Domingo, 11 Diciembre, 2011 - 10:05

La "nueva" gestión de CFK
Ya sin guía ni tutela

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Empieza hoy lo que no había terminado. Y, según piensa la protagonista, en el esplendor político, con más poder que antes. Sea para la restauración o la revolución, un dilema semántico aún insoluble por defender a Juan Manuel de Rosas al mismo tiempo que a la juventud de la patria socialista.

Sea cual sea el término, lo cierto es que airosa emprende Cristina otra gestión, satisfecha por haber salvado una crisis –la corrida del dólar– que fue peor, a su entender, en el orden interno, a la l25 del primer año de su mandato. En lo personal, sin guía ni tutela. Pero también sin compañía. Debe sentirse un piloto de competición que, al mirar por el espejo retrovisor, no encuentra a nadie que la amenace. Ni los ve ni los conoce. Más: hasta aseguran que aumentó sus diferencias con ellos desde que ganó con 54% de los votos. Pero, también aseguran, la gente cambió sus preocupaciones: ahora atiende la inflación, el desempleo, las carencias por eventuales cierres de fábricas. Y como todos los pilotos de competición, va a tanta velocidad que no sabe lo que hay detrás de las próximas curvas. Por lo tanto, el obstáculo no será un adversario, sí la contingencia. Como lo demostró Boca Juniors.



Tanto dominio y hegemonía se evaporó en un instante. Eran oficialistas, se calzaban la camiseta de Ella con la azul y oro, ganaron el campeonato el mismo día de los comicios, las dos barras bravas los apoyaban, el héroe de la república xeneize estaba a su favor (Riquelme), sepultaron a otros aspirantes molestos en la sumatoria final, llegaron adhesiones como nunca antes de las intendencias bonaerenses (se multiplicó por más de dos la presencia electoral), todo el Gobierno se empeñó en una campaña que no sólo perseguía ocupar el club más importante, sino también defenestrar cualquier secuela de Mauricio Macri. Y, por si fuera poco para este “relato” ganador, el candidato a vencer –que resultó al final triunfante, Daniel Angelici– en plena campaña se disminuyó en silencio por dos percances cardíacos intimidantes. Aun así, ni con estas ventajas presuntamente invencibles, los tres Carlos de confianza de Cristina (Zannini, Tomada y Kunkel) pudieron acercarse en el resultado final. Perdieron. En ocasiones, ventajas y poder no garantizan el triunfo.



El papelón oficialista en el fútbol de la Ribera se ocultó con el anuncio de los tres módicos ascensos en el Gabinete y la ceremonia de hoy. Se tapará aún más con otro proceso evidente de purificación: “Profundizar el modelo” o “vamos por todo o todos” son consignas operativas que también empezaron antes de la reasunción. Tanto que la lista negra está escrita. Pueden alternar la primera línea, pero Hugo Moyano y Daniel Scioli integran con Clarín –y algún otro medio o periodista– esa hilera de condenados. Son las rémoras a
de-salojar.



Para algunos, antes de fin de año habrá un golpe contrario a los intereses del grupo que preside Héctor Magnetto. Nadie arriesga comentarios, pero hasta hay temblores en La Nación. Por su parte, en la CGT se amontonan en previsión: aspiran a una “ayuda empresaria” de $ 1.200 a $ 2 mil para los trabajadores antes de la paritaria de marzo. En el medio, escaramuzas: el Día del Camionero y sus festejos, la renovación de la violencia oral entre La Cámpora y los gremialistas, la disputa por las obras sociales, pedidos congelados de los sindicatos y, sobre todo, la negativa oficial a convalidar un aumento del 32% en el gremio de los trabajadores rurales. ¿Desde cuándo el Gobierno puede impedir un acuerdo celebrado entre empresarios y organizaciones del trabajo? Parece una advertencia o un tope para el futuro. No parece que el entuerto se resuelva con buena voluntad. Como se ve, no es sólo Moyano la discordia.



El tercero en el rubro de los apartados es Scioli. Los más afiebrados se imaginan una réplica del putsch que en los 70 liquidó al médico Oscar Bidegain por parte de su vice, el gremialista Victorio Calabró. Y con apoyo de la Casa Rosada. En este caso, con una ideología invertida: Bidegain respondía a Montoneros y Calabró a la línea peronista opuesta. Otros, más cautos, sospechan en un proceso menos traumático: creen en un vaciamiento del poder sciolista, ya esmerilado antes de asumir, primero en el tema seguridad y luego en la estantería judicial.



Hasta sonó a siniestra burla que la ministra Nilda Garré le reclame a Scioli tomar las riendas de la policía. Interpretaciones aparte, negocios inclusive (como la participación de ciertos estudios jurídicos en la tarea de civilizar la cuestionada policía), inquieta una derivación: que los poco eficientes uniformados de hoy se transformen en aliados de intendentes poco escrupulosos, como sucede en México. Lo cierto es que unos pugnan por el eslogan verbitskyano “andate Scioli, la p... que te p...”, mientras el gobernador se resigna a las sevicias confiando en su buena suerte y convertirse, con el paso del tiempo, en el candidato indeseable de Cristina, en el sucesor ineludible. Cada uno, con la especulación que desee.



Merecen una mirada los ascensos ministeriales. Poco se espera de Hernán Lorenzino, menos gravitante en apariencia que el discreto Carlos Fernández en tiempos de Néstor. Ni siquiera es un economista todoterreno. Más bien encaja para tramitar cuestiones bancarias. Finalmente, es un abogado. Julio de Vido y Guillermo Moreno, aunque tampoco son economistas, serán los dilectos consejeros de la Presidenta en la cuestión macro y micro del área. Como hasta ahora. Uno, para explicarle el apresurado curso de la poda de subsidios. El otro, polifacético, para intervenir en cuanta inundación aparezca. Sea para frenar importaciones o para sacudir empresarios de conducta dudosa, según él, como el de un laboratorio de doble apellido que acompañó a CFK a Cannes. Le reprochó al personaje que, por un lado, alababa la gestión y, por el otro, compraba dólares a mansalva. No fue al único que intimidó últimamente, para disfrute de la mandataria.



La suba de Lorenzino indicaría otra novedad: levanta las acciones de Amado Boudou, ya que se había precipitado al fango por una leyenda urbana sobre desgrabaciones íntimas e incómodas. También el ascenso de Juan Manuel Abal Medina consolida al desde hoy número dos del Gobierno: operaban juntos a pesar de que compitieron por la vicepresidencia. A menos que la designación cambie la personalidad, nadie se imagina una revolución por la llegada de Abal: siempre ha sido colaborador asistente para sugerir, insinuar, comentar, sea de Chacho Alvarez, Aníbal Ibarra, Alberto Fernández, Sergio Massa, Néstor Kirchner o Cristina (dicen que Ella lo asumió primero que El y luego se lo derivó).



Debe observarse un detalle: ambos hicieron sus posgrados en universidades privadas (la Di Tella para Lorenzino, y un enjuage poco explicable de Flacso, Georgestown y México para Abal). Curiosa circunstancia entre estos ahora entusiastas del Estado: la Di Tella nunca podría reconocerse dirigista y en el embrollo universitario que educó a Abal Medina, Flacso se proclama progresista pero la norteamericana se inclinó por los republicanos, reaccionaria si debiera calificarla un kirchnerista. Algo así como Boudou y el Cema, las sorprendentes fuentes en las que también abreva Cristina.
Fuente: 
Perfil.