Sábado, 3 Diciembre, 2011 - 20:38

Panorama Laboral
De los pétalos a las espinas

El peronismo, en cualquiera de sus variantes históricas y con sus distintas denominaciones (ortodoxo, renovador, menemismo, kirchnerismo, cristinismo) nunca pudo evitar lo que aparece como una contradicción medular: la demanda sindical surgida de sus propias entrañas.

En los momentos de aromados pétalos (triunfalismo y abundancia), hay caricias y arrullos por doquier. En las épocas de espinas (necesidades y ajustes), vuelan los mandobles y aparecen los conflictos. 



Desde que el kirchnerismo accedió al poder, en 2003, hubo una etapa de romance, donde especialmente Hugo Moyano, aliado con Néstor Kirchner, se hizo del comando de la CGT, sacó las mejores tajadas y las compartió con sus compañeros.



También hizo y deshizo para repartir el resto entre otros no tan amigos, quienes, si bien al principio aceptaron a regañadientes las condiciones impuestas por imperio de esa realidad política, terminaron abandonando la nave insignia y abonando sus propias relaciones con el Gobierno y sus allegados. 



Luego, sin Kirchner y con la presidenta Cristina Fernández concentrando todo el poder, la estrella de Moyano fue perdiendo brillo y muchos de sus colegas -aquellos rivales- aprovecharon para acercarse al calor gubernamental impulsando un deseo de la Casa Rosada: expulsar al camionero del centro del escenario gremial. 



Pero ahora, con la primera mandataria reinstalada por cuatro años más en el sillón principal de Balcarce 50, llegó la etapa de hacer nuevos agujeros en los cinturones.

Y la administración cristinista, mientras diseña y ejecuta distintas acciones de ajuste, ha decidido extender su avance sobre el universo gremial, ampliando aquella inicial "preferencia" por sacar del medio a Moyano. 



En estos meses el Gobierno no ha dado ninguna respuesta a las demandas de actualización del mínimo no imponible para la aplicación del Impuesto a las Ganancias; no ha reformulado el esquema de asignaciones familiares; ha ignorado el proyecto que propugna el reparto de utilidades de las empresas y no ha cubierto la deuda con las obras sociales que reclaman los sindicatos. 



Vale abrir un paréntesis en este tramo: estas reclamaciones estuvieron y están permanentemente en boca de Moyano, pero ahora se han sumado otros sectores que hasta no hace mucho embestían al camionero. 



Las diferencias entre unos y otros en el mundo sindical siguen siendo explícitas. Solo basta con repasar lo ocurrido en la última reunión del consejo directivo de la CGT que lidera Moyano, a la que volvieron a faltar los grupos de los "gordos" y los autollamados "independientes".

Pero si bien no fueron a ese encuentro -donde el líder y sus compañeros de ruta fueron duros con el Gobierno y reiteraron sus exigencias- algunos de los otros, tanto de manera pública como en forma privada, dejaron trascender que podría haber una especie de "unidad en la acción". 



Esa fue también una figura a la que recurrieron en más de una ocasión en su historia para justificar que, si bien no podían en lo inmediato volver a estar todos sentados a una misma mesa, los pesares comunes los obligaban a comulgar en una misma ceremonia.

Ahora hay posibilidades concretas de que ello ocurra. Hasta varios de los dirigentes cegetistas considerados "K" e incluso "ultra K" ya están mostrando las garras y se rebelan a algunas intenciones del oficialismo, como establecer techos en las negociaciones salariales.

Y eso es solo una parte del principio, ya que la última jugada gubernamental fue establecer mediante un decreto una equiparación, en varios aspectos, entre las prestadoras de salud prepagas y las obras sociales sindicales. 



Hay diversos puntos de discordia, pero entre otros figuran las condiciones para prestaciones diferenciales que brindan las obras sociales gremiales. Y se especula con que también podría imponerse una carga impositiva similar a la de las prepagas a esos planes complementarios que ofrecen los sindicatos. 



Además, a partir de esa medida, surgió la certeza de que el Gobierno, vía la Superintendencia de Servicios de Salud, tendrá mayor injerencia entonces en el sistema que históricamente fue el corazón del poder de los gremios. 



Esta reformulación de la relación Gobierno-sindicatos se está dando en una etapa caliente, cual es la víspera de la reapertura de las negociaciones paritarias, ya que se está prácticamente a solo un trimestre de esas discusiones. 



Debate que, además de la inflación pasada -que ya se devoró los aumentos anteriores- tendrá el picante ingrediente de un eventual agravamiento del costo de vida en 2012 a partir del efecto que innegablemente tendrá en los precios la quita de los subsidios a los servicios públicos, amén de la inmediata consecuencia directa de esa medida en los bolsillos de los millones de ciudadanos que pagan periódicamente electricidad, gas, agua y transporte. 



Indudablemente se viene un período en el que las partes en pugna deberán practicar un ingente malabarismo si quieren evitar el conflicto, toda vez que tras los perfumados pétalos están creciendo las espinas.
Fuente: 
DyN