Domingo, 20 Noviembre, 2011 - 10:45

Tamaños aprietes

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La primera de las “conversaciones” que se detallan a continuación la tuvo Guillermo Moreno con un importante operador cambiario de la City porteña. “Acordate que vos tenés familia. En dos días al dólar lo quiero a 4,50. Yo tengo la pija de dos metros. Cualquiera que quiera hablar conmigo, que se abstenga, que directamente hablen con vos. Explicales bien lo que te dije”, expresó con voz de muy pocos amigos el secretario de Comercio Interior.





La segunda “conversación”, telefónica, tuvo como destinatario al dueño de una importante casa de cambios del interior: “Si seguís jodiendo con el dólar, te mando el Falcon verde a la puerta”, dijo Moreno, sabiendo muy bien qué expresaba.



Esta ha sido la metodología de alta política utilizada en estos días febriles por el Gobierno a fin de tratar de poner freno a la aún no terminada presión sobre el dólar. En el oficialismo, consideran que esta metodología da buenos resultados. Hay que reconocer que si la idea es meter miedo, el objetivo se logró: el viernes hubo una reunión de los dueños de las principales casas de cambio para analizar cómo enfrentar una situación que los tiene inquietos y muy atemorizados. Se habló de no hacer olas durante al menos una semana y luego ver cómo sigue la historia. En el encuentro corrió muy fuertemente el rumor de la decisión de Moreno de enviarles en los próximos días un grupo “quasi apostolario” de auditores.



La crisis cambiaria trajo también consecuencias adversas en una de las entidades bancarias de más peso en los tiempos del kirchnerismo. El banco en cuestión es el Macro a cuyo frente está Jorge Brito. Brito es el banquero del poder que tuvo que acceder a varios pedidos que en estas últimas dos semanas se le hicieron desde Olivos. Al parecer, esto disgustó profundamente a su socio, Ezequiel Carballo, dando origen a un diferendo de tal magnitud que terminó con la ruptura de ese vínculo societario. Este hecho es el que en el mundillo empresarial vernáculo ha pasado a conocerse como “el divorcio del año”. Este es otro de los éxitos del kirchnerismo.



Al interior del Gobierno se siguen todas estas alternativas con gran preocupación. Son varios los que advierten la impericia con que se ha manejado esta situación que ha obligado a algunos ministros a hacer gestiones ante empresarios de primer nivel a fin de rogarles que traigan los dólares que tienen legalmente en el exterior. “Los necesitamos hasta el momento en que empiecen a entrar las divisas de las exportaciones agropecuarias”, explicó uno de ellos en una de esas conversaciones en la que desgranó críticas ciertamente impiadosas sobre Amado Boudou, Mercedes Marcó del Pont, Ricardo Echegaray y Guillermo Moreno.



Hacia el final de la semana, hubo una “sensación” de mayor tranquilidad en la plaza cambiaria. La razón principal para ello fue muy simple: casi no hubo operaciones.



Apurado por esta realidad económica, el Gobierno avanza decidida y rápidamente hacia la reducción brusca del volumen de subsidios. Ha llegado el turno ahora de los servicios de electricidad, agua y gas. Es lo que todos los analistas venían prenunciando desde hace meses y que el Gobierno, en plena campaña, se negaba a abordar. Ahora ya no hay más campaña. Sólo existe la realidad. Y por ello es que el ajuste es inexorable. Ajuste, palabra que el Gobierno detesta pero que es impuesta por los hechos y habrá de ser sufrida por el bolsillo de muchos contribuyentes. La quita de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos de quienes habitan en Puerto Madero, Barrio Parque y countries es una medida a todas luces razonable. Lo que nadie del Gobierno ha explicado hasta aquí –ni seguramente lo hará nunca– es el por qué de haber mantenido por años esos subsidios insólitos a quienes no los necesitaban. En la conferencia de prensa compartida con el vicepresidente electo Amado Boudou, el ministro de Planificación, Julio De Vido, se mostró molesto por una pregunta sobre el aumento que significará en muchos hogares la cancelación de los subsidios. Pero esa será la verdad. Por eso fue que, ni lerdo ni perezoso, Hugo Moyano aplaudió la medida pero a la vez reclamó aumentar el mínimo no imponible de Ganancias.



Hablando de Moyano, la relación entre el secretario general de la CGT y el Gobierno se tensa día tras día. Esta semana, la causa fue Aerolíneas Argentinas. Se vive allí un enfrentamiento indisimulable y de consecuencias imprevisibles entre la conducción que encabeza Mariano Recalde y los sindicatos. Más allá de sus diferencias, los distintos gremios en los que se agrupan los trabajadores de Aerolíneas son críticos de la gestión de Recalde, a quien ni siquiera el hecho de ser hijo de Héctor Recalde, hombre del riñon de Moyano y emblemático de la actual conducción de la CGT, ha salvado de una dura crítica emitida desde la central obrera.



“Hay, en esta gestión de Recalde, un profundo desconocimiento de la actividad y del negocio aeronáutico a lo que hay que sumar una cuota grande de soberbia”, señala un sindicalista que jugó un rol clave en la nacionalización de la línea aérea de bandera, quien, a su vez, recuerda que “en vida de Néstor Kirchner fui varias veces a verlo en Olivos para que, con carpeta en mano, analizáramos los errores y las deficiencias de gestión sobre las que el ex presidente coincidió y se ocupó de inmediato, levantando en peso a quien correspondiese; eso ya no ocurre más. Es otra época”.



Para varios dirigentes sindicales que respaldan a Moyano, lo de Aerolíneas marca la tensión existente entre ellos y La Cámpora, constituyéndose así en una especie de preámbulo de lo que vendrá. En ese universo se inscriben algunos hechos a los que habrá que prestarles atención. Uno de ellos habrá de ser el intento de desplazar a Moyano de la conducción del Partido Justicialista bonaerense al que accedió después de la enfermedad de Alberto Balestrini. El otro es la designación de autoridades de la Legislatura provincial. Allí algunos ascensos meteóricos de integrantes de La Cámpora molesta a muchos con años de historia dentro del justicialismo. El caso más notable es el de José Ottavis, futuro vicepresidente 1° de la Cámara de Diputados bonaerense.



Todo esto trae reminiscencias de un pasado que la Argentina no puede ni debe repetir.







Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.