Domingo, 30 Octubre, 2011 - 07:31

Panorama laboral
Los tres mosqueteros

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Con los resultados de las elecciones aún tibios y en medio de los ecos de la euforia oficialista, Hugo Moyano y familia salieron a marcar terreno, cual clanes de antaño -y no tanto- en guerra constante. En un puñado de horas se despacharon a gusto el jefe de los camioneros y de la CGT y sus dos delfines político-gremiales, Pablo y Facundo. Los tres, con diversos tonos pero sin dubitaciones, se alinearon para reiterar sus demandas y enviar señales a favorecedores y detractores.

Hugo aprovechó el acto de la CGT por el primer aniversario de la muerte de Néstor Kirchner para avisar, por sobre todo, que si la Presidenta no responde a los reclamos de los trabajadores estaría desoyendo el mandato de su extinto esposo, mentor y antecesor, con palabras que parecieron eufemismos para evitar términos más duros.



Las expresiones del jefe de los Moyano fueron entonces a tres bandas: para el Gobierno nacional, para el sector político y para los rivales sindicales.



Es que Moyano volvió a hacer flamear una de sus banderas favoritas, cual es el reparto a los trabajadores de las ganancias de las empresas, para lo cual ya hay proyectos en el Congreso Nacional.



En ese sentido, avisó que va a tener un puñado de diputados de extracción sindical y los azuzó para que avancen con esa iniciativa. De entrada, con el ingreso de Facundo, tiene casi media docena de "dipusindicales", entre los que se encuentran sus incondicionales Héctor Recalde y Omar Plaini.



También, con juegos de palabras e ironía, aludió con sorna a su situación judicial, que es uno de sus verdaderos desvelos. Fue cuando comentó que hubo quienes auguraban que lo iban a hacer meter preso para que el Gobierno ganara las elecciones ampliamente y entonces calculó que si eso hubiera ocurrido habrían dicho que el triunfo era suyo por haber ido detenido. No profundizó en el tema, pero evidentemente el sacarlo aunque sea en forma de chiste significa que lo tiene siempre presente.



Y surgió inmediatamente algo más claro, como las advertencias de sus cofrades y militantes, con forma de cántico tribunero, para el hipotético caso de que lo arresten por alguna de las causas en las que está investigado, como una que es un desprendimiento de la de la "mafia de los medicamentos" o la de una cuenta en Suiza perteneciente a una empresa con la que históricamente se lo vincula.



El tercer dardo fue para sus circunstanciales enemigos gremiales, fundamentalmente los "gordos", a los que restó autoridad para cuestionarlo y les endilgó responsabilidad y participación en las políticas neoliberales de los ´90.



Facundo Moyano también estuvo presente en los medios, cuando, en una inequívoca respuesta a la presidenta Cristina Fernández, dijo que los dirigentes sindicales están a la altura de las circunstancias toda vez que defienden los intereses de los trabajadores, y reiteró la demanda de una actualización del salario mínimo no imponible para que no sea deglutido por el Impuesto a las Ganancias.



Y Pablo Moyano, el escolta de su padre en el gremio de los Camioneros, no se guardó nada también a la hora de fijar posición públicamente. Pero lo hizo con algunas particularidades y revelaciones, que incluyeron una singular severidad para con empresarios y Gobierno.

Por una parte contó que Camioneros firmó, varios meses antes de la reapertura de las paritarias, una compensación salarial con una empresa láctea líder, lo que indudablemente podría ser tomado como ejemplo por el resto de las organizaciones gremiales.



Sobre el pucho advirtió que los camioneros van a salir "a la calle" para protestar por la incidencia del Impuesto a las Ganancias. Y en ese tema no se privó de bramar que ese tributo devora los aumentos de sueldo conseguidos y entonces, de acuerdo con su criterio, "trabajás para el Estado". Vaya palazo para el Gobierno, ya que le achaca, sin lugar a lectura errada, debilitar los ingresos por la vía impositiva.



También, como su padre, reivindicó el proyecto de distribución de ganancias empresariales entre los trabajadores y fustigó a quienes quieren desbancar a Hugo de la CGT.

Los Moyano, en suma, pusieron toda la carne al asador y lanzaron la pelota al otro campo, donde se desplazan los jugadores que apuntan, por razones individuales y también compartidas, al mandamás camionero y cegetista.



Algunas reacciones no se hicieron esperar, como la de representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA), alguno de los cuales, incluso, ratificó el apoyo de esa central empresarial a la Presidenta, atribuyéndole además a la mandataria el derecho exclusivo de exigir al resto de la sociedad, en base, según su consideración, al casi 54 por ciento de votos conseguidos.



El racconto de los recientes hechos y dichos de Moyano y sus hijos basta por sí solo, como en cada ocasión en que la familia sale a hablar en bloque y en absoluta sintonía, reivindicando el "todos para uno y uno para todos". Claro que, a diferencia de los inolvidables mosqueteros de Alejandro Dumas, en esta ocasión no hay romanticismo, fantasías ni sutilezas que valgan.
Fuente: 
(*) Columnista Agencia DyN