Domingo, 11 Diciembre, 2011 - 10:12

Lo que plantea Cristina
Modelo profundizado

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No hubo sorpresas. El “modelo” se ha profundizado. Por lo tanto, Guillermo Moreno habrá de tener más poder. La creación de la Secretaría de Comercio Exterior y su inserción en un ámbito similar al de la Secretaría de Comercio Interior, a los fines de combatir los males ocasionados por lo que la Presidenta definió como un “Estado bobo”, le han dado a este hombre, a quien Néstor Kirchner supo comparar con “Lassie”, una cuota extra de poder.

 Moreno habrá de ser, desde el punto de vista político, el ministro de Economía. Hernán Lorenzino, el nombre propuesto por Amado Boudou para desempeñar formalmente ese cargo, habrá de tener un rol fundamentalmente técnico y, por ende, secundario. Como no podía ser de otra manera, su designación cayó bien en Wall Street. Se entiende: Lorenzino abogó siempre por la necesidad de arreglar las cuentas con el Club de París. Lo mismo pretendió en su momento Martín Lousteau, el primer ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner, eyectado luego de su cargo por el conflicto con el campo.



Lorenzino tendrá que lidiar con las mismas trabas que padecieron sus antecesores. Sabe que, en los hechos, Moreno será su cancerbero que hará y deshará a gusto. Sabe también el flamante ministro que seguramente no tendrá el acceso directo a la Presidenta que sí tiene el secretario de Comercio. La continuidad de Moreno significa además el adiós a cualquier esperanza de normalización del IndeK. Allí todo habrá de continuar igual. Por lo tanto habrá que olvidarse de la necesidad de reconocer el problema de la inflación. De eso no se hablará. De hecho, en el discurso de ayer de la Presidenta el tópico estuvo absolutamente ausente. Lo malo no es que de eso no se hable, sino que al no hacerlo posibilidad de analizar el asunto seriamente se desvanece, por lo que las chances de encontrar una solución real y de fondo a este inquietante problema que afecta el bolsillo de todos los argentinos y que afecta la competitividad de la industria nacional se aleja.



Quien no habrá de tener un horizonte despejado es Daniel Scioli. En estos días se lanzó sobre él la aplicación de un verdadero movimiento de pinzas. Por un lado, y de la mano del nuevo vicegobernador Gabriel Mariotto, La Cámpora, es decir Cristina Fernández de Kirchner, buscará manejarle la Legislatura bonaerense. La Cámpora, además de ser una agencia de colocaciones, ahora ha agregado a sus tareas la de ser una fuerza de choque del Gobierno. La agresividad expuesta por sus integrantes en los actos de asunción de los nuevos legisladores, tanto en el Congreso de la Nación como en el de la provincia de Buenos Aires, no deja ninguna duda al respecto.



La otra cara de esta embestida contra Scioli la expuso con singular dureza la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré. Sus críticas a la gestión en el área de la seguridad bonaerense no fueron dirigidas sólo a quien la conduce, Ricardo Casal, sino al mismísimo gobernador. Garré estuvo en lo cierto cuando insistió en denunciar los fenómenos de corrupción policial que aún se verifican en la órbita de la Policía de la provincia de Buenos Aires, y cuando, además, expresó que eso era consecuencia de haber dejado de lado las reformas implementadas por el ex ministro León Carlos Arslanian, le apuntó directamente a Scioli.



Está claro que Scioli no es el delfín del cristinismo y que desde las filas K han comenzado a trabajar sin perder un minuto para cerrarle el paso a sus ambiciones presidenciales. Habrá que ver cómo responde el gobernador. El sabe que esta es su única oportunidad para aspirar a la Presidencia de la Nación en el 2015, ya que ningún otro cargo le dará el peso político necesario para lanzarse a esa empresa.



Hugo Moyano no estuvo en la Asamblea Legislativa. El sí al derecho de huelga y el no al chantaje y a la extorsión del que habló la Presidenta en su discurso tuvo al secretario general de la CGT como destinatario directo y demostró, a su vez, que el conflicto de Aerolíneas Argentinas todavía la irrita. “Si esto lo hubiera dicho Macri le habríamos pegado hasta el día del juicio final”, reconoció un legislador oficialista que imploró por la reserva de su nombre. Allí pues hay una tensión no resuelta y seguramente habrá que esperar hasta el acto de los camioneros del próximo jueves para conocer la respuesta de Moyano.



El otro enemigo declarado de la Presidenta habrá de seguir siendo la prensa independiente. La mención de la Ley de Servicios Audiosvisuales, instrumento con el que el Gobierno viene armando un extendido multimedios oficial y paraoficial, y la descalificación a todo lo que se lee en letras de molde, habla de lo que vendrá.



El discurso de ayer de la Presidenta fue una pieza oratoria de una calidad sensiblemente inferior a aquella otra con la que impactó hace cuatro años al inaugurar su primer mandato. Fue este una especie de discurso comentado, en el que Fernández de Kirchner amenizó los pocos anuncios que hizo acerca de su futura gestión, con una reivindicación no sólo de su acción de gobierno sino también de su actuación legislativa a modo de reivindicación de su coherencia. En pos de hacer declaraciones, hubiera sido interesante conocer los nombres de aquellos líderes sindicales que le pidieron votar la ley de flexibilización laboral de Erman González. Como siempre ocurre, olvidó mencionar que, junto con su esposo, supo apoyar muchas otras medidas de aquel gobierno del hoy devenido kirchnerista Carlos Menem. Por lo demás, las cifras de la economía que mencionó no reflejan las acechanzas que deberá sortear el así llamado “modelo”.



Estuvo bien cuando tomó la decisión de respetar la Constitución Nacional que estipula que le correspondía a Julio Cobos encabezar la Asamblea Legislativa ante la que se produjo la jura de la reelecta Presidenta y su vice. Evitó así un incidente institucional que hubiera creado un ruido innecesario en una ceremonia siempre trascendente.



Al jurar la Constitución, la Presidenta se comprometió a “afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

La Presidenta juró por Dios, la Patria y por “El”, en alusión a su esposo, dando así un paso más en la construcción del mito de Néstor Kirchner, lo cual es producto de un culto a la personalidad como no se veía desde los años 50. Es esta es una verdadera regresión histórica que nos trae reminiscencia de una pasado que no debemos ni podemos repetir, porque a lo argentinos el pasado nos divide.



Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.