Domingo, 4 Diciembre, 2011 - 09:34

El Estado bajo la lupa

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Es bien sabido que una porción importante de los subsidios a los servicios públicos beneficiaron a sectores que no lo necesitan, pero nadie había cuantificado la magnitud del despilfarro que el Gobierno ha cometido y recién ahora comienza a corregir.

 Un extraordinario trabajo que acaban de publicar Jorge Gaggero y Darío Rossignolo le pone números al asunto: el 26,4 de los subsidios a la electricidad y el gas favorecen al 10 por ciento más rico y el 16,2 por ciento al 10 por ciento que le sigue, con lo cual el 42,6 por ciento beneficia a los dos deciles de mayores ingresos; en la otra punta, el 20 por ciento de la población de menores ingresos recibe apenas el 6,4 por ciento.



La investigación de los dos economistas del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefidar) es realmente monumental, como se desprende del hecho de que las cifras mencionadas sobre los subsidios, si bien muy interesantes, constituyen datos menores del trabajo. El documento de más de cien páginas se titula “Impacto del Presupuesto sobre la Equidad” y, como su denominación indica, muestra cómo a través del gasto público y del cobro de impuestos el Estado modificó el reparto de la torta que surgió de la actividad económica en el año 2010.



La conclusión global es que la intervención del Estado atenúa considerablemente las desigualdades que resultan de la economía. Puesto en términos técnicos, el documento muestra cómo el gasto y los impuestos logran que la distribución secundaria del ingreso sea más equitativa que la distribución primaria. Considerando el índice Gini (un indicador que toma valores entre 0 y 1: vale 0 en el caso hipotético de que el ingreso se reparte igualitariamente, y 1 cuando en el extremo opuesto una persona se queda con todo), la acción del Estado lo reduce de 0,479 a 0,288. Una reducción muy significativa.



Más allá de esa conclusión global positiva, en los resultados parciales se observan luces pero también grandes sombras sobre el impacto del Estado en la equidad. Uno de los puntos oscuros es claramente el de los subsidios.



Pero a pesar de la regresividad de los subsidios a la luz y el gas, es el gasto público agregado el que mejora la equidad distributiva. Su efecto sobre el índice Gini lo reduce de 0,479 a 0,324. Es decir que es responsable del grueso de la caída.



Sucede que la mayoría de los rubros del gasto público tienen un sesgo redistributivo claramente progresivo. Por ejemplo, el 44,2 por ciento de los gastos en atención pública de salud benefician al 20 por ciento de la población de menores ingresos, mientras que los dos deciles de mayores ingresos reciben sólo el 4,1 por ciento. Es una desproporción lógica, ya que se supone que en esa área el Estado debe asistir mucho más a los pobres que a los ricos.



Algo similar, aunque más atenuado, ocurre con el gasto público en vivienda: 36 por ciento se destina a los dos deciles de abajo y 8 por ciento a los dos de arriba.



Al revés, con los gastos en transporte sucede algo similar que con los subsidios. Los autores calcularon que el 37,8 por ciento beneficia al 20 por ciento más rico y sólo el 6,2 por ciento al 20 por ciento más pobre. Obviamente, en esa regresividad influyen que los subsidios sean “para todos”.

De un gasto total de 645.000 millones de pesos en 2010, los autores calcularon que los deciles 1 y 2 (los de abajo) recibieron el 9,8 y el 9,3 por ciento, respectivamente, mientras que a los deciles 9 y 10 les correspondió 11 y 15,2 por ciento. Hay que aclarar que si bien la franja de mayores ingresos recibió más dinero que la de menores ingresos, el impacto sobre la distribución del ingreso es progresivo porque los de abajo reciben más gasto en proporción a sus ingresos primarios que los de arriba.



A diferencia del gasto, el impacto de los impuestos sobre la equidad distributiva es menor; casi ínfima: el índice Gini baja de 0,479 a 0,469. Esto revela que la estructura tributaria tiene un sesgo progresivo muy exiguo.



Resulta determinante de lo anterior que el impuesto más importante, el IVA, tenga características regresivas, tal como se desprende de la siguiente comparación: el decil más bajo recibe el 1,24 por ciento de la distribución primaria y paga el 1,8 por ciento de lo que se recauda de IVA, es decir, paga proporcionalmente más; por el contrario, el decil más rico participa con el 37,1 por ciento de la distribución primaria y contribuye con el 31,5 por ciento del IVA, o sea contribuye en menor proporción a su porción en el ingreso.



Distinto es lo que sucede con Ganancias, un impuesto claramente progresivo. El 10 por ciento de menores ingresos aporta el 0,7 por ciento del total mientras que el 10 por ciento de mayores ingresos contribuye con el 59 por ciento.



Para el conjunto de los impuestos se observa que el decil de abajo (que concentra el 1,24 por ciento de la distribución primaria) tributa el 1,36 por ciento del total, y el que le sigue (2,5 por ciento de la distribución primaria) contribuye con el 2,74 por ciento del total. En el otro extremo el decil más rico (recibe el 37,1 de la distribución primaria) soporta el 38,4 por ciento de los impuestos.



De lo anterior surge que, si bien los impuestos reducen muy poquito el índice Gini (que toma en cuenta los diez deciles), cuando se analiza los deciles extremos se advierte que el sistema tributario es incluso levemente regresivo, ya que grava proporcionalmente más a los pobres que a los ricos. Otra manera de verlo es comparando la presión tributaria por decil: los deciles 1 y 2 pagan de impuestos el 49,67 y el 49,55 por ciento respectivamente de sus ingresos primarios, mientras que los deciles 9 y 10 abonan 44,95 y 47 por ciento, respectivamente.



No hay una única manera de evaluar la eficacia de la acción estatal, pero una de las más relevantes es lo que hicieron Gaggero y Rossignolo. Aunque con reparos, el Estado aprueba el examen en materia de gasto. Pero se lleva previa Impuestos. Una de las grandes asignaturas pendientes del kirchnerismo.
Fuente: 
InfoNews.