Domingo, 20 Noviembre, 2011 - 17:45

La Defensa de la Vida como Razón de Estado

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Días atrás el gobernador amontonó a los periodistas y les dijo lo que pensaba sobre el aborto. Después la siguió en Twitter y además colgó un videíto como para que no quedaran dudas. Para despejar la anfibología digámoslo con todas las letras: el de Capitanich fue un discurso político.



La pregunta es: si el gobernador siempre tuvo esta posición, ¿por qué revelarla ahora? Quizás se trató de un arrebato moral (“Lo digo y listo, yo también tengo sentimientos, y si a alguien le molesta que se joda”) pero eso no explica el momento (sabido es que Coqui tiene “el don de la oportunidad”) ni la insistencia (también sabe diferenciar entre lo explícito y lo implícito; entre decir cosas sutilmente o hacerlo con contundencia según el grado de impacto que espera tenga su mensaje).



En este caso buscó el mayor impacto posible. Tuvo el tino de no abusar de los recursos del Estado para hablar de “la Santa Iglesia”, como la llamó, y se limitó a un planteo teológico que hubiese pasado por íntimo de no ser por el uso machacoso de la primera persona del plural. ¿Es necesario aclarar que es el Gobernador de Todas y Todos?



Habría que ver si, como se suele hacer ante semejantes bajadas de línea, midió en las encuestas los pro y los contra del mensaje que estaba a punto de lanzar, si hizo algún “focus group”, si lo debatió con sus asesores, con la curia o con la almohada.



Ojo, que no se malinterprete: no se trata de cuestionar su postura personal. El problema es que esto ya no es “personal”. Capitanich habló de “políticas” y no se puede obviar la irreductible divergencia que hay entre su ahora inequívoco pensamiento (elevado, como se dijo, a la categoría de Razón de Estado) y los lineamientos de algunas carteras de su gobierno.



LA FORMA Y EL FONDO


El video del mensaje “a favor de la vida” parece amateur pero no lo es: el uso deliberado de los símbolos no deja lugar a dudas.



Capitanich habla ante la cámara conciliado sin ambages con la Iglesia (podría haber defendido su posición desde un relato laico); lo hace rodeado de toda la imaginería católica a su alcance (Cristo, una estatuilla de la Virgen, trípticos y santos amontonados en el scriptorium detrás suyo como un recordatorio lúgubre y colorido de los poderes que lo protegen); hace hincapié en las encíclicas, se llama a sí mismo y a sus cofrades “instrumento de Su Voluntad Divina”, y deja sepultado para siempre cualquier vestigio de agnosticismo aplicable a su persona.



Tomando en cuenta que es un presidenciable y aunque todavía falta para el 2015, está claro que ya decidió por dónde irá de aquí en más. Es un camino seguramente lleno de espinos (o, lo que es lo mismo, “espinoso”) en el que sin embargo no está solo: la presidenta Cristina Fernández lo acompaña. ¿De qué otro modo podría explicarse la Asignación Universal por Hijo? Es una apuesta a la vida desde la concepción, nos esclarece el mandatario en uno de los tantos pasajes del minimetraje dignos de observación.



CUESTIÓN DE ESTILOS

Pero si CFK es contaria al aborto, lo deja ver con cautela, seguramente para evitar que la famosa “crispación” toque a la puerta de los que piensan que están viviendo una Santa Cruzada.



Días atrás, consultada por la prensa, se limitó a señalar que el debate sobre la despenalización no es una prioridad en la agenda legislativa del Gobierno nacional. Después, cuando terminó la reunión con las autoridades de la Iglesia, evitó (lo evitaron todos incluido el vocero del Episcopado, Jorge Oesterheld) mencionar lo conversado en torno a “la defensa de la vida”, aunque trascendió que les dijo: “Ustedes saben lo que pienso sobre ese tema”.



Capitanich por su parte eligió un estilo que podría denominarse “religiosidad de provincias”: consustanciado con sus creencias y con su pueblo, les abrió el corazón y los brazos, los recibió en su seno y les cantó las cuarenta.



Podría finalmente objetársele al chaqueño una diferencia de fondo con la presidenta: que mientras él ama fervorosamente a la Santa Iglesia, los Kirchner siempre tuvieron con los obispos una relación en el mejor de los casos problemática. Quizás eso esté cambiando.



EL MÁS ALLÁ

Igual que Daniel Scioli, su par bonaerense (con quien comparte la devoción religiosa) Capitanich tiene objetivos que no terminan en la gobernación de su provincia. Ambos aspiran a ser Presidente.



Para que no los aplazaran, los dos se mostraron incondicionales hacia la autoridad partidaria: uno se comió el sapo de un Vice que no quería; el otro el de poner a los candidatos a diputados nacionales que le imponían.



Si estos nuevos gestos casi sobreactuados (el video de Capitanich, la foto de Scioli rezando de rodillas) son casuales, si son parte de una estrategia kirchnerista para reconciliarse con la Iglesia o si son expresiones absolutamente personales de individuos con sus propias creencias, lo sabremos más temprano que tarde.



Esperemos, eso sí, que sean mensajes para juntar más que para dividir.
Fuente: 
(*) De la Redacción de Diario Chaco.