Domingo, 20 Noviembre, 2011 - 09:35

Este domingo, España decide el Gobierno que afrontará el vendaval de la crisis

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Los 35,7 millones de ciudadanos llamados a las urnas tienen en su mano resolver si el Partido Popular, que ya gobierna en la mitad de los municipios del país y en 11 de las 17 autonomías, se pone también al mando del Gobierno de la nación con una situación económica desesperada.

Las undécimas elecciones generales de la actual etapa democrática llegan en el momento de mayor zozobra social por una pésima situación económica que deja ya cinco millones de parados; con una asfixia financiera que sitúa al país al borde del precipicio y con unas dramáticas perspectivas, que incluyen obligados recortes de gastos el próximo año —superiores a 21.000 millones de euros— para reducir el déficit al 4,4%. Un sacrificio extraordinario para unos presupuestos que apenas pueden sostener los servicios públicos esenciales.



En ese contexto infernal, todos los pronósticos apuntan al hundimiento electoral del PSOE, el partido del Gobierno que lleva grabadas a fuego todas las marcas negativas del paro, la deuda, el déficit y los recortes sociales. El descalabro socialista explicaría la victoria apabullante que los sondeos adjudican al PP, tan destacado que casi se da por descontada su mayoría absoluta antes del escrutinio.





Si atinan las encuestas, el partido de Mariano Rajoy acumulará el mayor poder institucional de la democracia pues tiene 3.811 alcaldes, casi la mitad del total; gobierna en 11 de las 17 comunidades —con grandes perspectivas de ganar por primera vez Andalucía en las elecciones de 2012, apuntalando el Gobierno vasco del socialista Patxi López y sosteniendo al catalán del convergente Artur Mas— y mandará en la Administración central sin necesidad de pactos con fuerzas minoritarias. El inmenso poder que puede acumular el PP es una de las claves de lo que se dirime en esta cita electoral. Pero hay otras.



UN FAVORITO CON PROGRAMA AMBIGUO Y SIN PROMESAS




A Mariano Rajoy, el candidato a presidente del Gobierno que presenta por tercera vez el PP, la campaña se le ha hecho larga. Lleva esperando siete años su turno y ahora considera que ya le toca. Su programa de Gobierno, cargado de ambigüedad, apenas apunta algunas recetas de política económica: austeridad sin decir de dónde recortará, control del gasto público evitando duplicidades, sin decir cuales, y bajada de impuestos a empresarios, rentas del capital y familias numerosas para salir de la crisis. Se sabe que Rajoy quiere acometer una reforma laboral, pero no en qué términos; que piensa aprobar una reducción de personal en las empresas públicas pero no cuántos ni cuándo; que impulsará una reforma fiscal con algunas bajadas de impuestos y que reformará algunas leyes, como la del aborto, pero sin detallar su contenido concreto.



Con el viento a favor porque la crisis económica y el paro han hundido la credibilidad del Gobierno socialista, el candidato del PP ni siquiera ha tenido que hacer grandes promesas porque su electorado está convencido y millones de votantes socialistas, según los sondeos, se quedarán en casa.



Pese a los esfuerzos del PSOE para agitar el voto del miedo y buscar la respuesta del PP sobre su programa oculto, Rajoy no se ha movido y ha evitado polémicas que consideraba estériles para su objetivo: no hacer ruido, no molestar para llegar cuesta abajo al Palacio de la Moncloa.



UN DESCALABRO EN TIEMPO RECORD



El PSOE de Felipe González se mantuvo 14 años en el poder (1982-1996) y su deterioro fue muy lento, hasta el punto de que ganó en 1993 acorralado por los casos de corrupción y estuvo a punto de repetir milagro en 1996, cuando la diferencia con el PP fue inferior a 300.000 votos. Pero ahora, golpeado por la peor crisis económica de la historia y por un paro inigualable en toda la Unión Europea, el PSOE ha perdido en muy pocos años el inmenso poder institucional logrado desde la llegada de Zapatero al liderazgo del partido. El presidente del Gobierno, cuyo efecto revulsivo fue indudable en otros tiempos y elecciones, es hoy una sombra de la que huyen los estrategas electorales del PSOE (solo ha acompañado en un mitin al candidato en toda la campaña).



Rubalcaba lo ha intentado casi todo en una campaña intensa con propuestas arriesgadas y a contracorriente. Puso en cuestión la ortodoxia europea para salir de la crisis: "Las dietas de adelgazamiento excesivo conducen a la anemia". Defendió una moratoria de dos años para la reducción del déficit y un plan económico basado en aumentar las inversiones, pidiendo a la UE un Plan Marshall de 70.000 millones de euros para estimular el crecimiento; prometió algo tan impopular como subir impuestos del alcohol y del tabaco para garantizar los servicios de Sanidad y Educación; y anunció nuevas medidas para evitar pagos en metálico por encima de 3.000 euros y luchar contra el fraude fiscal. Pero en su mochila, el candidato lleva piedras: su pertenencia al Gobierno responsable de los cinco millones de parados, de la congelación de las pensiones, de la bajada del sueldo a los funcionarios, de los recortes sociales.



DOS MODELOS PARA SALIR DE LA PEOR CRISIS




La campaña se ha disuelto sin pena ni gloria. No hubo pelea y aunque hubo un único debate, se olvidó muy pronto. "Me faltó un debate más", cuentan los socialistas que se lamenta Rubalcaba. Y todo porque el favorito, Mariano Rajoy, ha evitado el cuerpo a cuerpo con el aspirante Rubalcaba para discutir sobre recortes, fiscalidad, o derechos civiles.



Lo que deja la campaña son algunos apuntes de dos modelos distintos para salir de la crisis. El de Rubalcaba apuesta por aumentar los ingresos mediante la creación de un nuevo impuesto para las grandes fortunas, otro para los bancos y una subida fiscal al consumo de alcohol y tabaco. Con esos recursos, el candidato socialista promete garantizar la financiación del sistema público de Salud y aprobar incentivos fiscales a la contratación de trabajadores. Rubalcaba defiende una moratoria en el cumplimiento del déficit y un plan de inversiones para estimular el crecimiento.



Rajoy prefiere garantizar el cumplimiento del déficit sin pedir moratorias a Europa; imponer techos de gasto a las comunidades y Ayuntamientos; bajar impuestos a las empresas y a las rentas de capital y, por lo que ha declarado, mantener el resto de la estructura fiscal como está.



Además, acometerá una reforma laboral para simplificar los contratos existentes y flexibilizará la negociación colectiva, lo que facilitará sueldos más bajos. Los dos candidatos prometen subir las pensiones.



LAS CONSECUENCIAS DE UNA DERROTA




A la tercera de Mariano Rajoy va la vencida. Nadie ha tenido unas circunstancias tan favorables para arrasar en unas elecciones generales. Si no es presidente después del 20-N, algo muy poco probable según los expertos, su carrera política estará definitivamente acabada.



En la otra orilla, Rubalcaba, al que los sondeos endosan una derrota segura, mira a los números para desentrañar el futuro. Si los socialistas mantienen el Gobierno, Rubalcaba será el nuevo líder incontestable del partido. Si pierde las elecciones y sus resultados quedan por debajo de 130 o 120 escaños —la horquilla variable que manejan distintos dirigentes de este partido que se atreven a elucubrar sobre el futuro— se abrirá la batalla por la sucesión.



LAS PRIMERAS ELECCIONES SIN ETA



Tras 43 años de crímenes, ETA anunció el pasado 20 de octubre el "cese definitivo" de su actividad terrorista. Esta declaración, la más deseada desde hace años en la democracia española, llegó con un Gobierno socialista tan aplastado por las malas noticias de la crisis que ni siquiera el cese de ETA le supuso un tirón en las encuestas.



Ha sido la primera campaña electoral sin la amenaza de las bombas en Euskadi. El mapa de diputados electos vascos que se sentarán en el Congreso será muy distinto al de las últimas tres legislaturas. La izquierda abertzale, que hasta hace un año guardaba silencio sobre los asesinatos de ETA, logró su mejor resultado electoral en los comicios locales del pasado mayo con la fórmula Bildu (la antigua Batasuna en coalición con Eusko Alkartasuna y Alternatiba). Ahora acuden al 20-N con Amaiur (Bildu más Aralar, que se separó de Batasuna en 2001 al rechazar la violencia terrorista). La última vez que Batasuna se presentó a unas elecciones generales fue en 1996; obtuvo dos escaños con 181.304 votos.



Si los partidos que forman Amaiur repiten los resultados de las elecciones municipales, donde sumaron más de 345.000 votos, pueden tener grupo propio en el Congreso y desbancar al PNV como primera fuerza nacionalista en Euskadi.



LA RESURRECCIÓN DE IZQUIERDA UNIDA




La remontada empieza ahora. Tras 15 años de decadencia hasta situarse a un paso de ser fuerza extraparlamentaria en las elecciones generales de 2008 pese a ocupar el tercer lugar en votos, IU subió por primera vez en las elecciones municipales de mayo. Ganó solo 200.000 votos del millón y medio que perdió el PSOE, pero creció. Ahora confían en sumar apoyos entre los indignados del 15-M, entre los descontentos del PSOE que quieren volver a tirar de él a la izquierda y entre los desempleados a los que, según asegura la cúpula de la coalición, llevan años dando voz.



El fantasma del "voto útil" (electorado de izquierdas que al final se decide por el PSOE ante el miedo de que llegue el PP) parece esta vez más aplacado; pero hay fantasmas nuevos: la competencia de Equo, o la posibilidad de que UPyD desbanque a IU como tercera fuerza.



CATALUÑA O LAS ALIANZAS DE IDA Y VUELTA




Cataluña puede ser el laboratorio de una futura alianza de ida y vuelta. El Gobierno autónomo de CiU se apoya en el PP para garantizarse la estabilidad parlamentaria que le permite gestionar con cierto margen de maniobra los problemas de Cataluña y, a cambio, podría prestarle los apoyos necesarios a Rajoy en caso de que no obtenga la mayoría absoluta.



Aunque les separan cosas que en Cataluña se consideran sagradas, como el Estatuto o la política de inmersión lingüística que se aplica en las escuelas, la necesidad de gobernar sin sobresaltos puede hacer de la alianza entre PP y CiU un matrimonio de conveniencia muy duradero.



ANDALUCÍA, EL GRANERO SOCIALISTA AMENAZADO




Las elecciones de hoy amenazan la hegemonía socialista en la comunidad más grande y poblada de España. El PSOE perderá, según los sondeos, su primer puesto en Andalucía, donde gobierna sin interrupción desde el comienzo de la actual etapa democrática. El colosal tropiezo que anticipan las encuestas se produciría a solo unos meses de las elecciones autonómicas donde el PP aspira a gobernar. El fracaso del PSOE puede dar oxígeno a IU, que lleva años sin colocar a un diputado andaluz en el Congreso.



UPYD BUSCA LA REVÁLIDA




Con cuatro años y dos meses de vida y apenas 6.700 afiliados, Unión Progreso y Democracia (UPyD), que nació en 2007 para competir en las elecciones generales de 2008, se enfrenta al 20-N con la aspiración de alcanzar o incluso superar a IU, algo que ninguna encuesta ha reflejado en los últimos días.



Tras cuatro intentos electorales con un cierto éxito, en las generales de 2008 (306.000 votos —tantos como el PNV—, una diputada: Rosa Díez), autonómicas vascas de 2009 (un diputado), europeas de 2009 (450.000 votos, un eurodiputado, tercera fuerza política en 32 de las 52 capitales de provincia) y municipales de 2011 (465.000 votos, 152 concejales, ocho diputados regionales en Madrid), UPyD busca ahora grupo propio en el Congreso. Las expectativas son tan altas que menos de cinco diputados —como estiman muchos sondeos— será un fracaso.



INDIGNADOS EN CAMPAÑA




Las proclamas de los indignados han llegado a los programas electorales de los partidos con más posibilidades de obtener representación tras las elecciones del 20-N. El candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha sugerido reformas que se acomodan a las proclamas de los indignados que se juntaron en el Movimiento 15-M, como una nueva ley electoral o la participación ciudadana en los plenos del Congreso. En IU reivindican que muchas de sus propuestas, ahora y antes, fueron recogidas en las concentraciones de la Puerta del Sol. Otros partidos, como el nuevo Equo, también reivindican mejoras que se incluían en las tablas reivindicativas de los indignados.
Fuente: 
El País