Sábado, 31 Diciembre, 2011 - 19:16

Correo de nuestros lectores
El cáncer iguala al rico con el pobre

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Enfermedad que no se la deseo ni al peor de mis enemigos, si acaso los tuviese, por ser una pena que traspasa todo límite de penitencia humana.

Quizás alguien quisiera que su enemigo sufra un poco con el fin de vengar algún dolor, quizás también le desee la muerte en una primera instancia pero cuando su enemigo sufre demasiado se va haciendo pobre, digno de piedad e incluso de lástima, última instancia de la pena por venganza, esta es la instancia del perdón y de la indulgencia.



Muchos gozan con la posibilidad de cáncer de nuestra Presidente, o Presidenta si acaso así desea llamarse, porque el odio ya está instalado en nuestra sociedad mediante sus contrarios y también de sus seguidores, que solo intentan sacar ganancias personales a cambio de vanos gestos de apoyo como otra forma de odiar. Así habrá muchas condolencias, no por ella sino por ellos. El odio sembrado puede que ya esté dando sus primeros frutos de autodestrucción. El odio solo produce víctimas y miseria.



El pueblo argentino deberá ablandar su corazón por su Presidente Cristina, deberá abrirlo hacia ella en favor de todos los que sufren, en favor de todos aquellos que no tienen consuelo, tan solo por ser pobres. Los que hoy están bien deben mirar la vida a través de los que sufren para poder entender mejor nuestra propia realidad humana desprovista de poder propio absoluto.



“No juzgues y no serás juzgado”, reza una frase de nuestro Señor Jesucristo, como también se entiende que no odies y no serás odiado, semejante a aquella vieja ley del talión del ojo por ojo y diente por diente que se hace presente en nuestras actitudes cotidianas. Aunque nos dio otra de mayor expresión que debemos tener presente: “Ama a tus enemigos” y serás perfecto.



Debemos rezar por nuestra Presidente, hacer cadenas de oración para que ella se recupere pronto, para que nuestros gobernantes vean la vida con ojos diferentes. El amor del pueblo por sus gobernantes debe ser notado por ellos más allá del simple voto que no presenta un signo de amor. Si el pueblo muestra su amor por sus gobernantes, es posible obtener de ellos la indulgencia de amar también a su pueblo, su país, su patria, con actitudes diferentes, honorarios diferentes; diferentes objetivos y proyectos.



La igualdad siempre es más conveniente regulando hacia arriba, para crecer y tener vida, porque si regulamos hacia abajo nos espera la pobreza y la miseria y nos conduce a la muerte. Entonces la igualdad no debe ser el primer paso, tampoco la libertad, porque ambas distorsionan la realidad humana si son tomadas como primer paso. Lo más conveniente es la fraternidad, esta nos mostrará la verdadera igualdad, y así podremos ser verdaderamente libres.



Siento mucha pena por nuestra Presidente, no quiero que sufra, me duele su dolor, su miedo y su angustia. Quiero ayudarla y no tengo el don de sanación para curarla de su enfermedad que la aflige, sea cual sea. También siento mucha pena por nuestro pueblo que ya perdió el don de llorar.