Jueves, 5 Enero, 2012 - 20:04

Carta de nuestros lectores
"Rabito": un hacedor inolvidable

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Es en estos momentos de dolor frente a los muertos ilustres, cuando debemos recordar las sabias palabras de uno de los dos únicos grandes estadistas que dio el país en los últimos cien años. Es así que, respetuosamente, me atrevo a parafrasear aquel recordado mensaje de Ricardo Balbín a Juan Perón aunque, en este caso, lo mío está circunscripto al ámbito deportivo.

Ha muerto un amigo, un adversario circunstancial de las lides futboleras, pero ante todo un gran dirigente por su carácter, por sus convicciones y por su enorme respeto hacia todos y cada uno de nosotros que formamos la gran familia del fútbol.



Se fue “Rabito”, se marchó Abraham Ravinovich dejándonos su imborrable recuerdo en innumerables historias, anécdotas y hechos que lo tuvieron tanto como actor principal como lo que fue: un estupendo hacedor de un club que tiene historia de grande y que no ha logrado ganar una Libertadores ni un mundial pero sí ¡y nada menos! concretar su gran logro: que su añejo club se convirtiera en sinónimo de Chaco.



Es que fue él quien nos dio siempre una lección digna, irreprochable, como dirigente de conducta, trabajo, dedicación…



Fue alguien que siguió con fidelidad inquebrantable la línea de amor al fútbol, al deporte todo, dentro de un código que no es dable ver hoy día, salvo que sea el del dinero. Así, Ravinovich mantuvo la traza de los grandes como Ramón Orcola, “Chingo” Benítez, Ameri, Donato Gerardi y otros notables dirigentes que contribuyeron a hacer grande la pequeña historia pueblerina.



“Frente a los grandes muertos tenemos que olvidar todo lo que fue el error, todo cuanto en otras épocas pudo ponernos en las divergencias; porque cuando estamos frente a un muerto ilustre, tiene que estar alejada la hipocresía y la especulación para decir en profundidad lo que sentimos y lo que tenemos. Los grandes muertos dejan siempre el mensaje. Por eso, este viejo adversario despide a un amigo”.



Eso que hoy pareciera una voz salida de ultratumba es nada menos que el eco de tan notables palabras retumbando bajo la cúpula del Congreso en la despedida de don Ricardo.

Por mi parte, aún me suenan los compases de moda en épocas juveniles cuando compartíamos con “Rabito” nuestras noches de luna a la vera del Riacho Barranqueras, en el jamás olvidado –y menos igualado- Stella Maris. O esas otras fiestas de estudiantes de la secundaria, o aquellas largas charlas amigables donde debatíamos nuestros puntos de vistas…



Ni siquiera fueron exageradas nuestras diferencias en aquellas picardías para que un colchonero, un pato o un picuí nos pitara dando satisfacción a nuestros ojos y oídos para gozar en un clásico como los de antes, aunque extrañamente mancarrón y con ruido a chapas en el viejo estadio de la Colón o en el nuevo de la 9 de Julio bautizado por Norte en los sesenta como el del número “2222”.



Abraham Ravinovich, un forevista apasionado, un dirigente de esos que hicieron culto al sacrificio y la dedicación por el deporte mismo, tratando de salvaguardar a las instituciones donde se desempeñaron, ha muerto y, estoy seguro, en su último hálito de vida habrá vuelto a añorar aquel tiempo de gloria, del hacer constante sin esperar nada, entregando todo, hasta la comodidad de la vida familiar.



Descansa en paz, gran guerrero del deporte.



“Quedan atrás las divergencias para comprender el mensaje nuevo del encuentro con las realizaciones, de la convivencia en la discrepancia útil, pero todos enarbolando con fuerza y con vigor el sentido profundo” … del deporte.