Jueves, 22 Diciembre, 2011 - 18:35

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La mujer quiere ser hombre

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Pero, al mismo tiempo, el hombre quiere ser mujer, pero hoy, por cuestión de orden, quiero orientar mí escrito en referencia al título porque entiendo que la asociación feminista en el mundo no tiene verdadera conciencia del significado de su propia realidad como mujer y, para acentuarla más, está saliendo de ella.

El atractivo más grande de la mujer es ser mujer, mejor y más grande escuela que enseña al hombre a ser verdadero hombre.



Si buscamos la igualdad muchas cosas se pierden al relativizarse cualidades y aptitudes propias y absolutas que hacen al hombre y a la mujer. Por ejemplo, si a los niños se les permitiera ser igual a los adultos, entonces se les enseñará a delinquir como adultos, a purgar penas como a ellos, sin tener en cuenta su madurez emocional, afectiva, mental, espiritual. Se les exigirá que carguen grandes pesos, más allá de su resistencia muscular y de sus huesos. Se les exigiría responsabilidad de adultos en todas las cuestiones sociales, cívicas y de gobierno, sin tener en cuenta su madurez para ello. Existen cualidades y aptitudes propias y absolutas que hacen al niño y al adulto. Entonces el niño se siente maltratado, abusado, exhibido, marginado, explotado, mientras el adulto comienza a vivir como un niño irresponsable. Mucho de esto ya ha ocurrido en el mundo, recordemos lo que ocurrió durante la Revolución Industrial y la desesperación de esos gobernantes y trabajadores que no podían encontrar la solución y tuvieron que recurrir a la Iglesia Católica de donde surge luego la Encíclica Papal “Rerum Novarum” en 1891 con al Papa León XIII. El pueblo desordenado, a través de su propio “orden mental y relativo”, se ha visto desbordado. Esta encíclica fue inspiración de Constituciones Nacionales y de Los Tratados Internacionales que se adhieren a la Constitución de los países del mundo. Debería relatar más de esto por haber muchas actualizaciones al respecto, pero hoy quiero pensar en la “igualdad de desiguales”.



¡Bendito sea Dios!, nuestro Señor, por haber marcado estas diferencias y desigualdades que hacen vivir “la magia” y la ilusión dentro de una misma realidad concreta y absoluta propia de su misma creación.



La debilidad física de la mujer frente al hombre exige al hombre a ser “caballero”. Hoy ya no se ve que un hombre ofrezca su asiento a una mujer, el hombre trata a la mujer como si ella fuese otro hombre. ¿Culpa del hombre o fruto de la conquista feminista? Aquí perdemos la magia y la ilusión dentro de una realidad concreta y absoluta. ¡Qué hermoso sería para el hombre encontrarse con una mujer!, poder galantear, sentir que es capaz de cuidarla y protegerla. Esto enseña al hombre a ser más responsable, le obliga a crecer y madurar. Le obliga al hombre a ser más fuerte, a soportar su cansancio. Le obliga al hombre a ser hombre.



La fortaleza del corazón femenino exige al hombre a refugiarse en ella. Notamos que cuando el hombre vive solo se abandona, no tiene para quién vivir. Todo el trabajo, la fuerza, imaginación, están en función de esa magia o ilusión de esa realidad concreta y absoluta que es la mujer. Existe un caso límite: “si el hombre no encuentra a la mujer podría llegar a inventarla”, pero no sería una mujer, no encontrará ese corazón femenino donde refugiar su hombría. Dejaría de ser hombre, viviría una ilusión por fuera de la realidad concreta y absoluta, no podrá jamás ser feliz.



El carácter maternal de la mujer arroja al hombre a sus brazos. El hombre tiene la habilidad de luchar en mundo abierto. Por naturaleza tiene una sicología y corazón que no le hieren las cosas que hieren a la sicología y corazón de las mujeres. El hombre es más fuerte en estas cosas, por eso lucha y vence en campo abierto. Es como ese león que da seguridad a su manada, también es como ese niño que busca en su mujer ese espíritu maternal que emerge del corazón femenino. Esto humaniza al hombre. El corazón maternal quita al hombre la animalidad que ha absorbido en su lucha trabajando en el mundo. El corazón maternal de una mujer hace al mundo más humano.



La belleza natural femenina arroja al hombre a sus pies. No hay nada mejor que contemplar la belleza, y nada peor que bastardearla. Solo el hombre torcido busca la fealdad, la oscuridad, el terror, el mal. El hombre derecho, por su propia naturaleza, busca a Dios desde siempre, lo vemos en antiguas civilizaciones. Dios también es belleza, y el corazón del hombre comienza a sentir paz cuando encuentra cosas bellas. La mujer es una bendición de Dios que atrae al hombre. La mujer es bendecida, de modo privilegiado, por Dios al poner en ella su belleza. La belleza de la mujer invita al hombre a conocerla interiormente, porque la belleza exterior es solo un anuncio de su belleza interior. La mujer deberá aprender a abrir las puertas a su interior, no genital, para que el hombre la conozca y sepa valorarla por sí misma y no solo por sus apariencias. Deberá educar al hombre a no bastardear su realidad de mujer.



La mujer es la escuela del hombre. Cuando el hombre comienza a ingresar en el interior de la mujer, no genital, sino a través de sus ojos, actitudes, gestos. Ingresar a su corazón, su espíritu, el hombre comienza a aprender muchas cosas de ella; encuentra cosas diferentes al hombre; encuentra lo que necesita del hombre e invita al hombre a conseguirlas, enseña al hombre a ser hombre. Por ello, la mujer no debe quedarse dormida; no debe querer parecerse al hombre, porque el hombre no encontraría en ella lo que busca.







De modo más universal diría que “la mujer es la tierra del hombre”



No existe en la creación ser que tenga más dones que la mujer. Es como la tierra donde germinan tantas cosas que seducen a todos los vivientes a contemplar las bellezas naturales que exhibe en tantos paisajes diferentes. Se llena de flores por una parte, flores sencillas y preciosas; arboledas por otra parte, ríos y cascadas. Alimentos y hierbas medicinales. La tierra es generosidad, signo de la mujer.



Aunque la maltrates, la tierra te va a dar todo de sí, te va a dar hasta que se muera, hasta quedar estéril.



El hombre es signo del agricultor, el agricultor cuida la tierra, ordena sus frutos, la fertiliza, la enaltece. No la pisotea, no la escupe, no la maltrata, no la esteriliza.



La tierra se muestra humilde, es humilde, hace parecer al agricultor merituoso y grande.



La mujer es la tierra del hombre, y el hombre es ese agricultor que ama a su tierra.



Por otro lado vemos que en la biblia, en el relato de la Creación, Dios ha creado primero todas las cosas y vivientes antes que al hombre. Crea al hombre y le muestra toda la creación y la somete a él. Le da el poder de ponerles nombre a cada cosa creada, luego, cuando se duerme, de su costilla crea a la mujer.



Interpreto que antes de crear a la mujer la ha presentado al hombre a través de toda la creación, para que el hombre se dé cuenta de su responsabilidad, de sus dones y de todo lo que significa su compañera.



Los hijos son sus frutos que desde la tierra con sus nutrientes y el agricultor les dan la vida, los educan y los hacen crecer rectamente para que sean fuertes y puedan dar buenos frutos.



Como último ejemplo pongo la mejor evidencia de todas



Luego del pecado original viene la purificación del Pueblo de Dios obteniendo como fruto a María, sin pecado original, inmaculada. En ella se encarna el Hijo de Dios, aparece la Sagrada Familia en Jesús, José y María. María permanece virgen, inmaculada, sin mancha, sin pecado, durante toda su vida. No anduvo levantando pancartas diciendo que es la “Madre de Dios”, sino que permaneció siempre humilde y en silencio. Luego de esto Dios mismo la coronó como Reina y Madre de toda la Creación.



Dentro de las criaturas, no hay nadie más importantes que la Virgen María. Humanamente, por ella la Iglesia es Santa.



En María, la mujer es lo más importante de la creación, entonces, ¿por qué la mujer busca ser igual al hombre?
Fuente: 
(*) Ingeniero. Charata, Chaco,