Lunes, 12 Diciembre, 2011 - 12:35

Correo de nuestros lectores
En blanco y negro

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Cobos cumplió hasta el ultimo minuto su función de Presidente del Senado así también como vicepresidente saliente. Recibió a la Presidente y al vice con toda su comitiva en la explanada del edificio y siguiendo el protocolo de rigor, abrió la sesión asistiendo al juramento de Boudou y de Cristina.

Sonrió y aplaudió el desarrollo de la asunción
y dejo su lugar
con respeto
y estoicismo luego de haber sido
abucheado, incluso ignorado
por
la misma Cristina, que le paso la mano al saludarlo pero mirando para otro lado.



Cobos se retiró sin escuchar el discurso, su tiempo había concluido.

Fue un vicepresidente ausente para
la Rosada, lugar que no pisó en tres años. Dicen que su oficina era un espacio olvidado del cuerpo arquitectónico, ya que se habían hecho reparaciones
en todo el edificio, pero a su despacho
que se le había caído el cielo raso, nunca lo repararon. Lo arreglarían el día que haya un vicepresidente, dijeron. Quizás ahora con Boudou recupere su estado funcional.



Si bien todo era distinto hace cuatro años cuando una Cristina vestida de blanco con donaire
juraba feliz junto a Cobos y recibía la banda y el bastón de su marido el ex presidente Kirchner. Hoy cuatro años después, con la ausencia de El, alejada de su vice desde aquella frase "mi voto no es positivo", y vestida de negro en riguroso luto
juraba "que Dios, la Patria y El se lo demande" y recibía la banda de su hija, rompiendo así con el protocolo, e ignorando a su ya ex vicepresidente con quien mantuvo
una fría indiferencia.

Mientras este equilibraba con señorío la compostura, la sonrisa, el semblante tranquilo y el respeto debido.



Ella con la fortaleza
que le dio la experiencia
de bailar con el poder a cuestas y con la soberbia por el apoyo popular que recibió, ante el resultado de las elecciones. Dijo "que gobierna para los 40 millones de argentinos y no para las corporaciones".Cobos con la satisfacción del deber cumplido a pesar de todo y
cargando con el peso del desprecio K, se fue en silencio.



Hoy su nombre es una mala palabra para el oficialismo, pero la historia lo reivindicará
como pasa siempre
con quienes cumplen con su deber sin medir las consecuencias.

A la larga el tiempo le dará la razón y la historia hará justicia.





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