Lunes, 2 Enero, 2012 - 14:33

Economía
Dotar de nuevas herramientas

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Entre 2003 y 2011 la economía argentina creció por encima de Latinoamérica, dinamitó el desempleo y redujo a más de la mitad la pobreza.

Alcanzó record en inversiones, de producción industrial, de cosecha, de exportaciones y se incrementaron las reservas del Banco Central, actualmente en magnitud mayor a cualquier momento de la convertibilidad. Se renegoció la deuda pública en forma exitosa y se desendeudó al Estado a punto tal que debe menos de 18 por ciento del PBI a acreedores privados y organismos multilaterales, y un tercio de esos pasivos están denominados en moneda local.



Se crearon 5 millones de puestos de trabajo registrados, se incorporaron 2,5 millones de nuevos jubilados con el doble de mínima y se creó un plan que otorga asistencia a 3,5 millones de chicos menores de edad, en abrumadora mayoría en hogares bajo la línea de pobreza. La suma de los nuevos empleos, la moratoria previsional y la asignación universal advierten que en los últimos años se reincorporó al 27 por ciento de la población que había quedado excluida del sistema entre la última dictadura y la convertibilidad.



Ahora bien, desde 2008 al 2011 el Gobierno perdió toda la fortaleza macroeconómica que exhibía y que permitió tantos logros en tan poco tiempo, en buena medida por el cuadro energético que se llevó puesto los pilares del modelo. Los tres puntos de superávit fiscal que se observaron hasta 2008 el Gobierno los perdió en subsidios, importar energía y sustituir la falta de inversión privada.



El superávit fiscal no solo otorgaba una real independencia financiera al disponer de ingresos para comprar dólares y pagar la deuda externa, sino que al mismo tiempo permitía mantener el tipo de cambio en niveles elevados como principal defensa del crecimiento, el empleo y el saldo externo, todo sin emitir ni endeudar al Banco Central.



La salida de capitales responde a lo expuesta que quedó la economía a una nueva crisis internacional. A medida que fueron descendiendo los superávit gemelos, fue en aumento la dolarización de privados ante el agotamiento del único canal de financiamiento y la imposibilidad de que las reservas lo reemplacen en forma indefinida. En 2011 el Banco Central perdió 12.300 millones de dólares, magnitud que desencadenó en las restricciones en el mercado de cambios. Con las restricciones, el Banco Central anula la pérdida de reservas por financiamiento de la salida de capitales, al costo de desdoblar el tipo de cambio. A partir de ahora, el mayor anhelo de dolarización por parte de privados impactará más en un incremento del dólar paralelo o suba de tasas para contenerlo, que en pérdida de reservas por salida de capitales.



Dado que las restricciones vinieron para quedarse, descontamos que la diferencia entre dólar oficial y paralelo comience a incrementarse a medida que el mercado advierta que se acentúa el atraso cambiario y más si el contexto externo empeora y el Gobierno no reacciona. Si bien las nuevas restricciones en el mercado de cambio estiran los tiempos con que la economía puede vivir sólo de reservas del BCRA, vale advertir que no modifica la realidad que la economía dejó de generar dólares y que tampoco dispone de financiamiento. Si no hay superávit externo ni financiamiento disponible, las expectativas se encauzan a esperar el ajuste por una combinación de menor nivel de actividad y devaluación (stop and go), que motiva la salida de capitales.



El 2012 arranca con la restricción externa en marcha, acentuada por la crisis europea. La economía local ajustará en magnitud suficiente buscando restablecer el equilibrio externo, con o sin ayuda del Gobierno. En este escenario, la economía crecería cerca del 2 por ciento el año entrante, aunque principalmente por efecto arrastre. Con estancamiento en las exportaciones y leve alza en las importaciones ante un mayor déficit energético, el saldo comercial pasará de 11.000 millones de dólares en 2011 a 8000 millones en 2012. El deterioro no es mayor por el freno en el nivel de actividad.



Este saldo comercial no alcanza para pagar los intereses de la deuda externa y utilidades de multinacionales (aún en descenso), ampliando el déficit en cuenta corriente. A ello se suman los pagos de capital de la deuda externa. Solo eso conduce a esperar una merma de las reservas del BCRA de otros 7000 millones de dólares en 2012.



No se puede crecer con la restricción externa operando y reservas en franco descenso. En los noventa, la Argentina eludió la restricción externa en base a deuda y privatizaciones. Tras su colapso, la eludió gracias a los dólares comerciales que permitía el tipo de cambio competitivo. Agotado también ese camino, en 2011 se eludió la restricción externa gracias a las reservas acumuladas. De más está decir qué estrategia nos llevó al colapso, cuál fue la exitosa y cuál se agota rápidamente.



Las restricciones cambiarias estiran la estrategia de vivir de las reservas del BCRA por lo menos un año más, dado que ahora no serán afectadas por la salida de capitales y se reservan exclusivamente al pago de la deuda y el resto de las operaciones corrientes de la economía. Igualmente, la economía empieza a frenarse dado que dejó de generar dólares, por lo que la restricción externa igualmente opera, con o sin restricciones en el mercado cambiario. En suma, si se quiere que el modelo continúe otorgando resultados, más vale dotarlo nuevamente de herramientas.



(*) Economista jefe de Econométrica.
Fuente: 
Página|12