Sábado, 31 Diciembre, 2011 - 10:56

Cuellos

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Es lo más vulnerable en todos los mamíferos y donde los depredadores atacan. Metáfora perfecta de vida, por el cuello pasa todo: la comida, el aire, la sangre, los nervios y la columna vertebral. Además, angustia y angosto comparten raíz. El torso es la parte más angosta del cuerpo.



La polarización amigo- enemigo a la que se sometió a la sociedad durante ocho años y medio cobró como víctima el sentido común, tanto en los partidarios de la Presidenta como entre quienes la aborrecen. Con ojos cada vez más sesgados, ambos sectores ven sólo lo que quieren ver y van construyendo las condiciones de posibilidad de su misma autodestrucción.



La ley antiterrorismo es el mejor ejemplo. Primero, para los adversarios del Gobierno se trató de una amenaza a la libertad de prensa y a la de expresión en general. Luego, para Carta Abierta y las Madres de Plaza de Mayo, además de una concesión a las grandes potencias (en su tramo financiero), se trató de una amenaza para la protesta social.



Nunca antes fue más cierta aquella máxima de Marshall McLuhan sobre que el emisor es el mensaje. Si lo propone un aliado debe ser bueno, si lo promueve un adversario, debe ser malo. No se escucha qué se dice sino apenas quién lo dice. Puro significante, casi nada de significado.



Esa pérdida de equilibrio en el juicio de la realidad evoluciona en su devenir ampliando el abismo que separa las dos miradas infectadas de amor u odio. Es cierto que quienes se oponen al kirchnerismo han fracasado en sus pronósticos agoreros mucho más de lo que han acertado. Fundamentalmente aquellos que pronosticaron recurrentes crisis económicas terminales y falta de capacidad para gobernar. Confundir su deseo con lo probable los llevó al descrédito mientras que al Gobierno lo inflaba de aires de infalibilidad, soberbia y pensamiento mágico. A ambos les hizo muy mal aunque las consecuencias todavía estén por verse.



La operación de tiroides de la Presidenta descubre el velo de la fragilidad del proyecto kirchnerista. La delegación del mando en Boudou es una formalidad y nadie cree que el vicepresidente realmente vaya a conducir a los ministros y menos aun a algunos secretarios de Estado todavía más poderosos que varios ministros.



El vicepresidente siempre fue elegido para que no pudiera competir con el presidente pero el kirchnerismo, como en tantas otras prácticas, estiró al máximo ese concepto y eligió (o creyó elegir) a títeres que desde su perspectiva eran tragicómicos: un motonauta inexperto políticamente, un ingeniero hidráulico radical denostado por su partido y, ahora, un ex militante de la UCeDé. Ninguno provino de la tradición política ideológica de los Kirchner.



Allí no está el poder. Tampoco en el jefe de Gabinete, que es visto por los seniors como De Vido, Zannini o Moreno, asimilable a un peso liviano que no alcanza su categoría. Para peor, no es que los seniors compartan una lógica común y actúen en conjunto como un consejo de sabios sino que entre ellos se recelan o casi se enfrentan como De Vido y Moreno.



Los veinte días de licencia posoperatoria de la Presidenta ponen de relieve que no hay número dos en el Gobierno ni un delfín preparándose en lo real hacia 2015. Y por más que se quiera tapar el sol con la mano, el futuro invade el presente porque a la insustancialidad de Boudou y la autarquía de los seniors del Gabinete se agregan las disputas de poder con los juniors de La Cámpora, que sí tienen 2015 en su mira.



Lo que sucede en Santa Cruz es una señal de lo antropofágico que es el poder absoluto: el 83% de los legisladores de Santa Cruz –22 sobre 24– es kirchnerista pero aun así, o quizás por eso, terminan resolviendo sus disputas atacando a palos, piedras y botellazos la Legislatura provincial. La Cámpora, y dado que se trata de Río Gallegos bien podría decirse que es sinónimo de Máximo Kirchner, se opone al ajuste de la economía provincial que promueve el gobernador Peralta.



Pero no se trata sólo de un conflicto generacional entre los que están de ida y quienes en algún momento no lejano comenzarán a estar de vuelta. Es la economía del modelo que ingresa en un angostamiento. Un tercio de todas las provincias del país está instrumentando planes de ajuste (ver página 22) y las cuentas fiscales consolidadas de todas las provincias del tercer trimestre de 2011 indican que se encaminan a la misma situación fiscal de 2009, cuando la crisis mundial hizo que el producto bruto argentino fuera negativo, a pesar de que el Indec siempre lo registró positivo.



El problema de las provincias es el mismo del de muchas empresas con mano de obra intensiva. Por cómo se compone su menú de ingresos, son perdedoras en la carrera entre inflación y aumentos de sueldos. No es poco frecuente que el 80% del presupuesto de las provincias se destine a sueldos y jubilaciones, y si los primeros aumentan el 10% más que los ingresos durante varios años consecutivos es muy difícil escapar a un ajuste por mejor administrador que haya.



No hay que olvidar que la mayoría de las provincias no se puede endeudar porque nadie les presta, salvo el Estado nacional, ni puede apelar a cajas como la de la Anses o las ganancias del Banco Central.



Provincias apretadas financieramente son funcionales a un sistema de disciplinamiento político desde el kirchnerismo, pero el beneficio se puede convertir en enorme perjuicio si esas provincias se incendian y ya no queda a quién presionar. Es como con las deudas: pasado un punto, se invierte el orden y el deudor pasa a condicionar al acreedor. Lo mismo sucede con la concentración de poder: es buena hasta un punto en el que luego se comienza a morir por la soledad del éxito. El amo, la ama en este caso, no puede estar más que solo o sola.



Carta Abierta en su documento 11, que difundió anteayer, dijo que “no son aceptables las interpretaciones de este triunfo electoral como el resultado de un modelo de consumo y a la vez clientelar del tipo del que signó los años noventa” (...) “los argumentos simplistas de la gran prensa: voto conservador, el consumo, la oposición inexpresiva son velos que ocultan otros destellos resultantes de ocho años de continuidad que también sostuvieron el 54 por ciento”. En estos próximos cuatro años, si la economía no acompaña, se podrá comprobar si es así.



El diario brasileño Folha de São Paulo tituló “KKK” la asunción de Cristina Kirchner, por el tercer período K y sin buena intención por el Ku Klux Klan. Resistir tres períodos presidenciales consecutivos es mucho para la salud de cualquier grupo de personas e ideas. En ese desafío está embarcada Cristina Kirchner.
Fuente: 
Perfil.