Lunes, 14 Noviembre, 2011 - 09:00

La UCR busca definir nuevos conductores en medio de su peor momento desde 1983

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Faltan días para la Convención Nacional en la que se modificará el estatuto partidario, se sentarán las bases para la sucesión presidencial (Ernesto Sanz no seguirá), y se debatirá la nueva conducción de la bancada legislativa. Hay efervescencia en los cuadros políticos que auguran un "renacimiento", y preocupación en los más conservadores. Tendrán que revertir una dura realidad: la UCR sólo gobierna una provincia (Corrientes); de las 600 intendencias que promocionaba Alfonsín se perdieron 100. La UCR hoy es tercera en el mapa político.

Este viernes  18 y el sábado 19, el radicalismo celebrará su Convención Nacional. Hay consenso para que se modifique la carta orgánica en varios puntos, pero sobre todo en uno crucial: el modo en que se eligen las autoridades partidarias.



Este es el primer paso para definir si Ernesto Sáenz seguirá presidiendo el Comité Nacional del partido, Ernesto Sáenz y Gerardo Morales frente la bancada de legisladores.



En este contexto, la Unión Cívica Radical parece no encontrar salida a la crisis en la que quedó sumida tras el fracaso dela Alianza y la renuncia de Fernando Dela Rúa en 2001. El tercer lugar de Ricardo Alfonsín, y el "aluvión" kirchnerista en todo el país, no hicieron más que ratificar que el centenario partido está lejos de sus momentos de esplendores, cuando efectivamente era un contrapeso de poder para el peronismo.



Un ejemplo sirve para graficar el momento que vive el centenario partido: de las 8 gobernaciones que tenía durante la década del '80, cuando el presidente de la Nación era Raúl Alfonsín, hoy solamente le queda una: Corrientes, donde Ricardo Colombi se mantiene dentro de sus filas, aunque con una estrecha relación con el kirchnerismo.



En 2011, el radicalismo perdió su bastión, Río Negro (la gobernaba desde 1983) y también Catamarca (en sus manos desde 1991). Tampoco pudo recuperar Mendoza ni Chaco (que había perdido en 2007), y se esfumaron sus esperanzas en Córdoba, Santa Cruz, Entre Ríos y La Pampa, donde en las legislativas de 2009 había vencido o quedado muy cerca del kirchnerismo.



Desde la caída dela Alianza, varios hechos profundizaron el desmembramiento del partido fundado por Leandro N. Alem: el bochornoso 2,34% que sacó Leopoldo Moreau en 2003, el deslucido 16,89% del extrapartidario Roberto Lavagna en 2007 (quedó tercero, detrás de Cristina Kirchner y de Elisa Carrió) y el prometedor 30,7% de las elecciones legislativas de hace dos años, cuando fue aliada a Carrió y al socialismo, en el Acuerdo Cívico y Social.



Pero este año volvió a significar un fuerte retroceso para la UCR: el 11,14% que obtuvo Ricardo Alfonsín lo volvió a ubicar en el tercer lugar, superado por el Frente Amplio liderado por Hermes Binner. Un golpe que puso en tela de juicio el liderazgo de las actuales autoridades, y disparó (una vez más) una descarnada interna.



Además de gobernaciones, la UCR también perdió un importante número de intendencias: de las 600 que publicitaba Alfonsín en sus spots de campaña, se estima que entre 50 y 100 pasaron a manos de otras fuerzas, según cifras del Foro de Intendentes y Concejales Radicales, que preside el intendente de Mendoza, Víctor Fayad.



Como consuelo ante tantas pérdidas, hoy la UCR gobierna 8 capitales provinciales (Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Ushuaia, Resistencia, Jujuy y Viedma), además de las provincias de Corrientes y Santa Fe (aliada del socialismo) y medio millar de ciudades y pueblos.



Es en ese marco donde parece estar el nuevo centro de poder del partido. De hecho, la denominada "Liga de intendentes", encabezada por el cordobés Ramón Mestre, aparece como el principal impulsor de una "renovación total" del radicalismo. Renovación que incluye la salida de las principales figuras de la conducción, como el propio Alfonsín, Gerardo Morales, Ernesto Sanz y Ángel Rozas.



En los próximos meses se dirimirán varias cuestiones en la UCR. El recambio de autoridades traerá consigo la definición del nuevo rumbo del partido, que debe buscar una nueva identidad para recuperar el lugar perdido en el escenario político argentino.
Fuente: 
Infobae