Miércoles, 21 Diciembre, 2011 - 11:30

Un vacío de identidad en la selección

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En las tres últimas temporadas desfilaron 160 futbolistas, un número que deja ver el deterioro del equipo nacional; sin un proyecto, se resquebrajó la imagen y creció el desprestigio.

A un equipo se le puede perdonar casi todo, menos que no tenga estilo. Las objeciones crecen cuando se trata de una selección. Y la Argentina ahí anda, arrastrando su vacío de identidad. En las tres últimas temporadas ya desfilaron 160 futbolistas, una cifra que por abusiva revela desorientación, distracciones e incapacidad. El número en sí mismo es el preámbulo para muchas explicaciones; desde él se puede auscultar un conjunto sin gestos reconocibles, sin una médula que lo motorice. Las sucesivas conducciones, desde Diego Maradona hasta Sergio Batista, y por ahora también con Alejandro Sabella, han alentado un carrusel de apellidos más que definir y defender una idea.



La Argentina hace tiempo que no consigue despejar los tembladerales. No estabiliza su juego ni sostiene una base, entonces los resultados coquetean entre alguna señal esperanzadora (victorias sobre Francia, Brasil, Portugal, Alemania y España) y bofetazos que entran en la historia (derrotas con Bolivia, Japón, Nigeria y Venezuela). El fenómeno, que invita al descrédito, responde a múltiples razones. Vale recorrerlas para intentar comprender por qué se agolpan tantos nombres y nunca se cristaliza un verdadero equipo.



1 Como nunca había ocurrido desde que en la década del 70 se refundó con César Luis Menotti la selección, en las últimas temporadas el cargo de entrenador pasó a estar en un jaque casi constante. A Alfio Basile lo sucedió Maradona; después del Mundial de Sudáfrica aterrizó Batista y tras la eliminación en los cuartos de final de la Copa América de este año se descabezó a Checho y se optó por Sabella. Por primera vez en su interminable obra de gobierno, Julio Grondona echó a un entrenador del seleccionado: afuera Batista. Tantas marchas y contramarchas enturbiaron los procesos, los contaminaron de rumores y urgencias. Si cada uno intentó bajar un concepto -payasesco en el caso de Maradona y frágil por el lado de Batista-, se encontró con que sus proyectos estuvieron aprisionados por la emergencia. Entrenadores de nula o dudosa capacidad, que luego fueron dejados sin respaldo por los mismos dirigentes que ya habían cometido el desatino de designarlos. Sin un conductor leal a una idea, el manoseo de nombres es un paso inevitable.



2 Más allá de que la mecánica de las designaciones haya recorrido senderos desprolijos, forzados y hasta en ocasiones sospechosos, a los jugadores les cabe una responsabilidad: casi nunca aprovecharon la oportunidad. Aunque el escenario no fuese el ideal, no se rebelaron para dejar una huella en la selección. Algunos pasaron como si se tratase de un homenaje en cercanías de su retiro y otros, apenas con la ilusión de contárselo mañana a sus nietos. Alguna vez debutaron en la selección Zanetti, Ayala, Batistuta, Caniggia y Simeone, por ejemplo, y ese instante se volvió una bisagra en sus carreras. En este caso apenas se apiñaron nombres sin apetito de reescribir la historia. Y de eso sólo ellos son los culpables.



3 La desorientación filosófica y la urgencia por los resultados nublaron a los entrenadores. Entonces, el debate entre los de acá y los de allá, lejos de aportar soluciones, amplió el abanico. Oleadas de jugadores, desde los consagrados hasta los casi desconocidos del exterior, pasando por el rastrillaje a través de los clubes grandes del fútbol criollo y también la búsqueda en los más pequeños del interior del país. Demasiados manotazos que nunca respondieron a un patrón. Ni a un proyecto.



4 La selección quedó rehén de factores externos y eso también resquebrajó su imagen. La empujó hacia el desprestigio. Utilizada por calendarios políticos y una agenda comercial vorazmente desbalanceada, la Argentina se acostumbró a afrontar un fixture que la expuso ante rivales entre amateurs e infantiles. La selección local se volvió una fuente de negocios y una devolución de favores al nivel de la política nacional y también para alinear votos puertas para adentro en la AFA. El músculo deportivo nunca impulsa a la versión criolla, en cambio ha sido una vidriera para que se muestren los sponsors y una enorme herramienta de penetración afectiva y popular para los dirigentes de distintos ámbitos. Para conformar de apuro los planteles que asumieron los ocho amistosos que se jugaron entre mayo de 2009 y mayo de 2011 (desde Cutral-Có hasta Santa Fe, de San Juan hasta Chaco), el desfile, la tómbola de jugadores, se volvió abrumadora.



Bucear por estas tres temporadas permite descubrir varias particularidades entre los 160 diferentes apellidos que al menos alguna vez tuvieron que presentarse en el predio de la AFA. Entre los 13 arqueros, 50 defensores, 68 volantes y 29 delanteros. Casos sin proyección como los de Esteban Fuertes y Ariel Ortega, y otros coloridos como el de Néstor Ortigoza, que poco después decidiría jugar por Paraguay. En el arco llegaron a figurar Federico Vilar (hoy en Monarcas Morelia, estaba en Atlante cuando lo llamó Maradona), Esteban Andrada (juvenil de Lanús) y hasta Damián Emiliano Martínez (ex Independiente, hoy tercer arquero de Arsenal en la Premier League). O defensores como Forlín, Muñoz y Goltz. Volantes como Cachete Morales, Vangioni u Olmedo. Y delanteros que muy pocos deben recordar que tuvieron un fugaz contacto con la selección, como Milton Caraglio, el Pulguita Rodríguez, Juan Pablo Pereyra, Bieler y José Sand.



Ni un club de amigos ni una sociedad de fomento ni un bien de familia. Un bordado de errores que condujo a la regresión. El número 160 es más que una cifra. Es una pieza basal para entender el progresivo deterioro que envolvió a la selección argentina.



FIGURITAS REPETIDAS



Mascherano, el jugador con más convocatorias




A lo largo de estos tres años, desde el debut del ciclo Maradona, en noviembre de 2008, la selección disputó 50 partidos, entre amistosos y oficiales, con 30 victorias, 8 empates y 12 derrotas. Los que más jugaron: Javier Mascherano (34), Lionel Messi (32), Ángel Di María (26), Sergio Romero (25), Nicolás Burdisso (24), Gonzalo Higuaín (22), Carlos Tevez (21) y Fernando Gago (17).
Fuente: 
canchallena