Viernes, 13 Enero, 2012 - 19:25

Correo de nuestros lectores
Cáncer: sinónimo de ambición, intereses y falsas verdades

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La presunta enfermedad de la Presidente es un problema de Estado. Se levantaron voces autorizadas y otras. “El médico que operó a la presidenta Cristina Kirchner, no hizo más que agregar sospechas a las que ya había respecto a cómo fue tratada la afección que la mandataria sufrió en su glándula tiroides…”

”…que en principio se creyó que era un cáncer, un diagnóstico que después se corrigió…“, cuando en rigor los análisis a los que había sido sometida para conocer sus afecciones podían tener un margen de error, aunque menor, conocido como “falso positivo” lo informaba un medio digital.



Cristina Kitchner es una persona pública. No analizaremos culpas, ni como se hizo o si hubo errores. Corresponde a profesionales médicos.



Lo que se dijo caló hondo, porque se lo tomó desde el principio como una “verdad encubierta”, como una posible mentira,
con muchísima desconfianza, todavía hay silenciosas sospechas.



Considerando que
la salud de un mandatario genera, inquietud, pero además inestabilidad emocional colectiva,
además dio signos de alerta a como se desarrollaría la administración por parte de su entorno, cuando se debiera estar seguros y confiados que los que quedan han sido elegidos para situaciones como estas. También hubo y habrá repercusión a nivel internacional.



Todo se puede sintetizar en una sola palabra: Desconfianza. La ciudadanía tuvo su propia crisis de
desconfianza.



Y esto es grave, no saber
“si es cierto o no es cierto”, peor aún conocer que pueden maquillar, mentir u ocultar la verdad. Porque esto ocurre con frecuencia.



La Presidente, habrá tenido su propio duelo, que lo desconocemos, aunque muchos opinen desde el corazón, desde la oposición, desde la envidia, o desde el temor a una desestabilización a nivel económico, con esa pregunta entre dientes ¿qué pasará?



Y luego llegó lo que se quiere considerar una buena noticia, ojala
sea, que la Presidente Cristina Kitchner no padece cáncer.



Pero, comienzan las conjeturas. Y cuando se instala otra vez la duda, algo dice que no se puede aún confiar.



El perjuicio que provoca un rumor es semejante a una catástrofe. Y “el se dice que se dice” es una grave declaración, y será difícil conocer la verdad y sus estragos.



Pero resumiendo: este mal hábito de desdibujar
la realidad es el principio de la mentira y la corrupción no tiene otras herramientas que la falsedad e hipocresía.



Pena, que esta modalidad se usa comunmente creyendo que son modos de informar con diplomacia, aunque
ambas partes sean concientes de un mensaje distorsionado.

Ahora, habría que permitir que la administración del gobierno retome su ritmo.

Que el tratamiento de la Presidente tenga su curso correcto.



Y el tema médico se trate con seriedad sin salpicar a todos los profesionales de la medicina. Y si hubo errores, considerar que todos merecen igual precaución.



Más allá de la ambición de poder de algunos, de los intereses de muchos, la Argentina debiera ser un país en desarrollo que para eso se necesita gente honesta.

La salud
y la enfermedad conciernen a la vida misma.

Desde lo personal, que la Sra Presidente se recupere pronto.