Domingo, 27 Noviembre, 2011 - 10:24

El gobierno, en problemas
Postales del ajuste

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Guillermo Moreno se mostró exultante. “Ustedes mucho CEMA y mucha universidad, pero tuve que venir yo para poner el dólar a 4,80”, les enrostró a Amado Boudou y a Mercedes Marcó del Pont a modo de reproche por la ineficacia exhibida por ambos para contener la fuga de divisas que complica al Gobierno, a los bancos y al país.

 En verdad, hay que decir que lo único que logró Moreno con sus bravuconadas fue paralizar la plaza cambiaria y asustar a la gente, que sigue retirando sus depósitos en dólares. La única respuesta de los bancos ha sido el aumento de la tasa de interés, lo que hace imposible el acceso al crédito. Por su parte, los gerentes de las empresas multinacionales siguen recibiendo llamadas telefónicas de distintos funcionarios –desde ministros a secretarios de Estado– pidiéndoles “amablemente” que por favor no envíen los dólares de sus utilidades a sus casas matrices hasta la segunda semana de diciembre, momento en el cual se espera con gran avidez la entrada de divisas de las exportaciones de granos. De más está decir que todas las empresas han respondido positivamente a tan “gentil” solicitud.



A su vez, y tal como se anticipó en esta columna, las casas cambiarias ya están recibiendo la visita intimidatoria de los “doce apóstoles de Moreno”. Ante tanto protagonismo de este personaje que disfruta de llevar adelante todas estas acciones, ¿alguien puede pensar seriamente que la Presidenta vaya a prescindir de sus servicios?



A propósito de este asunto, se supone que Cristina Fernández de Kirchner aprovechará este fin de semana largo que pasa en El Calafate para definir la integración de su futuro gabinete, asunto acerca del que nadie en el Gobierno sabe nada. “La Presidenta tiene los nombres in mente retentis y eso pone nerviosos a aquellos ministros que no tienen futuro fuera del gabinete”, comenta alguien que sabe lo que pasa en los pasillos del poder. “No sabemos nada, ¿y vos?”, responde y pregunta un colaborador estrecho de uno de los ministros que aspira a seguir. Otra vez el estilo monárquico de la Presidenta.



Claro que hay cosas más complejas que esas. Una de ellas es Aerolíneas Argentinas, cuyo presente atraviesa una zona de turbulencia severa. El duro discurso presidencial en la inauguración de un viejo hangar ya inaugurado –el kirchnerismo hace estas cosas que otros también hicieron– fue la culminación de una semana de mucho enojo en el poder, que había comenzado con el anuncio hecho por el ministro de Planificación, Julio De Vido, acerca de la reducción de las rutas internacionales no rentables que vuela AA. La medida fue la respuesta a un insostenible y creciente déficit que muestran los números de la compañía desde que fuera renacionalizada. Lo que el Gobierno no explicó es por qué recién se dio cuenta de esa novedad una vez que se perdieron varios miles de millones de pesos. Lo que tampoco se explicó fue por qué, unos pocos días antes, el ratificado presidente de la compañía, Mariano Recalde, había anunciado que “Aerolíneas es hoy rentable para la Argentina”.

En su discurso del jueves, la Presidenta, enojada, habló de gremios que boicotean a AA. Los dueños de Marsans se quejaban de lo mismo en aquellos días de conflictividad dentro de la línea aérea de bandera que fueron claves para que el Gobierno decidiera su renacionalización.



La realidad gremial de Aerolíneas es compleja. Hay gremios más afines al Gobierno que son muy críticos de la conducción que sobre la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA) ejerce Ricardo Cirielli. Pero hay que recordar que Cirielli fue funcionario del Gobierno durante la administración de Néstor Kirchner y que como tal ha mantenido algún lazo de contacto con De Vido, quien también es crítico de la gestión de Recalde & Cía. La verdad es que el anuncio de reducción de rutas internacionales fue el reconocimiento de un fracaso de gestión.



En ese discurso quedó claro que para la Presidenta entregar a Recalde era una derrota de ella misma ante los gremios a los que, a su vez, les avisó que de seguir así AA puede dejar de existir. Para muchos, la frase trajo reminiscencias de aquella otra tristemente célebre pronunciada por Carlos Menem: “Ramal que para, ramal que cierra”. Además, tal vez sea éste el caso testigo que ilustra sobre las disputas por venir entre La Cámpora y la CGT. En la central obrera, por su parte, ya han hecho saber que están dispuestos a dar pelea. “Las opiniones de Moyano son las del Consejo Directivo de la CGT”, expresó Jorge Lobais, jefe de los textiles, al reconocer la tensión entre la conducción gremial y el Gobierno. El que está tratando de mediar allí es De Vido, hasta ahora sin éxito.



Donde las cosas son distintas es en la relación del Gobierno con los sectores empresariales. Se vive ahí una especie de idilio. Tras el alivio que produjo el “no” presidencial al proyecto de ley de reparto de ganancias entre patrones y trabajadores, escuchar a Cristina hablar de la inflación produjo una cuasi conmoción. ¿Un milagro? No, el impacto de la realidad. De una manera brusca la Presidenta se ha anoticiado de que a las fuerzas de los hechos no se las puede frenar con ningún decreto. El déficit fiscal existe y es la madre de todos estos problemas. Superávit fiscal, desendeudamiento y dólar calmo fueron los pilares esenciales de gobernabilidad sobre los que pivoteó el gobierno de Kirchner. Hoy hay déficit fiscal, endeudamiento y fuga de dólares. Es decir, las bases del kirchnerismo están idas. Por eso la urgencia con la que se ha debido tomar la decisión de quitar los subsidios de gas, agua y electricidad a vastos sectores de las clases media, media alta y alta, medida de incuestionable sensatez. Lo que nadie quiere explicar es por qué se demoró tanto en adoptar esta resolución. La causa fue una sola: las elecciones.



Para esta situación el diccionario de la real academia kirchnerista de la lengua utiliza la palabra “reacomodamiento”. En verdad, de lo que se trata es de un severo ajuste que golpeará el bolsillo de muchos ciudadanos. Esta es la postal de la Argentina que viene.



Producción periodística: Guido Baistrocchi
Fuente: 
Perfil.