Domingo, 4 Diciembre, 2011 - 09:55

Doble discurso K
Un pluralismo muy singular

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

“Se trata de cambiar, no de destruir; se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades sin anularlas”. Néstor Kirchner, discurso de asunción, 25/5/2003.





“Creo que esta gestión ha dado muestras suficientes de que no se ha reparado en cuál era el origen partidario o ideológico del gobernador o del intendente. Creemos en la transformación, en el hacer y en el trabajar y hemos fructificado uniéndonos a hombres y mujeres de distinta pertenencia partidaria con un solo objetivo: cumplir con el mandato popular. No nos votan para que nos peleemos entre nosotros”.

Cristina Fernández de Kirchner, discurso de asunción, 10/12/2007.



“El pluralismo de Cristina se extiende a todos los gobernadores. La Presidenta no diferencia a nadie respecto de sus signos políticos”.

Gobernador del Chaco, Jorge Capitanich.



El pluralismo de Cristina termina en la pared: al Gobierno le tomó una semana inventar un reglamento del Poder Legislativo para que fuera la esposa del gobernador de Tucumán quien le transmita la banda presidencial en su segundo mandato, en lugar de quien fuera su compañero de fórmula, el (¿actual?) vicepresidente Julio Cobos.



—Yo no quiero tenerlo cerca –se quejó el futuro vice y vecino concheto de Puerto Madero, Amado Boudou.

—Al boxeador vapuleado no lo podemos seguir hasta el vestuario para seguir pegándole –afirmó el diputado ultra K Carlos Kunkel.



La figura de Cobos volvió de improviso a los diarios: ya casi nadie recordaba que entre tanta política declamada de buena vecindad, el Gobierno se había peleado con su vecino más cercano. El calificativo de “traidor”que alguna vez había enarbolado “El”, en medio de un extemporáneo recuerdo sobre los “comandos civiles”, volvió a salir a la luz. ¿Cuál fue, entonces, el “delito” de Cobos? Opinar distinto. Para ser exactos: opinar distinto sobre la aplicación de un impuesto.



Aquella opinión dio por tierra el “Cristina, Cobos y vos”, la transversalidad, la horizontalidad y la verticalidad: nadie puede opinar distinto, si lo hace es un traidor.

—Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco. Mi voto no es positivo, mi voto es en contra –fueron sus famous last words.



Muchos pensamos, en aquel momento, que Cobos debería haber resignado su cargo. Cobos no. Prefirió quedarse y ejercer una especie de resistencia pasiva, como Bartleby, el escribiente, aquel personaje de Melville que lograba una revolución sólo diciendo “preferiría no hacerlo”. Pero Cobos no era el autor de Moby Dick y el niño mimado por la prensa terminó perdido en las páginas de remates judiciales y la intrincada madeja de la interna radical.



Lo que parecía una diferencia ante la coyuntura, se abrió hasta transformarse en una grieta que no sólo ponía en duda el declamado pluralismo oficial, sino también su liviandad a la hora de las alianzas electorales. ¿Hablaron poco? ¿No sabían de las diferencias? ¿Esperaban que Cobos simplemente obedeciera? El mendocino recorrió el camino de socio a Anticristo, confiado en que llegaría su momento. Pero la máquina de picar carne lo trituró.



El Gobierno instalaba desde entonces el pluralismo obediente, con la figura de Sabbatella como espejo: disidentes que llevan a Cristina en la foto del afiche. Ni el ascendente gobernador de Santa Fe puede acercarse: Binner comete el delito de pensar solo.



El setentismo descafeinado de Puerto Madero y Calafate vuelve a cometer el mismo error: pensar que la democracia es sólo un medio para llegar al poder. Son ellos los que tienen razón y enemigos quienes los contradicen.



Beatriz Rojkés de Alperovich es sólo una extra: la presidenta provisional del Senado y esposa del gobernador de Tucumán, que declaró una fortuna de $ 20 millones en 2010 (300% más que en 2006), estará en la ceremonia de traspaso de mando por una cuestión de protocolo: en realidad, Cristina querría ponerse la corona ella misma. Un singular caso de pluralismo.
Fuente: 
Perfil.