Domingo, 20 Noviembre, 2011 - 10:15

Cuál es la discusión de fondo

Hay que volver a poner las cosas en su justo lugar para no ser cómplice de una operación de tergiversación histórica que pretende inducir a los muchos amantes de las consignas por sobre las realidades a buscar inconsistencias donde no las hay.

 Uno de los mayores logros de la etapa fundacional del kirchnerismo, la de Néstor Kirchner, fue recuperar las banderas fiscalistas para el progresismo, arrebatándoselas a la derecha neoliberal. El hombre que descolgó el cuadro de Videla del Colegio Militar fue el mismo que vivía obsesionado con los “superávits gemelos”, el “equilibrio fiscal” y el “desendeudamiento”, que no fue otra cosa que la renegociación (y no el desconocimiento) de la deuda externa y el pago al FMI, para sacarse de encima el monitoreo de los organismos financieros y hasta para enterrar el ALCA. Fue Kirchner, el heterodoxo, el que usó la lógica del llamado “mercado” para recrear en los hechos la mayor intervención del Estado en la economía nacional de la era democrática...



Algo que esos mismos “mercados” resistieron desde siempre. Hay que decirlo de una vez por todas: Kirchner le asestó el golpe más duro del que se tenga memoria a la derecha con la agenda de la derecha. ¿O acaso alguien puede dudar de que tanto la suya, como la etapa de Cristina, no fueron distributivas? Si no, ¿a qué se debe la acusación de “populistas” de parte de los voceros del poder económico, entre otras muchas cosas, por reestatizar las AFJPs y decretar la Asignación Universal por Hijo?



Amado Boudou y Julio De Vido anunciaron ayer la quita de subsidios a grandes empresas (que giran sus excedentes a sus casas matrices en el exterior, es decir, exportan subsidios fondeados con el pago de impuestos de todos los argentinos, los menos que viven en mansiones pero sobre los millones que pagan el 21% de IVA en los fideos y el asado de falda) y a los vecinos de Puerto Madero, de Barrio Parque y de los countries, así como hace diez días les fueron retirados a bancos, financieras y aseguradoras. Es probable que hoy, como lo hicieron ayer TN y Radio Mitre, algún despistado hable de “tarifazo” o “ajuste” y quizá, parte de la sociedad intoxicada con las mentiras habituales de los dos boletines de agitación del establishment, Clarín y La Nación, entre en algo parecido a la desconfianza. Hay que mantener la calma.



Estas medidas se toman cuando el gobierno –reelegido esta vez con el 54% de los votos– enfrenta la cuarta corrida contra el peso desde que se produjo el último crack de Wall Street. El mundo es un lugar hostil, ajuste hay en Grecia –donde subió la tasa de suicidios juveniles en un 40%–, y la Argentina necesita hacer un uso inteligente y equilibrado de sus recursos si no quiere pagar con una devaluación salvaje el cambio de reglas provocados por la crisis del capitalismo. Es en este contexto que Cristina Kirchner vuelve a utilizar las banderas de la derecha neoliberal, núcleo duro de la oposición a la administración democrática de su gestión, para atacar los intereses de esa misma derecha. La pelea del Estado hoy es para mantener la potestad sobre el precio de su moneda, nada menos. Enorme batalla que va ganando, casi en silencio. Hoy los dólares hay que comprarlos con plata blanca y no negra. En cualquier otra sociedad esto es lo normal. Eso pide el evangelio largamente declamado de los Redrado y los Espert, los mismos que ahora se quejan por la intervención oficial en el mercado. Hoy también los subsidios se les sacan a los que más pueden.



Se supone que eso también está en los libros sagrados del fiscalismo liberal, aunque convengamos que cualquiera de estos expertos hubiera comenzado a equilibrar las cuentas por abajo (recortes a la UBA, quita de subsidios a los vecinos de Maquinista Savio y eliminación gradual de la AUH) y no por las empresas, los bancos, y los vecinos de Puerto Madero y Barrio Parque. ¿Cómo pone la política democrática a raya a los ortodoxos de la economía antidemocrática? Durante el menemdelarruismo, aplicando sus recetas que nunca derramaban, pese a las eternas promesas. El kirchnerismo, sin embargo, hace como en el yudo: usa la fuerza del adversario para doblegarlo. Sería algo así: quieren dólares para fugarlos o para atesorar excedentes, bueno, antes pónganse en blanco y paguen impuestos. Pedían quita de subsidios para achicar eso que llaman gasto y no inversión social, bueno, sean los primeros en resignarlos, a ver si no les duele, ustedes que pueden.



Esto es lo que se está discutiendo en la superestructura económica. Detrás de las noticias catastróficas, en realidad sólo hay una catástrofe: la que viven íntimamente los que no pueden vivir cómo le dicen a los demás que hay que vivir, animados por la defensa mezquina de sus privilegios. Ahí no hay un proyecto de país, sólo hay intereses.



Es en la heterodoxia y no en el dogmatismo donde se encuentran las claves para entender cómo y de qué manera gobierna el kirchnerismo. Ese que despluma a la gallina sin que grite, paraliza una corrida sin violentar la ley e interpela al poder real con sus propios argumentos, como cuando Cristina fue al G-20 a decirles en la cara a los dueños del poder y del dinero del mundo que su afán anarco financiero estaba matando, incluso, al capitalismo con el que tanto se llenan la boca.
Fuente: 
Tiempo Argentino.