Domingo, 20 Noviembre, 2011 - 08:21

Correo de nuestros lectores
La Convención Radical que yo vi

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Desde hace muchos, muchos años, como apasionado militante radical, al igual que algunos otros, vengo bregando por la necesidad de cambios de fondo en el partido al que amo y pertenezco. Partido del que, al igual que muchos, nos sentíamos excluidos. Partido que veía como cerraba sus puertas a los afiliados y a la sociedad en su conjunto.





Partido que se vaciaba de contenido ideológico por el capricho, el egoísmo, la ceguera y la soberbia de algunos de sus dirigentes, que negaban toda posibilidad de participación y mucho más de discusión. Ellos preferían un partido pequeñito y mediocre donde perpetuar sus ambiciones personales y sus privilegios. Ellos preferían un partido con gente que escuche a sus dirigentes sordos por voluntad propia, impedidos de ver y sentir lo que ocurría a su alrededor, olvidados de sus responsabilidades cívicas y radicales.



Fueron años de militancia solitaria, de clamar por la vuelta a los principios, de reclamar que al menos nos devuelvan el derecho a decir que los radicales fuimos y somos honestos, sin tener que ponerme colorado por algunos de ellos. Fueron años de pedir que se abra la discusión de las ideas, todos teníamos y sentíamos que podíamos aportar. Fueron también años de pedir por la inclusión y el respeto a los mas jóvenes, que desde la universidad o desde la calle necesitaban su espacio de lucha y rebeldía y no del dedo doblegador de voluntades.



Estos reclamos nacen mucho antes de los recientes resultados electorales, nacen cuando algunos correligionarios se creían dueños del mundo y de las personas por ser gobierno. Nacen cuando una internet recién nacida, no daba aún posibilidades de hacer conocer emociones y pensamientos, ni un medio que hiciera conocer esos reclamos. Todo eso apareció muchísimo después y los utilizamos. Al principio recibíamos insultos y descalificaciones, luego, poco a poco, fuimos viendo como, muy en privado, aparecían voces que casi en susurros nos decían que compartían muchas de nuestras ideas. Que era indispensable esa democratización del radicalismo, que era indispensable el debate, que no era hora de capangas totalmente alejados de la gente, de sus necesidades, de sus angustias. Poco a poco nos fuimos encontrando quienes, aun teniendo algunas diferencias, coincidíamos en esa necesidad de modernizar a nuestro partido, mantener los principios, a la vez que replantear las ideologías y las estrategias, transformar esa exclusión en una inclusión permanente.



Que nadie piense que estos reclamos son productos de una derrota electoral. Las victorias y las derrotas en política son simples circunstancias.



Pero esa lenta y paulatina suma de voluntades permitió que llegáramos de una manera distinta a esta Convención Nacional. En mi partido la Convención Nacional es la autoridad superior.



En todo el país se fueron produciendo reuniones previas, conformándose distintas vías y caminos en el mismo sentido de reclamos. La Juventud Radical reclamando mayores espacios de participación, Franja Morada y la Organización de Trabajadores Radicales (OTR) igual. Los Intendentes y Concejales de todo el País conformaron un Foro Nacional de Intendentes Radicales, exigiendo esas reformas que permitan que sean escuchados. El dia viernes tuvieron la gentileza de permitirme asistir y participar, manifestando mi apoyo a su declaración, en la reunión que realizaron en el Comité Nacional.



Es decir, una gran construcción colectiva, proveniente de distintos sectores de la UCR, donde por fin pudimos confluir y hacer llegar nuestras exigencias de cambio a la Convención.



Una Convención que presencié desde el comienzo hasta el fin. Una Convención que no tiene nada que ver con lo que veo y leo en los diarios. Una Convención más que necesaria, indispensable para los radicales. Una Convención donde por fin se debatieron ideas y políticas, una Convención donde no hubo más violencia que dos minutos, donde después de un brillante discurso de Leopoldo Moreau, le contesta de manera agraviante y descalificadora el Senador Morales y Moreau reacciona acercándose para increparlo duramente. No hubo otra violencia, hubo apasionamiento en los discursos y en las barras al igual que ocurre en todos los partidos políticos.



Es cierto que no hubo quorum para votar las propuestas, primero Saenz y Rozas, luego el resto de quienes debían dar respuestas a los cuestionamientos y quedarse a votar, se fueron, tal vez por cobardía, tal vez como una artimaña política. Pero cuando Hipólito Solari Irigoyen, Presidente de la Convención, debía llamar a votar, agotada la lista de oradores, ellos no estaban, nosotros sí, al igual que los convencionales que nos representaban y un nutrido grupo de jóvenes que se quedaron con las ganas.



Y no tiene tanta importancia política el que no haya habido quórum para votar, como tampoco la tendrá nada de lo que haga esta conducción, que no tiene representación dentro de la UCR. Esta Convención fue un éxito porque al fin, desde los distintos sectores internos de la UCR, se plantearon las cosas por su nombre.



A partir de ahora, si las autoridades constituidas no escuchan la firmeza de los reclamos internos ni perciben, tal como reiteradamente lo manifestaron, el repudio que siente por ellos la ciudadanía en general, ellos se quedarán por un tiempo con los sellos, pero la UCR marchará por el camino de los principios, de la lucha y las ideas que nunca debió abandonar.



La UCR es un partido auténticamente progresista y humanista, profundamente democrático y republicano. Tengan la seguridad los afiliados y la ciudadanía en general, que nunca mas permitiremos que se abandone ese rumbo.



Esa es la Convención Nacional que yo ví, esa es la Convención Nacional que yo viví.
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