenses (que lograron alrededor de 27 por ciento en 2011) vuelven a convertirse en referencia y, según los trascendidos desde el sector, la demanda podría oscilar entre 25 y 30 por ciento.







El punto es que ya hay dirigentes de otras actividades que otrora marcaron el camino y que ahora están mirando atentamente qué pasa con los maestros, quienes de esta manera podrían ser "caso testigo". Toda una novedad que, de tomar cuerpo, rompería una histórica tradición sindical.







Por otra parte, en el marco de todos los escarceos previos a la apertura formal de las paritarias 2012, hay situaciones de conflicto que podrían multiplicarse y ello ocurre en municipios de la provincia de Buenos Aires, donde se mezclan la insatisfacción de los empleados por las ofertas salariales con los problemas en las finanzas de algunas comunas.







Y así, con el tórrido aire de un verano que hace añorar a otros veranos de muchos años atrás, unos y otros se menean y empiezan a transpirar al compás de la rumba del salario. 



(*) Periodista DyN