Viernes, 9 Diciembre, 2011 - 09:13

Correo de nuestros lectores
Verdades, mentiras y esperanzas

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El año electoral ha pasado con una nutrida agenda de elecciones. Una agenda electoral que ha llegado a saturar a los habitantes de nuestra tierra. Miles de palabras se han dicho y escrito en pos de ganar o de posicionarse mejor en los resultados.

Quienes buscaban ser reelectos, tanto en los municipios como en las provincias o en la nación, mostraban las maravillas de sus gestiones anteriores y hacían promesas sobre lo que harían en caso de ser reelectos, los opositores los criticaban y hacían algunas que otras promesas de cambio y mejoras. Quienes consiguieron ser reelectos deberán ahora demostrar, en los hechos, si dijeron mentiras o verdades. Se harán merecedores de todos los halagos por sus aciertos y no tendrán a nadie a quien echar las culpas de sus errores. La única verdad será la realidad. En esta situación estarán intendentes, gobernadores, la misma Presidente de la Nación.



Quienes perdieron, en cambio, deberán aprovechar este tiempò para reacomodarse después de la derrota. En muchos casos, más que derrota, deberíamos llamarlo “enorme papelón”



Triunfadores y derrotados deberán actuar con responsabilidad. Los triunfadores deberán hacer las cosas sabiendo que serán los únicos “culpables” de sus aciertos y de sus errores, pasados, presentes y futuros.



Los partidos de la oposición en tanto, deberán actuar como tales, pero deben hacerlo responsablemente, deberán marcar las diferencias, con las pasiones y los entusiasmos necesarios, pero sin poner palos en la rueda. Ser opositor en una democracia, no es simplemente el facilismo de la crítica, ser opositor significa el ser capaz de constituirse en alternativa cierta, coherente, imaginativo y capaz, para el momento en que la ciudadanía reclame cambios.



Ser opositor es ayudar a los oficialismos a que acierten y den las mejores respuestas posibles a la gente. De una vereda o de la otra, el objetivo de la política siempre debe ser el conseguir un mayor bienestar para todos. No lo digo como mera teoría, ni tampoco como un idealista tonto, incapaz de



reconocer que nuestra historia política nos ha mostrado exactamente lo contrario. Hasta ahora conocimos prácticas que han dado muy buenos resultados y debemos abandonarlas, definitivamente, por ese mismo motivo, por esos resultados. Tienen el problema que han sido prácticas corruptas que han dado excelentes resultados para una corporación política que se ha ido alejando cada vez mas de sus principios e ideologías, de la gente, de sus necesidades, de sus angustias cotidianas, mientras se acercaba muy desvergonzada y únicamente a la satisfacción de sus propias apetencias.



Ser opositor no es gritar críticas por los medios, y mientras tanto arreglar negocios, puestos y conveniencias por debajo de la mesa. Eso no se llama ser opositor ni se llama hacer política, eso se llama indignidad de sinvergüenzas. Es indignidad de ambas partes.



También son igualmente indignos sinvergüenzas aquellos travestidos políticos que cambian de posiciones como de ropa, según sus conveniencias. Un dia son durísmos opositores y al siguiente fanáticos oficialistas, o a la inversa. Ellos no necesitan siquiera de ponerse un poco de rubor en sus mejillas para disimular sus vergonzantes y “siempre justificadas” y poco creibles transformaciones.



Ser opositor decía, es constituirse en alternativa cierta, es tener una cierta uniformidad en las respuestas que la sociedad espera a los problemas que la aquejan. Una sociedad que necesita de un oficialismo responsable y democrático, que actúe respetando lo que dice, generando reglas claras para la democracia, para la producción, para la salud, para la educación, para el trabajo, para la justicia, para todos. Un oficialismo que respete a rajatablas el sistema republicano, a sus instituciones, a su necesaria división de poderes, a la claridad de las cuentas públicas y de todos los actos de gobierno.



Un oficialismo que sea capaz de generar la confianza necesaria en quienes lo votaron y entre quienes no lo votaron; entre los que apoyan su accionar y en quienes no están de acuerdo. Un oficialismo que no tome al gobierno como coto de caza y de amiguismos o de revanchismos. Fueron elegidos para gobernar en cada uno de los estamentos, no fueron elegidos para que ubiquen a sus familiares y a sus amigos a costillas del resto, ni tampoco para que utilicen el poder obtenido, a través de la democracia, para desvirtuarla y vaciarla de contenido, mediante artilugios y triquiñuelas que los beneficien en su afán de perpetuarse.



Los ciudadanos debemos aprender a ser cada vez mas críticos y exigentes, con quienes elegimos, y con quienes eligieron otros, para que nos representen política o institucionalmente. Nadie debe sentirse mas importante, ni con mas derechos que cualquiera, por el sólo hecho de haber sido elegido para ocupar algún cargo dirigencial político o gubernamental.



Muchos se han creído que al ser elegidos pueden hacer lo que se les ocurra, eso pasa en los partidos políticos y en los diversos órganos de gobierno. Cada uno, individual y colectivamente, debe hacer todas las autocríticas y correcciones que sean necesarias. Hay muchas cosas que estuvieron mal antes y continúan estando mal, muy mal. Hay mucha gente que pasa enormes penurias, muchas de las cuales podrían y deberían ser aliviadas. La corrupción existe y a nadie parece importarle. “Roban pero hacen” dicen o piensan muchos.



Nuestro pais está inmerso en una gigantesca crisis mundial, pero también tiene sus propias crisis políticas y económicas que solucionar. Todos debemos ser parte comprometida en su solución, no debe importarnos en esta instancia si los responsables de esa crisis son otros, la crisis nos afecta a todos y la superaremos entre todos, o no la solucionará nadie.



El primero de los remedios para solucionarla no pasa por la política ni por la economía, el primero de esos remedios es el moral, que fue también la primera de sus pérdidas, la mas dolorosa, la mas difícil de reconstruir.



Algunos tal vez piensen que estoy diciendo estas cosas desde mi partidismo radical y para criticar al oficialismo kirchnerista. No se equivoquen, soy muy radical pero no soy ciego. Aquí todos debemos deponer sectarismos y enfrentamientos que no hacen más que dividirnos y segmentar nuestras luchas contra el verdadero enemigo que es la inequidad social. Por supuesto que tengo muchas diferencias con el kirchnerismo, pero el problema no son mis diferencias con ellos, en todo caso creo que debemos aceptar nuestras distintas posiciones, sin alentar las desconfianzas mutuas que nos impiden, tal vez, trabajar juntos en las posibles coincidencias.



Es indispensable modificar la política, los partidos, convertirlos en inclusivos, democráticos. Todos los partidos, desde el oficialismo hasta el más pequeño partido de la oposición requiere de cambios profundos que permitan que la gente sea protagonista. Es necesarios dotarlos de las herramientas normativas que garanticen esa democratización hacia adentro y hacia afuera. Y cada partido deberá también crear instrumentos internos de debate técnico e ideológico, que permitan que se los identifique por el lugar ético e ideológico donde se encuentran. Los personalismos, con sus grupos de ciegas obsecuencias, han opacado a las ideologías y, muchas veces, han humillado a los principios.



Nadie debe rehuir sus responsabilidades, nadie debe renunciar a sus ideas ni a sus convicciones, nadie debe dejar de expresar sus críticas honestas y nadie tampoco debe escapar de su responsabilidad de apoyar lo que se hace bien, sea quien sea el que lo haga.



Estamos en medio de una crisis enorme, pero también estamos en medio de un cambio de períodos gubernamentales. Cambios en los que sería muy interesante y útil, que cada uno de los gobernantes que asuman, tracen un camino de pacificación y de reencuentros.



Si gobernantes y gobernados somos capaces de ir dando señales de que todos estamos buscando esos reencuentros, si respetamos nuestras diferencias y comenzamos a percibir la posibilidad de sentirnos nuevamente hermanos en busca de un destino mejor, si conseguimos brindarnos mutuas garantías del buen funcionamiento de las instituciones democráticas y republicanas, estaremos iniciando el camino que nos debemos, superando crisis y construyendo auténticas esperanzas.





(*)[email protected]