Sábado, 10 Diciembre, 2011 - 20:42

Análisis periodístico
Cristina dio el puntapié inicial al tercer periodo K, con un discurso más conservador que progresista

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Probablemente, la presidenta de la Nación no quiera saber nada con el conservadurismo más duro ni desde lo ideológico ni desde la imagen que pretende dar como gobernante, pero así sonó su mensaje frente a la Asamblea Legislativa.

El de Cristina Fernández pareció ser el discurso de un líder conservador que se repliega sobre sí mismo y que se aferra al pasado para reforzar las líneas de un gobierno cuyo progresismo se ha ido agotando por las dificultades objetivas de su propia herencia, a las que ahora deberán sumarse las de un mundo que viaja en la montaña rusa.



Bajo la advocación permanente a Néstor Kirchner, la Presidenta trazó un balance de la gestión compartida y puso en la línea de fuego los indicadores y los temas que a su juicio resultaron ser el motor de los últimos ocho años y medio, de lo que llamó "un modelo virtuoso de política económica".



Sería ilógico en política que alguien se regodeara con sus tropiezos y seguramente por ese motivo barrió debajo de la alfombra a la inflación, la inseguridad, la energía, los subsidios y al gasto público.



Quedó muy en claro que Cristina está convencida de que la gestión K ha sido por demás exitosa y entonces para qué cambiar, mejor profundizar, se planteó.



Pero, además, la Presidenta volvió a definir lo que ha sido una marca de fábrica de los dos gobiernos anteriores: nadie hace planes en el kirchnerismo más que para la coyuntura. Por eso, en el universo de la sintonía fina que propuso hacia adelante, ha quedado claro que nada le impedirá seguir expandiendo el gasto y la emisión, seguir viviendo con lo nuestro o seguir inflando el consumo como hasta ahora, pero también no caben dudas que ella sabe muy bien que si lo hace deberá soportar otros trastornos que le van a pegar de lleno en la línea de flotación: más inflación y menos crecimiento, menor competitividad, más desempleo, peor distribución del ingreso y mayor pobreza.



A partir de estas apreciaciones sobre el futuro se abren dos senderos para la interpretación: ¿la Presidenta es sincera, profundizará el modelo y nada cambiará de verdad o será fiel al tradicional pragmatismo peronista y de ahora en más se dirá que todo sigue igual mientras varían las formas y se acomoda el fondo para no caer en esos males indeseables?



Si hubiera que arriesgar un camino, algo bien difícil de hacer ante lo ambigua que es la lógica del kirchnerismo, habría que apostar una fichas a la segunda opción, al modo de que está en marcha una fase ortodoxa de la heterodoxia gubernamental, sobre todo después de haber escuchado decir a Cristina "seré cualquier cosa, menos boba".



En la misma línea de ser consecuente con el modelo, un Carlos Menem en su apogeo se hubiera decidido por más mercado, menos regulaciones, más apertura y más servicios, para atraer capitales y seguir endeudándose. El ex presidente ha dicho alguna vez que si hubiera avisado lo que se venía no lo hubieran votado. Ahora, Cristina se ha definido por más industrialismo, más Estado y mayores controles de todo tipo, aún a costa de ahuyentar al capital.



También se recuerdan las palabras de su esposo: 2miren lo que hago, no lo que digo". En tren de especular, fue también muy conservadora, al estilo caudillesco, la arenga de afirmación de autoridad, para que se sepa bien quién manda puertas para adentro del Frente para la Victoria, concepto que dejó de lado cualquier referencia a la palabra diálogo, elemento que tampoco incluyó a otros sectores por fuera del propio espacio. "He ordenado", explicó para abundar que eso no era autoritarismo, ya que "yo siempre viví en un país donde los presidentes elegidos por el voto popular daban órdenes a los ministros".



En verdad, en este discurso no se esperaban grandes definiciones de la Presidenta, pero la falta de precisiones ostensibles hacia el futuro, salvo dos o tres pinceladas que no son meramente de color sobre nuevas dependencias burocráticas (secretaría de Comercio Exterior y subsecretaría de la Competitividad) y algunas manifestaciones sobre los adversarios elegidos para confrontar (las corporaciones, los medios y la CGT de Hugo Moyano) han dejado igualmente alguna tela para cortar.



En este punto, hay que detenerse justamente en Moyano, que es el único adversario de fuste en la arena política que le ha quedado a Cristina, después de haber pulverizado a los partidos en octubre. El líder de la CGT no asistió a ningún acto oficial, pero su sombra sobrevoló en el Congreso, sobre todo porque la creación de la nueva subsecretaría de la Competitividad algo deberá decir sobre el costo del factor empleo, prioridad gubernamental para comenzar a desindexar la economía.



La idea gubernamental es reducir la pretensión de los gremios que no haya techo salarial para 2012, trabajando sector por sector, con un compromiso de los formadores de precios para evitar subas que superen ese tope. De algún modo, se le sacará al ministerio de Trabajo la carga de laudar en esos menesteres, para bajar a una oficina técnica la decisión de armar un paquete donde se complemente de modo tripartito los salarios con otros elementos, como el tipo de cambio, las distorsiones impositivas, la inversión y la innovación.



Varios lobbistas de algunas cámaras empresarias han salido en masa a festejar esta novedad gubernamental, pero seguramente se les ha pasado algo que la Presidenta marcó como una de las atribuciones asociadas a la nueva dependencia: "la competititivad exigirá que examinemos en forma conjunta utilidades y rentabilidades para hacerlas acorde a los estándares internacionales. Esto no significa, como se dijo por ahí ninguna ley", dijo Cristina, como una forma de avanzar en la distribución de ganancias empresarias sin seguir el proyecto moyanista de Héctor Recalde que ya había rechazado en la Conferencia Industrial.



Como contrapeso, y para desarmar a Moyano a la distancia, esta vez la Presidenta le obsequió con un par de chicanas, aún a riesgo de ponerse en la vereda de enfrente del peronismo: "los que reivindican a Perón y nos critican a nosotros", fue a fondo Cristina cuando recordó como al pasar que en tiempos del caudillo justicialista no había huelgas porque no se le animaban. Entonces, frente a Facundo Moyano, sentado en la banca de diputado lograda en octubre, les recordó a los sindicalistas que en su Administración "hay derecho de huelga, no de chantaje ni de extorsión".



El otro organismo que cambiará de órbita es el área de Comercio Exterior que actualmente está en la Cancillería y que pasará funcionalmente a ser parte del ministerio de Economía, aunque probablemente lejos del nuevo ministro, Hernán Lorenzino. Tal como lo presentó la Presidenta, ésta sería una dependencia aparte de Comercio Interior, área que maneja Guillermo Moreno, pero al decir que "son dos caras de la misma moneda" y que "no puede estar dividida", nada impediría que se unifiquen ambas bajo su incumbencia.



Igualmente, el leal funcionario al que se entroniza ya tomaba decisiones sobre exportaciones e importaciones y tanto impedía los ROE para exportar trigo, como las compras al exterior o pedía compensaciones de venta de vinos para permitir la importación de autos. En un punto del discurso, la Presidenta solicitó a los ministerios que "se articulen" ya que "la falta de conexión muchas veces y de armonización entre las propias áreas del Estado, nos convierte en un Estado bobo".



Es evidente que la Presidenta ha notado que a veces las medidas gubernamentales parecen aisladas, lo que podría ser o bien una instrucción al nuevo Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien cumple el rol de ministro coordinador o una crítica a su antecesor, en una apelación que pareció no tomar en cuenta para nada el modo radial de conducción que prefieren los Kirchner, sin hacer reuniones entre ministros o aún la decisión tomada en su momento de saltar a un número alto de colaboradores.



En este aspecto, la conformación del nuevo gabinete con mínimos cambios abona también la teoría de seguir conservadoramente en el rumbo prefijado para mantener así lo conseguido, ya que sólo incluyó tres cambios obligados en la grilla, los nombrados Lorenzino y Abal Medina, más el nuevo ministro de Agricultura, Norberto Yahuar.



En tren de marcar posibles fuerzas que se le opongan, la Presidenta hizo referencias elípticas a la prensa, sobre todo al ponderar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual como un bastión de la "pluralidad" y al señalar que leer los diarios todos los días le resultaba un "ejercicio militante". La Ley de Medios está hoy frenada parcialmente en sus artículos por medidas cautelares interpuestas por las empresas periodísticas que esperan la resolución de los jueces sobre la constitucionalidad de algunos de sus artículos.



Por último, cuando Cristina repasó las leyes que a pedido del Ejecutivo se podrán tratar en Extraordinarias no nombró la que podría declarar de "utilidad pública" la fabricación y comercialización del papel para diarios, lo que no sólo sería expropiar las acciones que los diarios Clarín y La Nación tienen en Papel Prensa, sino una directa intromisión del Estado en los contenidos de los medios gráficos, en contra de lo que manda el artículo 32 de la Constitución Nacional cuando se refiere al no dictado de leyes "que restrinjan la libertad de imprenta".



Quizás adónde más se explayó la Presidenta fue en cuestiones económicas, ya que se refirió puntualmente a "las cinco corridas cambiarias", al nivel de Reservas y al "desendeudamiento" que graficó en valores muy bajos respecto al PIB. Para Cristina, haber quedado fuera del mundo hizo que esta crisis global no impacte en la Argentina fue "una bendición", dijo y se mostró orgullosa porque el endeudamiento de hoy es entre dependencias del sector público, entre ellas –no lo mencionó- el dinero de los jubilados depositado en la ANSeS.



En tanto, sobre la cuestión cambiaria fue muy inteligente el modo de presentar el volumen de Reservas, aunque sólo la referencia sirva para saber con cuánto se pudo haber contado (U$S 88,7 mil millones) si no se hubiera pagado deuda y si no hubiese habido una fuga de casi 16 mil millones de dólares.



"Nos querían obligar a devaluar o a fijar marcas en la cancha", señaló la Presidenta cuando se refirió a las corridas contra el peso, "que las corporaciones hicieron creyendo que este gobierno iba a ceder". Este duro mazazo a las grandes empresas sobre las que también actuó el polifacético Moreno, no tomó en cuenta en el enunciado que el último Informe del BCRA señalaba que el aumento de la demanda neta de dólares se explicó "básicamente por las mayores compras netas de billetes en moneda extranjera, especialmente por parte de la franja de ahorristas de montos menores".



Quizás por no decirlo con todas las letras, Cristina mandó un mensaje cuando solicitó que "no escupamos el cielo", ya que "esta cosa que nos pasa muchas veces a los argentinos que cuando empezamos a mejorar, es como que empezamos a hacer cosas para volver para atrás" y de paso criticó a muchos integrantes de ese 54% que se le han dado vuelta con el bolsillo.
Fuente: 
(*) Periodista de DyN