Viernes, 30 Diciembre, 2011 - 12:43

Correo de nuestros lectores
Termina el 2011, Bienvenido el 2012

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Cada final es bueno para hacer un balance de lo sucedido durante el transcurso del tiempo, o por lo menos de sus hechos más trascendentes. El día a día y sus pasiones, no permiten la objetividad que sí permite el paso del tiempo. Y aunque un año no sea probablemente el lapso suficiente, de alguna manera nos permite una mirada diferente.

El 2011 comenzó con una muy esperanzadora, en términos de libertad, Primavera Árabe en plena ebullición. ¡Por fin! Una parte importante del mundo se había despertado, y enfrentado a quienes los oprimían en nombre de distintos designios, todos ellos humillantes para cualquier ser humano; generadores de sumisiones y de desigualdades inaceptables. No consiguió mucho aún esa Primavera Árabe, pero consiguió lo que tal vez sea trascendente: el germen de la rebeldía que no debe abandonar jamás ningún ser humano que se precie de ser digno. Una persona que no sea capaz de defender sus convicciones y sus derechos, es una persona sin dignidad. Cuando esta dignidad se pierde, o se la quitan, es muy difícil recuperarla. Cuando se vive sin dignidad, sometidos a las arbitrariedades de los poderosos, no hay legitimidad posible para ese régimen que lo permite.



Durante el transcurso del año, pudimos ver cómo, en otras geografías no tan lejanas, ni con regímenes tan extraños, hubieron otras voces que “Indignados” se hicieron escuchar como una muestra inicial de rebeldía, ante un mundo que cada vez es más injusto, violento y desigual.



Pudimos ver como en esas diferentes geografías, de norte a sur, de este a oeste, mientras el capitalismo mas salvaje y el socialismo mas “progresista” se peleaban por parecer mas populistas y democráticos, en un mundo de gobernantes y líderes corruptos, que tenía mucho para repartir, lo único que se repartían eran inequidades y sumisiones para quienes menos tienen, y más poder a quienes antes ya lo tenían. Poder que por otra parte ostentan humillante y sacrílegamente, frente a las necesidades de los desvalidos.



El mundo nos estaba mostrando con bastante nitidez sus inmoralidades, sus egoísmos, sus suciedades. Aparecían con más claridad, precisamente por los crecimientos sostenidos de las economías globales, que en vez del derrame prometido, habían derramado cada vez mas ambiciones desmedidas, destruyendo las pocas esperanzas de miles de millones, condenados a la pobreza y al olvido.



Llegamos a marzo algo aburridos, con noticias que podríamos haber leído cualquier dia del año o de otros años, salvo los títulos y las mayores o menores letras con que las presentaban, eran siempre parecidas, casi iguales.



En marzo llegó el horror desde Fukushima. Horror que nos conmovió profundamente, que nos hizo pensar en la necesidad de tomar los recaudos necesarios para preservar el medioambiente. Pronto, otros títulares, nos hicieron dejarlo en el pasado y en el olvido.



Nuestro país es parte del mundo. Lo es en todos sus aspectos, pero ni siquiera vale la pena hacer un recuento de los hechos importantes de este año. Mirando a la distancia, quién sabe si los tuvo. En realidad, creo que su principal protagonista fue la mentira, muy parecido a lo que acontecía en el resto del mundo. Tal vez, una de las diferencias con otros países, fue que como era un año muy cargado electoralmente, las mentiras fueron mayores, las promesas infinitas, la prosperidad y el bienestar serían para siempre. El gobierno decía que todos estábamos mejor y que lo seguiríamos estando. La sociedad decidió creerlo. La oposición se deshacía en críticas, mientras se olvidaba de sus propias ideologías, confundía con sus inesperadas e inexplicables alianzas de último momento, la sociedad le dió su veredicto.



Creo que hoy lo importante no es machacar con los Juliá, con quienes empezamos el año; ni con los Shocklender, ni con todas las críticas. No debemos abandonarlas, la lucha contra la corrupción, contra la inseguridad, contra el narcotráfico y contra todas las cosas que afectan a la sociedad, no deben abandonarse nunca, pero debemos ser conscientes de que la sociedad está cansada, quiere propuestas, quiere ideologías claras, quiere menos palabras y más actitudes ejemplares.



Creo que el gobierno también debe dejar de comparar la situación actual de nuestra economía, después de 9 años de crecimiento, con la peor crisis económica, social y política de los últimos 28 años de democracia, como fue la del 2001. No es demasiado mérito el estar mejor que entonces.



En política nada es definitivo, no lo son los triunfos ni las derrotas, tampoco los mejores aciertos ni las más terribles situaciones, nada es el fin, el mundo sigue andando. Y es cierto, hay muchos sacrificios que podrían evitarse, hay muchas necesidades urgentes que podrían atenderse si hubiera voluntad de hacerlo.



Es esa voluntad demostrada y demostrable la que se espera; es esa vocación de servicio y no la de servirse, la que necesitamos todos. Una voluntad que debe ir acompañada de respeto, de un sentido moral que se ha ido perdiendo y que es la principal de las crisis que padecemos; una voluntad acompañada de ideas y de ideologías nítidas, puestas al servicio de la gente y no de los dirigentes; ideas que marquen el rumbo propuesto, no sólo para el hoy o el mañana, un rumbo para las próximas décadas.



Las crisis no se solucionan con chicanas ni con estériles confrontaciones y enfrentamientos, se solucionan con el esfuerzo conjunto, con la manifiesta intención de solucionarlas. Para ello hace falta recuperar la mutua confianza, todos deberíamos sentir que están garantizados ampliamente los derechos y las garantías democráticas y republicanas. El gobierno debe entender que muchas de sus actitudes nos hacen dudar de sus verdaderas intenciones y que eso impide, muchas veces, acompañarlos en cosas que los podríamos acompañar.



El gobierno tiene su parte importantísima, la oposición tiene la suya. La democracia es la elección, pero también es el disenso, es la discusión amplia y respetuosa de las ideas. Tener visiones distintas no nos convierte en enemigos: pedir transparencia en los actos de gobierno , tampoco. Es función de la oposición el exigirla.



Pero los opositores no debemos olvidar que el principal papel que nos asignan la democracia y la república, es el de constituir una alternativa cierta.



En esta instancia no dediquemos todos nuestros esfuerzos a ver los errores de los gobernantes, dediquémolos a remozar nuestras estructuras, muchas veces anquilosadas y obsoletas, en manos de dirigentes que se creen dioses y hacen lo que se les ocurre, mediante el servicio de obsecuentes que viven a costillas de sus pequeñas ambiciones personales. Dediquémolos a construir ideología, a ser coherentes con los principios humanistas que declamamos. Después podremos hablar de candidaturas, después podremos hablar de alianzas. Primero las ideas, después veamos en qué y con quiénes coincidimos.



Las crisis son desafíos que generan posibilidades. Argentina y el mundo tienen esos desafíos y esas posibilidades por delante.



Que el 2012 sea bienvenido, de nosotros todos depende el hacer una Argentina y un mundo un poco mejores, mas humanitarios, con más y mejores valores.



(*) [email protected]