Domingo, 15 Enero, 2012 - 08:05

¿Estrategia o error?
Cuando nunca piden una segunda opinión

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¿Se trata de autosuficiencia, soberbia, o un cóctel entre ambas? Los falsos positivos como metáfora del poder K.

¿Será autosuficiencia, soberbia o una mezcla de ambas? La actitud oficial de demostrar que el Gobierno solo, como el buey, bien se lame tuvo en estos días ejemplos que bordearon lo patético: el mejor ejemplo de que nunca necesitan una segunda opinión lo dio la jefa del Ejecutivo que fue, por paradoja, la más perjudicada: un “falso positivo” le extirpó la tiroides y se la operó sin pedir una segunda opinión y desconociendo a quien la dio dos días después del anuncio del “cáncer” oficial. 



Conocemos, gracias al trabajo de Nelson Castro, el nombre de la “disidente”: la doctora Lencioni. Fue ella quien expresó sus dudas sobre la utilidad de la intervención y la precisión del diagnóstico: nadie quiso escucharla, ni en su lugar de trabajo, el Hospital Austral, ni en el equipo médico de la Presidenta.



El Opus Dei and Perez Companc Hospital priorizaron la relación política a la seriedad médica, y durante la semana dieron a conocer un ambiguo comunicado que aportó más confusión a la confusión: cuatro días después del alta y sin la firma de ninguno de los patólogos que estuvieron en la operación. En cualquier caso, el equipo médico presidencial se sintió propietario exclusivo de la verdad de un falso positivo. Se trata de un modus operandi; ¿quién si no los dueños de la verdad podría criticar a Scioli por su partido de fútbol solidario con Macri?



 —Ni siquiera jugamos para el mismo equipo –se disculpó Scioli ante la catarata de insultos K.



—Pero ¿hablaron después del partido? –increpó un periodista que terminó haciendo de idiota útil. Como si “hablar” significara prueba de alguna complicidad o relación espuria.



La idea de democracia del oficialismo reserva el cargo de traidor para quien “habla” con otro que no sea del mismo gueto. ¿Y si Scioli hubiera ido a almorzar con Macri? Fusilarlo era poco. La idea del discurso único, el partido único, la verdad única, el alambrado del campo nacional y popular sostiene también la pelea con los medios que se alejan del discurso cínico del tándem Szpolski-Gwirtz-Manzano:



—Los empresarios aplaudimos las medidas contra Cablevisión –dijo Eduardo Eurnekian en su cruzada contra los monopolios, olvidando su propio monopolio de aeropuertos.



El credo del destino único no parece ser compartido por el resto de la población: una encuesta publicada en estos días por La Nación muestra que más del cincuenta por ciento del público ha dejado de creerle a su médico de cabecera, o pediría siempre una segunda opinión.



Los efectos del falso positivo no fueron sólo políticos. Ensimismado,el poder sigue negándose a escuchar fuera del espejo, como si el 54% fuera poco y sólo le restara llegar al cien.
Fuente: 
(*) Perfil