Domingo, 20 Noviembre, 2011 - 10:32

Con el agua al cuello

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Estaba con el agua al cuello –dice Adrianí refiriéndose al suicida–. Tenía una tienda de ropa femenina en Pangrati, pero con la crisis el negocio se fue a pique. Había firmado un montón de cheques sin fondo y en la caja registradora sólo había telarañas.

 Pidió un préstamo al banco pero se lo denegaron, porque ya estaba endeudado y ahora los bancos conceden préstamos con cuentagotas. A su mujer, que trabaja en el Ministerio de Agricultura, le recortaron el veinticinco por ciento del sueldo. Además tenía que pagar los estudios de su hija en el extranjero. Total, que se le acumularon los problemas y, desesperado, se tiró por la ventana.”

Petros Márkaris, “Con el agua al cuello”



La desgarradora escena está situada en la Grecia actual. Es parte de una novela policial de la entretenida serie del comisario Kostas Jaritos, pero es obvio que inspirada en lo que allí sucede en la vida real. Y debe ocurrir lo mismo en toda la Europa en crisis, tal como sucedió hace tres años en Estados Unidos o en la Argentina con la debacle de 2001 y 2002. Según un estudio publicado por la prestigiosa revista científica The Lancet hace un par de años, por cada uno por ciento de aumento en la tasa de desempleo en los países de la Unión Europea los suicidios y asesinatos crecen un 0,8 por ciento.



En semejante coyuntura no es casual que se repitan las metáforas de ahogamiento. Por un lado el título del citado libro. Por otro, lo que escribió días atrás Robert Reich, ex secretario de Trabajo durante la administración Clinton, sobre los Estados Unidos: “Wall Street ha prosperado, pero el resto del país no; uno de cada cuatro propietarios de vivienda está bajo el agua, debiendo más por la hipoteca de sus casas que lo que las casas valen”.



En un artículo titulado “La elección griega (y nuestra): ¿democracia o finanzas?”, Reich asegura que ni en Grecia ni en su país los programas de ajuste aplicados hubiesen sido aprobados por la mayoría en caso de que se los hubiera sometido a votación. De hecho, Barack Obama perdió la elección de medio término, y los primeros ministros Silvio Berlusconi y Giorgios Papandreu tuvieron que renunciar sumidos en un descomunal descrédito.



Pocas veces quedó tan en evidencia la antinomia que plantea Reich entre democracia y finanzas como cuando a comienzos de noviembre Papandreu amagó a convocar a una consulta popular sobre las medidas exigidas por el Banco Central Europeo, el FMI, Alemania y Francia como condición para mantener los desembolsos del salvataje. La certeza acerca de que el resultado del referéndum iba a ser negativo disparó una despiadada reacción amenazante del poder financiero y político que llevó al entonces premier griego a dar marcha atrás en cuestión de horas.



El devenir de Europa asusta. La canciller alemana Angela Merkel dice que el continente vive “la hora más difícil desde la Segunda Guerra Mundial”. El financista George Soros señala que “Europa está en peligro de muerte”. Más en detalle, el influyente economista Nouriel Roubini afirma que “los días de Italia en la eurozona están contados”, y agrega que sólo si el Banco Central Europeo pone a disposición ilimitada cantidad de dinero para salvatajes, combinado con una brusca devaluación del euro y un fuerte paquete de estímulo fiscal por parte de Alemania, habría alguna chance de “frenar el desastre que se aproxima”.



Si al sombrío panorama europeo se le suma el estancamiento en Estados Unidos y la prevista desaceleración en Brasil, queda claro que el contexto internacional en 2012 va a ser mucho menos propicio que en los últimos años, a excepción de 2009. Esta es una de las razones por las que los economistas han comenzado a recortar los pronósticos de crecimiento para la Argentina del año que viene.



Además hay causas domésticas en igual sentido. La más visible y objetiva es la tasa de interés, que en las últimas semanas ha pegado un brusco salto a raíz de las turbulencias con el dólar. Y por más que tanto las empresas como las familias están escasamente endeudadas, y que la economía en general está funcionando con muy poco apalancamiento financiero, es indiscutible que el encarecimiento del dinero va a tener algún efecto negativo sobre la producción y sobre el consumo, en particular de bienes durables. Difícilmente vuelva a haber una situación con el dólar semiquieto ¡y con certeza!, junto con tasas de interés reales fuertemente negativas, que fue tan estimulante para las compras en cuotas.



El último informe del Banco Ciudad prevé desaceleración. La consultora Economía & Regiones sostiene que se viene un “enfriamiento inexorable”. En Abeceb redujeron del 15 al 7,5 por ciento el aumento esperado de la demanda total de automóviles para 2012. Y Miguel Bein recortó su proyección de crecimiento del PBI del 4,5 al 3,8 por ciento para el mejor de sus dos escenarios, que es uno donde el Gobierno logra moderar la inflación a un 18 por ciento anual y en el que el dólar a fin del año próximo cotiza a 4,87 pesos. Avanzando bastante más lento, aunque a flote y con el agua bien lejos del cuello.



Con el agua al cuello es ficción. En Grecia no hubo asesinatos de banqueros ni guerrilleros antibancos que empapelan Atenas con carteles que instan a no pagar las deudas. Pero hay párrafos hiperrealistas. Márkaris cuenta una entrevista de la televisión griega a un ejecutivo extranjero de una agencia calificadora de riesgo que con soberbia se queja de que “ustedes no son capaces de cobrarles impuesto a los más ricos”.



El lunes pasado, el ministro de Economía Evangelos Venizelos amenazó con difundir la lista de los 900.000 contribuyentes que adeudan al fisco 41.400 millones de euros, para lo cual ya cuenta con autorización judicial.



Una buena idea para Ricardo Echegaray.
Fuente: 
VEINTITRES.