Martes, 8 Noviembre, 2011 - 11:03

Correo de nuestros lectores
Todos podemos y debemos aportar

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El proceso electoral, con todos sus altibajos, críticas, alegrías para unos y tristezas para otros, terminó. Las diferencias continuarán. Las mías son enormes respecto de este gobierno, pero la ciudadanía se expresó, le asignó la responsabilidad de gobernar al oficialismo y a los opositores nos dio la función de que seamos demócratas responsables.

Cada partido político deberá hacer sus propias reflexiones y autocríticas sobre los motivos que hicieron que la sociedad nos asignara este lugar y hacer todas las modificaciones que sean necesarias para recuperar los vínculos que se rompieron con el conjunto social.



También el oficialismo deberá hacerlo, si pretende resguardar el capital que las pasadas elecciones le dejaron. Todos debemos recordar que los votos no tienen dueños.



Las diferencias, sean cuales sean, no pueden hacernos perder de vista ese asunto supremo que es el interés nacional.



Nuestra economía se encuentra jaqueada por una serie de inconvenientes, internos y externos, que requieren de la prudencia y de la responsabilidad de todos.



Inconvenientes que pueden ser solucionados. Para ello deberían ser reconocidos y luego enfrentados con la búsqueda de enormes consensos, prudentes y responsables, que restablezcan la credibilidad de los mercados.



La mayor responsabilidad siempre la tiene el oficialismo, con quien tenemos enormes objeciones éticas, políticas y económicas, pero, pese a esas objeciones y diferencias, hay algunas etapas en que la oposición debe sumar sus esfuerzos a fin de superar las dificultades. Momentos donde todos debemos pensar con un generoso sentido nacional. No es sencillo el hacerlo, son demasiados los recelos que se han ido generando. No es sencillo pero es indispensable que lo hagamos si no queremos que se repitan dolorosas situaciones ya vividas.



De este tipo de inconvenientes económicos siempre salen ganando algunos vivos y a costillas del conjunto social, que es quien termina pagando las consecuencias. Vivillos que están aprovechando flancos demasiado débiles que ofrece el Gobierno y que alientan la desconfianza de la gente y de los mercados..



El gobierno debe, especialmente en estas circunstancias, escuchar las advertencias de la gente común, de los economistas, de los políticos. La oposición y los medios deben actuar con mesura y responsabilidad.



Pongamos siempre la Nación por delante, los partidismos detrás. Mi oposición sigue tan o más oposición que antes, mi pertenencia partidaria sigue siendo la misma que tuve toda mi vida y hoy siento que esa oposición y esa pertenencia deben estar, antes que nada, al servicio de la solución de las grandes urgencias que plantea este momento. Esa pertenencia debe estar siempre, gobierne quien gobierne, al servicio de la causa nacional y del bienestar general.



Y hablando de partidismos, como decía al comienzo, todos debemos hacer autocríticas serias. Nuestro sistema democrático necesita de partidos políticos fuertes, con capacidad de ser alternativa de poder. En tal sentido deben hacerse todos los cambios que sean necesarios, por mas dolorosos que a algunos les puedan resultar.



En nuestra Provincia y en mi partido, único del que puedo hablar, pero seguramente lo que pueda decir de él servirá para todos, incluido el oficialista, que traspolando situaciones viven situaciones parecidas, sólo por tomar un ejemplo, con un radicalismo surgido casi de la nada, gracias a la lucha incesante y principista de muchos líderes de las entonces listas Celeste y Rosa, pero especialmente de la mano de Luis León, un radicalismo que en cada elección se acercaba mas al triunfo, siendo muestras fehacientes de ello, en una provincia que siempre había sido netamente peronista, los resultados alcanzados con las fórmulas de León- Salóm y posteriormente las de León- Rozas, donde en ambas habían quedado a milímetros del triunfo, con un Rozas que se había acercado al radicalismo pasada la Dictadura Militar, de la mano de León y con una candidatura a Diputado en el bolsillo, lo que es una forma bastante interesante de acercarse a un partido, distinta a la de quienes lo habíamos hecho cuando el ser radical, y la política en general, eran una especie de mala palabra y en la que militar era solamente pensar en los principios y no en los puestos o ventajas del poder.



Todos fuimos viendo las transformaciones partidarias, en un radicalismo que nunca había sido sospechado de indignidades ni de corrupciones, con concepciones políticas, sociales y económicas humanistas y auténticamente progresistas,



Rozas consideró entonces que el ciclo de León estaba concluido y obligó a muchos a tomar la difícil situación de tener que enfrentar a un líder al que habían acompañado en las horas difíciles de la construcción; otros mas jóvenes se acercaron y conocieron al radicalismo en la época posterior.



Hoy vemos un radicalismo alejado de la gente, una dirigencia que se ha acostumbrado a hacer y digitar todo, sin admitir críticas ni aportes, dirigentes importantes sospechados de corruptos, vemos un partido que ha cerrado sus puertas, que ha perdido su rumbo ideológico humanista, progresista y ha ido dejando de lado, en muchos casos, los principios éticos y morales que le han dado vigencia a través de tantos años.



Así como Rozas en aquel momento conmovió las almas y las estructuras radicales, hoy somos muchos los que sentimos que es indispensable realizar rectificaciones de todo tipo, sacudir las entrañas de un radicalismo adormilado, acéfalo, aislado, burocrático y prebendario.



No se puede seguir con una UCR cerrada y sin rumbo haciendo papelones electorales. Tampoco se puede caer en la trampa de que sólo se trata de cambiar los nombres de los candidatos a conducirla. Primero debemos redefinir lo que significa el ser radical, discutir ideas y proyectos, actualizar programas, ejercer hacia adentro y hacia afuera una verdadera democracia, proba y capaz.



Decía Rozas hace unos dias que no se puede construir un radicalismo sólo con los triunfadores, tiene razón, pero tampoco se puede seguir asistiendo como espectadores a un radicalismo que se hunde en la incapacidad y en algunas indignidades de algunos perdedores. Y vamos viendo como los problemas que vivimos en la conducción provincial, son muy parecidos en hombres y en situaciones a los que vivimos a nivel nacional.



Hemos acompañado las candidaturas que ellos eligieron a puertas cerradas. Lo hicimos peser a nuestras disconformidades y pese a que, como una constante, no surgieran de elecciones internas, sino del acuerdo de cúpulas.



Personalmente estoy acompañando, en su reclamo de cambios, al grupo de Intendentes que han revalidado sus títulos en las pasadas elecciones. Sin embargo, creo que a la Declaración de Tanti le faltó decir que, además de que los intendentes quieren ser escuchados y tener voz y voto en las decisiones, también los simples afiliados tenemos mucho para aportar.



Cada Comité debe convertirse en el centro receptor de nuestros reclamos, es hora de que todos seamos escuchados. Los comités radicales no son solamente para recibirnos en épocas preelectorales, deben convertirse en el centro de expresión de todos los afiliados, no son propiedad de las cúpulas.



Algunos piden que las diferencias internas las hablemos internamente y no por los medios. Algunos sentimos que si no los hacemos por los medios no tenemos quien escuche nuestros reclamos. Que nadie, por ningún motivo, se sienta tan importante como para no escucharnos.



Muchos, con largas militancias, ni siquiera tenemos acceso a quienes se sienten dueños de un radicalismo que cada vez más se está convirtiendo en un sello de goma, no estamos dispuestos a tolerarlo en silencio y sin presentar todas las batallas que sean necesarias.



Las victorias tienen triunfadores, las derrotas tienen responsables. Las actuales cúpulas partidarias deben asumir sus responsabilidades o arrastrarán a la UCR a la desaparición.



Es hora de que quienes aspiren a conducir en los próximos tiempos a una UCR renovada, con vocación de poder, tengan la capacidad de asumir los desafíos que nos presenta el futuro.



Ojalá quienes resultaron ganadores en estas últimas elecciones lideren los cambios. Ojalá que los dirigentes de cada pueblo o barrio escuchen los reclamos de la gente, afiliados o no afiliados, e impulsen los cambios necesarios, por mas dolorosos que les resulten.





Nadie debe proponer nuevas divisiones ni que alguien quede afuera. Sí en cambio, se deben impulsar todas las acciones capaces de abrir y modernizar las estructuras de un radicalismo avejentado e incapaz de movilizar, de incluir, de atraer a todos aquellos que se fueron alejando, como producto de los egoismos, la soberbia, los sectarismos, las incomprensiones y de las intolerancias.



Hagamos un radicalismo abierto a todos, con posibilidades para todos. Que la ciudadanía recupere la visión de un partido, necesario para la democracia y para la vigencia de la República, que sea capaz de contener y dar respuestas a sus reclamos y a sus aspiraciones.



Primero los principios y las ideas, luego surgirán, naturalmente, los dirigentes adecuados. En la democracia todos somos importantes, nadie es imprescindible.



(*) [email protected]