Martes, 10 Enero, 2012 - 14:50

Análisis
"No alcanza con ser"

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La columna que reproducimos a continuación es un análisis “de sentido común” del periodista de Primera Línea Darío Zarco sobre las “desprolijidades” en el uso por parte del gobernador Jorge Capitanich del Lear Jet 60 de la provincia. En comparación con la enérgica (y novedosa) actitud crítica de algunos matutinos en estos días, la nota de Zarco peca de excesiva moderación. Sin embargo Primera Línea decidió no publicarla.

O al menos es lo que se deduce de la curiosa llamada con la que el periodista concluye el trabajo ("(*) No publicado en Primera Línea"), tal como se pudo leer en su perfil público de la red social Facebook.



La nota completa se reproduce a continuación, y que juzgue el lector:



No alcanza con ser



Dicen que Julio César se divorció de su esposa Pompeya después de que ésta asistiera a una saturnal: orgía a la que las damas aristocráticas romanas asistían de tanto en tanto para saciar sus más bajos instintos. Apenas proclamado el divorcio, las mujeres más notables de la sociedad le suplicaron al César que revocara su decisión, alegando que Pompeya no había cometido ningún acto deshonesto durante los festejos, sino que había sido una mera observadora. Pero él explicó: "La mujer del César no sólo debe ser honesta sino, además, parecerlo".



El gobernador Jorge Capitanich acaba de aterrizar de un viaje a Centroamérica, que realizó a bordo del avión de la Provincia durante su licencia anual, en compañía de sus dos hijas. A su regreso, y previendo los cuestionamientos al uso de la aeronave con fines personales, enumeró las actividades de corte oficial cumplidas en Panamá y Haití.



Según él, tenía previsto vacacionar con sus hijas en Panamá pero debió cancelar los boletos del vuelo de ida para asistir al anuncio de la prórroga del Programa de Desendeudamiento de las Provincias, encabezado por la presidenta Cristina Fernández el último 28 de diciembre. Inmediatamente después, y para recuperar el tiempo perdido, aprovechó el vuelo del avión oficial, programado con antelación para cumplir con una rutina técnica en ese país; algo de lo que recién nos enteramos a su regreso.



Costo cero

¿El Gobernador sabía que el avión oficial debía volar en esa fecha antes de comprar los boletos de línea que debió cancelar? Si está convencido de que esta utilización del avión oficial no reviste irregularidad, ¿por qué no decidió volar en él desde el primer momento en lugar de comprar boletos corrientes? Y, principalmente, ¿por qué lo hizo prácticamente en secreto; tan en secreto que ni el vicegobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff se enterara?



La respuesta puede ser sencilla: sabiendo de la turbulenta relación que mantienen, no hubiera sido casual que, al enterarse y habiendo asumido el mando del Gobierno, Bacileff ordenara dejarlo a pie, acá o donde sea. Pero, en este aspecto, lo crítico es el desconocimiento del vicegobernador que podría haber demandado la utilización del avión por alguna razón y/o necesidad.



Nadie duda de que Capitanich está en condiciones de costearse el viaje a Panamá, pero nadie sabe por qué no lo hizo. Hasta acá, sólo podemos envidiarle la desgracia de verse obligado a devolver tres pasajes en vuelo de línea, coincidente con la suerte de reemplazarlos por un vuelo chárter.



“No le costó un solo peso a la Provincia porque lo pagó todo el seguro”, contó ayer, graficándonos que la que le tocó fue una linda oportunidad de viajar gratis que podríamos haber aprovechado todos; al fin y al cabo, el avión es del “Gobierno del Pueblo de la Provincia del Chaco”.



Ajetreada agenda

“Casi no me quedó tiempo libre”, dijo al repasar la nutrida agenda diplomática desarrollada en esos pocos días en representación del Gobierno de la Provincia. Si aceptáramos sus explicaciones, nos queda preguntar ¿Por qué utilizó su licencia anual para cumplir con esa misión oficial que terminó absorbiéndole sus días de descanso? Porque es probable que sus gestiones redunden en beneficio de la provincia, pero habrán resultado un tremendo fastidio para sus hijas, que lo acompañaron tras la promesa de vacaciones.



No era tan difícil ordenar esto: el Gobernador debió anunciar su viaje, en misión oficial, incluso en compañía de sus hijas, aprovechando el vuelo del avión de la Gobernación a Panamá para su servicio técnico; desplegar su agenda; y regresar con el avión reparado.



Suspicaz

Quizás, como dice Capitanich, el episodio no revista ninguna gravedad ni irregularidad, pero al menos debe admitirse la desprolijidad generada por tanta y recurrente informalidad. Como Pompeya, los políticos que representan al pueblo no tienen prerrogativas sino obligaciones, y una de ellas es cumplir sus mandatos libres de sospechas, sin embargo, el Gobernador se vio obligado a dar explicaciones de un episodio que considera poco menos que rutinario.



A ojo de buen cubero, Capitanich se equivoca al tomar decisiones de esta naturaleza y vuelve a equivocarse al relativizar el impacto que estas tienen en el pueblo que él representa. Como “el que se quema con leche…”, la gente apela a la suspicacia como un derecho para custodiar sus intereses: no es obligación del pueblo confiar ciegamente en su Gobernador, sino, por el contrario, tener siempre los ojos bien abiertos.



* No publicado en Primera Línea.
Fuente: 
Facebook.