Viernes, 18 Noviembre, 2011 - 10:21

Correo de nuestros lectores
Tradición, Folclore Religioso y Soberanía Nacional

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El pasado 10 de noviembre hemos celebrado el Día de la Tradición, festividad que -como se sabe- fue instituida en homenaje a José Hernández, autor de la llamada Biblia gaucha, vale decir: “El Gaucho Martín Fierro”.

De igual modo, el 11 de noviembre fue dedicado, desde la época de la Colonia, al santo patrono de la ciudad de Buenos Aires, San Martín de Tours, surgido de una particular elección de la cual me ocupara en otras oportunidades; relatando como dato de interés, las particularidades de tal designación, de la cual se dice que habría nacido el conocido dicho: “A cada chancho le llega su San Martín”.



Asimismo, y en razón de que el 20 de noviembre se conmemora un año más de la batalla sostenida por las fuerzas federales contra franceses e ingleses, en homenaje a aquellos valientes fue instituido, ese día, como el Día de la Soberanía Nacional, siendo el protagonista principal de dicho evento el Gral. Don Juan Manuel de Rosas, a la sazón, Gobernador de la Confederación.



Para adherir a tan importantes hechos históricos, es que solicito al señor Director de NORTE, quiera disponer la publicación de este humilde homenaje, que consiste en la transcripción literal del relato de estos episodios efectuados por Pacho O’Donnell en su obra “La Gran Epopeya” - El combate de la Vuelta de Obligado - GRUPO editorial norma, pág. 111.



Bajo el título: El santo francés y unitario, nos ilustra el autor: “En tiempos de la Colonia, la elección de los santos patronos en la metrópoli española era una decisión de gran responsabilidad, frecuentemente acompañada de ceremonias a las que no les faltaba boato.



Pero cuando las ciudades por patronizar eran irrelevantes, como la lejana Santa María de los Buenos Aires, un puerto de contrabandistas y de negreros enclavado en tierras inhóspitas y deshabitadas, bastaba con introducir los nombres de todos los santos en una bolsa de terciopelo negro para que decidiese el azar. Tres veces seguidas, inauditamente, se extrajo el papelito que mentaba a San Martín de Tours. Buenos Aires obtuvo, de es modo, a su santo patrono.



Nadie podía prever entonces que lo que la negra bolsa de paño brilloso anticipaba era el nombre del libertador de aquellas tierras australes. Muchos años más tarde, el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires había enardecido los espíritus patrióticos.



El odio contra el invasor crecía en la población. Alguien recordó, entonces, que Tours era una ciudad francesa. No pasó mucho tiempo antes de que otro presentase un proyecto en la Legislatura, y que la Legislatura resolviera: “¡Viva la Santa Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios! Buenos Aires, 31 de julio de 1839, año 30 de la Libertad, 24 de la Independencia y 15 de la Confederación.



El gobierno, considerando que esta ciudad fue puesta desde su fundación bajo la protección de un francés, San Martín, natural de Tours, quien no ha sabido hasta la fecha libras esta ciudad de las fiebres periódicas, escarlatinas, ni de las secas y epidemias continuas que en diferentes épocas han arruinado nuestra campaña, nuestras cosechas y nuestros ganados, ni de las extraordinarias crecientes de nuestro río que destruyen casi anualmente una cantidad de obras y monumentos de la ciudad que se encuentran sobre la costa.



En fin, que la viruela acaba de desaparecer a causa del descubrimiento de la vacuna, sin que el patrono por su parte haya jamás hecho el menor esfuerzo para librarnos de esa terrible calamidad. Que para combatir las invasiones de los indios en la frontera y para sostener las guerras civiles y extranjeras que nos han sobrevenido, hemos tenido que recurrir en el primer caso a la Santa Virgen de Luján, en el segundo a la Virgen del Rosario y la Merced y también a Santa Clara Virgen, con cuyo único consuelo hemos podido triunfar, mientras que nuestro santo patrono, el francés, permanecía indiferente en el cielo, sin ayudarnos en lo más mínimo como era su deber”.



En vista de los motivos expuestos venimos en decretar y decretamos: “Artículo 1º. El francés unitario San Martín de Tours, que ha sido hasta hoy el patrón de esta ciudad, habiendo perdido la confianza del pueblo y del gobierno, abandonado por sus compatriotas, aliado del traidor Rivera y demás salvajes unitarios, es destituido para siempre del empleo de patrono de Buenos Aires”.



Lo relatado hasta aquí, no tiene otra pretensión que la de hacer notar que en todos los tiempos, los caudillos en especial, recurrieron a la religiosidad popular para cimentar sus campañas políticas. Así nacieron los Santos y devociones populares como la del Gaucho Cruz Gil en Corrientes, la Difunta Correa en San Juan, la Cabalgata de la Fe en el Chaco (sólo por nombrar algunas).



Debe admitirse asimismo, que en la mayoría de los casos, los hechos históricos, fueron escritos para denostar a los adversarios de quienes los escribían. Por vía de ejemplo, el mismo Pacho O`Donnell cita los argumentos del Diputado Nicolás Albarellos para declarar a Rosas “TRAIDOR A LA PATRIA”, 1857 “Si no decimos desde ahora que era un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, sino como el más grande y glorioso de los argentinos”.



Finalmente, a modo de síntesis, el mismo autor, se pregunta: ¿Quién es Juan Manuel de Rosas en el marco de la historia argentina? ¿Por qué se soslaya sistemáticamente su defensa de la soberanía nacional frente a Francia e Inglaterra? ¿Por qué San Martín le legó en su testamento el sable que lo acompañó en la lucha por la independencia americana? ¿Por qué los sectores populares lo amaron hasta la idolatría?



Finalmente, dejo al historiador la respuesta de estos interrogantes. Por mi parte, me conformo con cumplir con mi homenaje, resumiéndolo en este verso de Hernández, quién siempre centró su preocupación en la pobreza del gauchaje: “Mas Dios ha de permitir/ Que esto llegue a mejorar,/ Pero se ha de recordar/ Para hacer bien el trabajo/ Que el fuego, pa calentar,/ Debe ir siempre por abajo”.



(*) [email protected]