Lunes, 9 Enero, 2012 - 07:05

Todo el país recordó al "santo pagano"
Mercedes se tiñó de rojo con la visita de más de 300.000 personas para venerar al Gaucho Gil

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El santuario principal del gaucho milagroso, ubicado a la vera de la ruta nacional 123 en el departamento correntino, colapsó con la llegada de más de 300.000 fieles que llegaron al altar desde todo el país para rendirle plegarias y prenderle velas. Los resistencianos también lo recordaron homenajeándolo en la “polémica” gruta emplazada en avenida Sarmiento al 3000.

Los santuarios en honor a Antonio Gil se colmaron de plegarias y velas. Hasta su altar mercedeño, donde fue ajusticiado, llegaron más de 300.000 fieles para honrarlo.

La fe no sabe de límites geográficos. Y por si caben dudas, era cuestión de ir al santuario del Gauchito Gil (a vera de la ruta nacional 123 en el departamento de Mercedes), o en cualquiera de los tantos altares del “gaucho milagroso” que existen a lo largo de las rutas de la Argentina.



Ayer, cuando dieron las 12 o la cero hora, en la capital provincial, en el santuario mercedeño y en tantos más, se escucharon salvas de bombas, tantas, que parecía Navidad o Año Nuevo.



Mientras que hacía tres días, los fieles fueron tiñendo de rojo el exiguo espacio libre que encontraban en el predio donde fue ajusticiado Antonio Cruz Gil. En los otros altares, también se fueron sumando los devotos para dejar velas, cintas y plegarias.

En algunos de los existentes en la capital provincial –por ejemplo–, los vecinos organizaron un almuerzo a la canasta, tomaron las guitarras y cantaron chamamés para homenajear al gaucho.



En tanto que en el santuario principal –a 238 kilómetros y con cielo despejado y 45º de sensación térmica–, los devotos marcharon en fila para llegar hasta el modesto monolito compuesto por una cruz y una imagen del gaucho.



Cuando llegaban hasta ahí, el cansancio y el tedio desaparecían de sus rostros. La emoción y el agradecimiento infinitos los embargaba. Y las historias se repetían, pero eran distintas.



Los protagonistas hablaban de enfermedades, de penurias económicas y de sueños que parecían inalcanzables. También de la mano siempre tendida del gaucho, quien los ayudó a superar la prueba. Esa era la única explicación que ellos encontraban y esa era, la única razón que necesitaban. El favor concedido a estas almas –algunos hablan entre 300.000 y 400.000 durante el fin de semana–, era tan inmenso que el agobio por las altas temperaturas era un detalle sin importancia porque lo que valía era llegar, agradecer y rezar. Además, en caso de ser posible, bailar varios chamamés porque al gaucho –como buen correntino– le gustaba este estilo musical.



La fe, esa misma que no sabe de fronteras, tampoco sabe de sacrificios. Lo demostraron los devotos del gaucho que ayer llegaron hasta ese punto del corazón de la provincia de Corrientes.
Fuente: 
La república; el Litoral