Domingo, 4 Diciembre, 2011 - 10:00

Subsidios e historia

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“Si se alcanza a comprender la estructura, se podrá predecir todo lo que el hombre podrá hacer.” Lévi-Strauss. Viéndolo bien, hay una estructura común en la polémica sobre el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico y la discusión por la reducción de subsidios, sobre si son un ajuste o una redistribución del gasto.





En ambos casos, el Gobierno persigue el mismo fin: entusiasmar. Con un pasado más épico o con un futuro más agradable, pero inflando siempre el presente.



El entusiasmo no sólo es una herramienta política sino también económica. Si la gente cree que la economía empeorará, las posibilidades de que suceda son mayores. Salvo en Alemania, donde Angela Merkel pronosticó anteayer “años de dificultades”, normalmente los gobernantes disimulan lo malo.



Al igual que en el caso del revisionismo histórico, tampoco con los subsidios se está discutiendo el presente sino, en este caso, el futuro. Podría ser que, después de recortarse los subsidios a los más ricos, el gasto público de 2012 terminara no bajando respecto de su previsión en el Presupuesto Nacional, como promete Boudou, y no necesariamente significar que el gasto público real no haya disminuido si la inflación fuera mayor que la prevista en ese presupuesto, lo que vino sucediendo todos los años por subprevisión inflacionaria. El mismo gasto público en términos absolutos, pero menor en términos reales, y en proporción al Producto Bruto del país. O sea, mentir sin mentir.



También podría ser que al terminar 2012 el Estado haya mantenido el gasto público real, o sea el gasto de 2011 más la inflación real de 2012, y también el porcentaje del Producto Bruto. En ese caso no habría logrado mejorar sus cuentas fiscales ni bajado la inflación.



Quienes interpretan la baja de los subsidios como un ajuste y no un redireccionamiento de costos parten de la lógica de que las cuentas públicas precisan ser mejoradas y el Gobierno persigue ese fin. En 2005 los subsidios representaron menos del 1% del Producto Bruto y en 2011, cerca de 5%, equivalente a 16 mil millones de dólares. En 2012 al Estado le podrán faltar hasta 10 mil millones de dólares, dependiendo de lo que pueda obtener de ganancias del Banco Central o préstamos del Banco Nación o la Anses. Por lo que falte, se endeudará o ahorrará de alguna parte.



Quienes creen que parte de ese ahorro terminará viniendo de la reducción de los subsidios suman como argumento que el Gobierno ya los hubiera reducido bastante antes si se tratara de redistribuir recursos desde los que más ganan hacia los que menos ganan para dinamizar la economía, dado que las personas de menos recursos dedican al consumo proporcionalmente más sobre sus ingresos que los que tienen capacidad de ahorro. Y asocian que los anuncios sobre la reducción de los subsidios hayan comenzado después de las elecciones –siempre que verdaderamente no terminan incluyendo a las personas de menores ingresos– con que los sectores de bajos recursos hubieran votado por el kirchnerismo casi en cualquier contexto, pero para alcanzar el 54,11% en las elecciones de octubre fue necesario conquistar a la clase media. Que ahora ya votó.



Son conjeturas para tratar de descubrir los fines. Pero que sea ajuste o distribución de gastos dependerá de otras medidas que trascienden el subsidio mismo. Sobre lo que finalmente se discute es sobre el futuro: ¿el Gobierno enfriará la economía porque la bola de crecimiento del gasto público por arriba de la inflación genera más inflación y ya comienzan a ser mayores los perjuicios que los beneficios? Sobre esta premisa es que se asocian los anuncios de los recortes de subsidios con el acercamiento a la Unión Industrial, el alejamiento de Moyano y una propuesta de base de aumentos salariales para 2012 del 18% promedio y no de 24%, como fue el año 2011.



O sea, se lee la reducción de subsidios como parte de un paquete de medidas más clásicas que restablezcan el equilibrio macroeconómico, lo que no se puede hacer sin costos ni sin que nadie lo pague. Y aunque lo paguen en mayor proporción quienes más tienen, también eso afectará en alguna medida a los que menos tienen porque están interrelacionados económicamente con los primeros.



Es tan indiscutible que la crisis económica europea agrega otro factor de enfriamiento como que quienes no simpatizan con el Gobierno tienden a construir una mirada pesimista del contexto económico para poder ser ellos mismos optimistas con su posición política. Lo mismo les sucede a los kirchneristas en sentido contrario, y minimizan cualquier pronóstico negativo por convicción ideológica.



Otra manifestación de la necesidad de quien gobierna de levantar el ánimo social, y levantárselo a sí mismo, se observó cuando Cristina Kirchner hizo dos comparaciones histórico-geográficas: al responder cómo imagina la Argentina del futuro, dijo como Alemania; los menemistas en pleno furor primermundista fueron más modestos, decían que Brasil sería como Alemania y Argentina aspiraba a ser como Francia.



Y hace pocos días, la Presidenta agregó que la diferencia del desarrollo entre Estados Unidos y Argentina se debe a que en Estados Unidos ganaron la Guerra de Secesión los del norte y en Argentina, Urquiza venció a Rosas. Estados Unidos tiene cuatro veces más territorio que Argentina, siete veces más población, y está ubicado en el hemisferio norte, lo que es una gran ventaja en términos de comercio y comunicación.



Aquí se anuda nuevamente la estructura idéntica de la controversia sobre el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico con las polémicas económicas sobre subsidios, dólar, inflación y enfriamiento o no de la economía. Donde Moreno, Boudou o De Vido se condensan imaginariamente con Dorrego o Rosas, quienes luchan por el país y tienen como principales oponentes a quienes no quieren que la patria se engrandezca. Por esa condensación, si los equivalentes del presente de los enemigos de Dorrego y Rosas son hoy mucho más fáciles de vencer porque están más débiles, sólo nos puede esperar un futuro promisorio.



El kirchnerismo ha superado airoso todos los pronósticos económicos negativos que se fueron presentando, pero su principal problema es el éxito. Creerse para sí el optimismo que precisa vender para generar entusiasmo. La alegría es un factor económico así como la tristeza deprime la acción. Pero, al igual que con la inflación, todo es una cuestión de medida. La virtud siempre es medida.
Fuente: 
Perfil.