Domingo, 18 Diciembre, 2011 - 10:26

Totalidad e infinito

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La guerra es el fracaso de la ética. (Emmanuel Lévinas). Totalidad e infinito es el título de uno de los libros que más profundamente reflexionaron sobre la violencia que caracterizó al siglo XX y la falta de respeto hacia el otro que ella expresa.

Para su autor, el filósofo francés Emanuel Lévinas, la vulnerabilidad era una categoría ética de primer orden. Vulnerabilidad entendida como sentirse humano, expuesto, o sea saberse frágil y entonces poder abrirse al otro. Por el opuesto, Lévinas asociaba la invulnerabilidad al totalitarismo, al dictador, al que se cree intocable e ininterpelable.



Moyano y Cristina Kirchner asumen públicamente esa máscara: van por todo, hasta el infinito y sin retroceder nunca. También Néstor Kirchner.



Hay cierta similitud en aquel “¿Qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso?” con el discurso de asunción de Cristina Kirchner en el Congreso dedicado al sindicalismo “extorsionador” y mencionando la falta de derecho de huelga en el gobierno de Perón. Se podría sospechar que se trata de provocaciones que consiguen desquiciar al oponente. Tanto Clarín hace dos años como Moyano ahora entraron sin ninguna prudencia en la batalla. Faltan desenlaces para medir el resultado final porque es evidente que quien marcó la cancha y movió primero fue siempre el Gobierno.



Otra similitud, ahora entre Moyano y Cristina, es que ambos actúan como amos y no como representantes. Cuando hablan en público, tanto sea en la cancha de Huracán Moyano como en el Congreso la Presidenta, su audiencia no son las personas que están frente a ellos, quienes mayoritariamente aplauden y apoyan, sino otros, los que no están ahí, y generalmente son sus rivales. El público presente está delante del orador pero debería estar detrás, son la guardia pretoriana y su demostración de fuerza.



Moyano y la Presidenta no sólo se muestran más como amos que como representantes, sino que también se sienten originadores de una estirpe, mezclando lazos de sangre y familia en su vida profesional y exhibiéndose en los eventos principales escoltados por sus hijos: Moyano junto a Pablo y Facundo (el primero al terminar el acto de Huracán se sacó la remera y mostró el tatuaje que lleva en el pecho con la cara de su padre); y Cristina Kirchner escoltada en su asunción por Florencia y Máximo Kirchner, a quien despectivamente Moyano apodó “Mínimo”.



No sólo llamó “Mínimo” a Máximo sino que en su discurso acusó a toda La Cámpora de ser “chicos bien” que no aportan votos porque “no se equivoquen, del 54% que sacó la Presidenta, 50% son de los trabajadores”, y recordó que en los momentos difíciles de la 125 eran los trabajadores y no La Cámpora quienes hicieron las manifestaciones de apoyo al Gobierno.



Otro punto de unión entre la Presidenta y Moyano se encuentra en las encuestas: el porcentaje que Cristina Kirchner tiene de imagen positiva es muy similar al que Moyano tiene de imagen negativa. Una tiene los votos y el otro la capacidad de destrucción. Depende de cómo sea usada, cualquier herramienta puede vencer a la otra.



La marcha de la economía inclinará la suerte hacia uno o hacia el otro. La aprobación en Diputados del proyecto de modificación a la Ley Penal Tributaria asignándoles a las corridas cambiarias o “golpes de mercado” el carácter de terrorismo porque también se trata de “actos que aterrorizan a la población”, como los perros oledores de dólares que envió la AFIP a la salida de los Buquebus a Uruguay, indican preocupación.



Para el Gobierno, Moyano grita para negociar y no para ir a la guerra. Lo mismo piensa Moyano del discurso de la Presidenta sobre el sindicalismo en el Congreso. Se parecen a esos autos que se lanzan uno contra otro a ver quién tiene miedo y se corre del camino para esquivar al que viene en dirección contraria. Pueden terminar chocando, y chispas como el enfrentamiento de La Cámpora con la Policía Bonaerense en la asunción de Scioli disparar un encadenamiento de enfrentamientos.



Cristina Kirchner y Moyano, como en su momento fueron Néstor Kirchner y Magnetto, combaten por el reconocimiento en los términos en que Hegel definía su concepción del amo y el siervo. El amo se hace amo sólo porque no le teme a la muerte y es capaz de morir con tal de conseguir ese reconocimiento (Néstor Kirchner es ejemplo de esa disposición). Y el siervo se hace siervo porque, temiendo morir, finalmente acepta rendirse ante el amo.



Moyano le viene a decir a la Presidenta que para él ella no es tan fuerte como para todos los demás. Que su 54% no lo amedrenta como sí atemoriza a los empresarios. Y Cristina Kirchner le dice a Moyano que todo su poder sindical no la amedrenta como sí atemorizó a todos los otros presidentes democráticos que la precedieron. Se podría incluir a su propio marido porque la última discusión que Néstor Kirchner tuvo antes de morir fue con Moyano por no haber enviado congresales a la reunión del PJ bonaerense. Es muy simbólico que Moyano haya renunciado justo a ese mismo puesto.



Dijo también que el PJ es una cáscara vacía de peronismo. El PJ hoy le responde a la Presidenta. En la visión de Moyano, el partido es la cáscara; el movimiento, la clara, y el sindicalismo, la yema del peronismo. El kirchnerismo (cristinismo, a esta altura) modifica la fórmula y coloca a las organizaciones sociales como clara y La Cámpora más la juventud como yema. El día que asumió la Presidenta y dijo a las decenas de miles de personas que poblaban la Plaza de Mayo sin presencia sindical: “Ustedes también son trabajadores” rememoró la vez que en un acto de camioneros le dijo a Moyano: “Yo también soy trabajadora” después que el sindicalista pidiese un presidente trabajador como Lula.



El siglo XX fue el más violento de la historia de la humanidad, Lévinas propuso un reordenamiento de las categorías donde la ética es la yema desplazando hacia la cáscara y la clara la metafísica y la ontología. El decía: “Primero la ética, después la política”.



¿Corre riesgo Argentina de que regrese alguna forma de violencia similar a las divisiones del peronismo en los 70? El peligro crece cuando dos bandos con poder de destrucción reclaman ser el centro de la esfera (o la yema del huevo).



Hobbes, en su teoría del contrato social como forma de superación de la guerra de todos contra todos, explicaba que hasta el más fuerte puede ser matado por el más débil cuando duerme, o por la suma de suficiente cantidad de débiles.



Totalidad e infinito, dos dimensiones que tanto a Cristina Kirchner como a Moyano les resultan familiares.
Fuente: 
Perfil.