Domingo, 11 Diciembre, 2011 - 10:26

CFK Vs. el PJ y la CGT
Será a todo o nada

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Cristina Fernández de Kirchner va a gobernar los próximos cuatro años contra el Partido Justicialista y la CGT. Si se confirma esta provocación intelectual escrita sin anestesia, los argentinos asistiremos al desafío político más formidable desde 1983.





Nuestro país será el escenario de la confrontación de poderes reales de mayor magnitud desde la recuperación democrática. Arriba del ring estará una mujer de fuertes convicciones (que no es “presidente de las corporaciones”) y de matriz peronista, con un respaldo electoral impresionante dando una batalla refundacional contra la ortodoxia pejotista y la corrupción corporativa sindical. Claro que no será un proceso lineal ni algo que ocurrirá de la noche a la mañana. Tal como viene pasando hasta ahora, las cabezas se irán cortando de a poco. Ayer hubo un par de mensajes claros: Daniel Scioli no fue enfocado ni una sola vez por la televisión K y para Hugo Moyano, quien brilló por su ausencia, fue el mensaje de que “hay derecho de huelga pero no de chantaje ni extorsión”.



Es una tarea titánica en la que la Presidenta deberá invertir mucha energía. Si logra vencer, su coraje la depositará para siempre en la historia, como la responsable de haber sepultado a la vieja política. Si es derrotada, será acusada de irresponsable y de haber dilapidado una extraordinaria acumulación de poder popular sin que la realidad se lo exigiera. “Es ahora o nunca”, dicen los autores intelectuales de esta movida. “El cristinismo sin el peronismo es el Frepaso”, dicen los que se oponen.



Cristina es consciente de que este combate renovador se llevará a cabo al mismo tiempo que las esquirlas del euro, el freno de Brasil y la incógnita de China pongan a prueba a nuestra economía. Pero cree que atravesar ese tsunami internacional sin afectar a los que menos tienen debe ser realizado simultáneamente con la instalación de una nueva generación de dirigentes. Es como un parto de mellizos. Son dos caras de la misma moneda.



Habrá marchas y contramarchas; avances y retrocesos, pero la Presidenta ya eligió el rumbo. Está convencida de que la supervivencia del modelo nacional y popular está ligada al exterminio de lo que Carta Abierta advirtió como “la restauración conservadora que viene de adentro”.



¿Cómo manejó los tiempos y las políticas de alianza hasta ahora? Con el pragmatismo que caracteriza a los Kirchner, Cristina se apoyó en los aparatos tradicionales del peronismo y los gremios pero nunca terminó de casarse con ellos. Usufructuó ese concubinato hasta que llegó a la cima. Con las encuestas acusando una imagen positiva altísima y una intención de voto cómodamente ganadora, la Presidenta inició la actual etapa de diferenciación (y de castigo) a los feos, sucios y malos que la habían acompañado por temor y necesidad.



A partir de ese momento, que podríamos ubicar temporalmente a la hora del armado de las listas, la Presidenta no hizo un solo gesto favorable ni al PJ ni a la CGT. Todo lo contrario. Sus decisiones más importantes fueron en contra. Algunos ejemplos: bajó de un plumazo de sus candidaturas a integrantes de la CGT del ala izquierda del moyanismo como Julio Piumato y Juan Carlos Schmid. Intervino en cada provincia para colocar jóvenes camporistas, en algunos casos desconocidos hasta para ella misma, en lugar de históricos dirigentes justicialistas. Impuso en la línea sucesoria a Amado Boudou y Beatriz Rojkés de Alperovich, dos recién llegados al partido de Perón que no tienen nada que ver ni culturalmente con ese líder. Arrojó casi al llano, lejos del poder real, a Aníbal Fernández, alguien que simboliza como pocos esa estética y ética del peronismo menemista, duhaldista y hasta kirchnerista. La construcción del cristinismo en la provincia de Buenos Aires, donde está la madre de todas las batallas, la hizo intervenir de manera brutal tanto en la Legislatura como en el gabinete de Scioli. Gabriel Mariotto, el vicegobernador que actúa como delegado de Cristina en el territorio, fue el instrumento utilizado para quedarse con el manejo del poder y la caja del Parlamento provincial. Siempre con el mismo objetivo: desplazar de los lugares claves a los hombres que responden al gobernador o a los intendentes caracterizados como dinosaurios.



Horacio Verbitsky y Nilda Garré realizaron un operativo de pinzas demasiado evidente para destituir al ministro Ricardo Casal, a quien Scioli defendió con uñas y dientes. Cristina ordenó una tregua durante la campaña pero ahora abrió nuevamente la temporada de caza. Casal, a esta altura, es mucho más que un hombre acusado por el cristinismo de haberle dado el poder absoluto a la policía bonaerense para fortalecer la corrupción, el gatillo fácil y las zonas liberadas. Hoy Casal es el límite de la autonomía del gobernador. Si lo entrega, para los intendentes será como darle definitivamente el manejo de la provincia a Cristina. Cada uno sabrá luego qué camino tomar y ante quién cuadrarse.



Las pocas designaciones ministeriales, en general, pero la de Juan Manuel Abal Medina, en particular, forman parte de esa misma estrategia anti PJ y CGT. Moyano tiene el olfato suficientemente desarrollado para advertirlo y por eso sus colaboradores difundieron una boleta electoral de la Alianza, en 2001, que mostraba a Juan Manuel y a Garré como candidatos cuando Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo eran los emblemas de esa etapa.



Esta batalla apasionante que se viene estará tapizada de cachetadas y besos entre ambos grupos. En algunos lugares y momentos, todavía se necesitan mutuamente. Pero los viejos peronistas y gremialistas saben que, más temprano que tarde, van a ser fumigados como maleza y que su única tabla de salvación son los gobernadores con votos propios como Scioli, Jorge Capitanich, José Manuel de la Sota y Juan Manuel Urtubey, entre otros que, nada casualmente, conforman con Moyano el quinteto titular del fantasma de la restauración conservadora.



En cada detalle aparece como telón de fondo esta lucha que Cristina está librando con cautela táctica y sin comer vidrio. Todavía todo es muy nuevo y ni siquiera están nítidamente expuestos los principales generales de cada bando. Ni los buenos ni los malos están de un solo lado. Hoy empezó a reacomodarse el rompecabezas del poder. La pregunta del millón es si los dirigentes que acompañan a Cristina en esta cruzada renovadora son en su mayoría más honestos y revolucionarios que los que se quiere desplazar. Porque Néstor Kirchner tenía las mismas virtudes y los mismos vicios que esos caudillos conservadores que ahora Cristina no puede ni ver. Es un camino lleno de peligros y acechanzas que Cristina está dispuesta a transitar. Lo que se viene es a todo o nada. Quien quiera oír que oiga.
Fuente: 
Perfil.