Sábado, 29 Octubre, 2011 - 19:36

Análisis periodístico
Pasó una semana apenas del espectacular triunfo de Cristina y los problemas que afloran ya lo taparon

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Las sensaciones del alma de la presidenta de la Nación parecen haber transitado picos y valles bien diferentes durante la semana que pasó. Se inflaron a pleno el domingo por el orgullo de haber construido ella sola, sin necesitar de nada ni de nadie, el espectacular triunfo que la llevó a la reelección, pese a que el mismo estuvo muy atenuado a la hora de la celebración por la falta de su mentor político, y se enturbiaron del todo cuatro días después, por el dolor íntimo que le provocó transitar el primer aniversario de la desaparición física de su esposo.

Esa misma dualidad de espíritu que vivió la Presidenta se vio reflejada en la Plaza de Mayo en las dos manifestaciones kirchneristas que se sucedieron allí: la apoteosis del triunfo, con media plaza a full el 23 por la noche, sin tanto aparato y a puro bombo y alegría y la conmemoración del jueves 27, recatada y no tan nutrida en cuanto a gente de a pie, aunque sentida en el recuerdo de Néstor Kirchner, más allá de los desbordes ideológicos de algunos protagonistas que creen haber refundado la historia. 



En medio de tantas emociones, el mundo siguió andando, con tanto para puntualizar en materia doméstica en estos pocos días, que parece que la elección tuvo lugar hace muchísimo tiempo.



Del acto eleccionario en sí mismo, han quedado como saldo algunas ratificaciones (que CFK es la única gran ganadora y que, por lo tanto, se ha cargado de responsabilidad, que las clases medias privilegiaron una vez más la situación de consumo y empleo, que los medios no ganan ni hacen perder elecciones, etcétera), varios elementos políticos que marcan el futuro (la hegemonía legislativa y un llamado a la unidad nacional algo condicionado) y ciertas incógnitas a resolver que sólo están en la cabeza presidencial (el nuevo gabinete y la relación de la Argentina con el mundo, por ejemplo).



En materia económica, también hay cuestiones de peso a poner en caja (inflación, gasto público y política cambiaria, al menos), mientras que desde el lunes mismo se notó que la avidez por el dólar seguía, en tanto la decidida mala praxis de las autoridades se empeñaba con sus determinaciones en exacerbar la demanda (gendarmes en la City, permiso de la AFIP para comprar divisas o la suma de oferta compulsiva de mineras, petroleras o aseguradoras).



Por último, dos personajes también cruzaron la semana y seguramente ellos también restaron y sumaron, respectivamente, en el ánimo presidencial: Hugo Moyano y Barack Obama. Con respecto al presidente de los Estados Unidos, quien hizo saber por un funcionario del Departamento de Estado, tras varios pedidos argentinos de audiencia nunca atendidos, que aguardaba reunirse con la presidenta argentina en Cannes en ocasión de la próxima reunión de los países del Grupo de los 20, es de esperar que el canciller Héctor Timerman no le haya contado a Cristina la misma versión casi triunfalista que se transmitió oficialmente.



"Barack Obama solicitó una audiencia bilateral en el G-20" expresó en letras de molde un comunicado de la Cancillería que, a tres días de tan contundente triunfo electoral, las usinas oficialistas presentaron casi como una rendición incondicional. Al menos, podrían haber considerado que, bajo la cortesía de un pedido diplomático, también quedaba en claro para el intelecto de los observadores imparciales que fue el estadounidense quien determinó cuándo y cómo llevar adelante la entrevista.



Un embajador de carrera, hoy sin destino y "ocupante de una canoa que navega por la Casa (Palacio San Martín)" le dijo a DyN que la euforia de Timerman sobre la bilateral fue tal que "sólo le faltó decir que lo estamos pensando". Fue el canciller, se supone que cumpliendo instrucciones de la Presidenta, quien ejecutó en febrero, tenazas en mano fotografiadas a pedido, el decomiso de armas y sobre todo la violación de claves que venían en un avión estadounidense que llegó a Ezeiza con personal y elementos para entrenar policías.

Ese episodio, tomado como una afrenta, Obama se lo cobró poniendo en un freezer a la presidenta argentina, volando a Latinoamérica sin pasar por el país, votando en contra de los créditos que aprobó el BID y el Banco Mundial, endureciéndose en el Club de París, reclamando que se paguen los juicios perdidos ante el CIADI y que se atiendan los reclamos de bonistas de EE.UU. aún en default.



Sin embargo, los observadores de cuestiones diplomáticas dicen que, más allá de los graves problemas económicos y políticos que tiene puertas para adentro, la administración Obama parece haber tomado nota que en la última reunión de la ONU, Cristina habló de aceptar un "diálogo constructivo" con Irán y que instruyó al embajador argentino ante el organismo para que no se retire y escuche al presidente Mahmud Ahmadineyad, mientras muchas delegaciones se ausentaban del auditorio.



En este delicado tironeo, probablemente la Argentina crea que las amenazas a las embajadas de Arabia Saudita e Israel en Buenos Aires y en Washington pueden haber sido una maniobra de los EE.UU. para desairar a la Argentina, cuya Cancillería ya conocía la situación de fuentes saudíes desde antes, aunque será importante saber si en Cannes el presidente Obama ofrece mostrar pruebas.



El caso de Moyano es claramente de menor escala, pero no por eso menos conflictivo, sobre todo por la frontalidad que mostró el secretario general de la CGT a la hora de decir sus cosas, ya que pareció no achicarse frente al aluvión de votos. Tres cuestiones lo tienen a maltraer al camionero: la operación del Gobierno para evitar que siga al frente de la central obrera, la falta de avance en el proyecto de ley sobre ganancias empresarias y la negación a tratar un ajuste sobre el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias.



Estas cuitas las expresó públicamente y sin pelos en la lengua, aún diciéndolas fuera de contexto, ya que estaba homenajeando a Néstor Kirchner cuando dijo que los trabajadores y él mismo apoyaron la reelección de la Presidenta el domingo pasado, una factura que no debe haber caído para nada bien en el ánimo presidencial, ni por el marco ni por la forma. Y las que no dijo, las mandó a decir por sus allegados o por sus propios hijos, incluida la amenaza de "salir a las calles, con movilizaciones y asambleas" para evitar que se sigan reteniendo impuestos sobre los salarios.



Esta exigencia, que se ha convertido en un clásico del sindicalismo moyanista, que pena en primer lugar porque los altos ingresos de los camioneros, sobre todo, caen bajo la órbita de la AFIP es, nada más ni nada menos, que un coletazo de la inflación no reconocida. Como lo es también la distorsión que se ha producido en el valor del dólar, si se considera en el tiempo la brecha porcentual que se ha generado entre la devaluación del peso y el aumento de los precios internos. Este aumento de costos en dólares le ha bajado la competitividad a las empresas y ha puesto en la góndola un producto barato que todos se empeñan en comprar.



La rigidez del "modelo" y la formación de sus cultores ideológicos impide a quienes conducen la economía pensar en otras soluciones que no sean las implementadas, herramientas que atienden más a las consecuencias que a las causas del problema. Lo que aconseja algún economista experimentado, a quien el Gobierno ha escuchado en ocasiones, es que "saquen a los gendarmes de la tapa de los diarios" y que "piensen en un plan integral fiscal, monetario y cambiario que vaya eliminando las distorsiones".



En cambio, las cabezas ciento por ciento intervencionistas que deciden la política económica, que niegan la inflación y no creen que la crisis sea más fiscal que cambiaria, han ido a fondo con los controles (prohibiciones encubiertas) con la idea de disuadir o con medidas laterales que lo que hacen es complicar a otros mercados y afectan la seguridad jurídica. Tanta ha sido la pasión por generar este tipo de mecanismos que ni siquiera se reparó que lo mismo que sucede ahora ha sucedido, con más gravedad es cierto, debido a que la restricción del sector externo era un clásico, en otros momentos de la historia y que siempre se salió por el lado de las devaluaciones traumáticas.



Sin embargo, lo peor que le ha pasado a la credibilidad gubernamental es que desde el propio Banco Central se plantó la idea de que las Reservas actuales están seriamente comprometidas y que por eso hay que conseguir dólares a como diere lugar, para asegurar la oferta. Después de todo lo sucedido durante la semana, no le falta razón a quienes contabilizan los casi 48 mil millones de dólares de Reservas en el activo y a esa tan importante suma que se muestra en la vidriera le restan todos los pasivos que hay que atender, incluidos los préstamos tomados del exterior, las Lebac y las Nobac surgidas de la emisión y la base monetaria. Así, el patrimonio del BCRA se torna vidrioso.

Uno de los factores que elevan los precios en la economía es la escasez y ésta es la sensación que hay, sobre todo cuando las últimas medidas que se han tomado son para desestimular la demanda, a partir de que sea la AFIP la que determine, tras analizar hasta el recibo de sueldo de quienes se acercan a los mostradores, quien puede comprar dólares subsidiados ($4,265) o quien concurrirá al mercado paralelo ($4,60), adonde la brecha se ampliará cada vez más para utilidad de los importadores de billetes.



Los banqueros, quienes fueron convocados al Central el viernes al cierre de las operaciones para notificarles que ya desde el lunes deberán contar con un aplicativo de la AFIP que permita saber quién es quién, estaban muy molestos porque están seguros que será imposible habilitarlo a tiempo, por lo que consideran que son espasmos de las autoridades.



En tanto, comentaron que los funcionarios del BCRA les dijeron que no los miren a ellos, ya que las medidas las iba a anunciar el ministerio de Economía, lo que hace presumir algún cortocircuito entre Mercedes Marcó del Pont y Amado Boudou. ¿Qué ha ocurrido para que tras el descomunal triunfo electoral de Cristina, el eje de la información se haya trastocado tanto como para sacar tan rápido la epopeya de la reelección de la agenda? ¿Ha sido la corporación mediática la que no se aguantó la paliza o hay una operación de desestabilización en ciernes? Lo que parece haber sucedido es nada más ni nada menos que el salto del "resorte", un elemento que las autoridades mantuvieron pisado para llegar sin sobresaltos al 23 de octubre.



No habían pasado 24 horas de la reelección cuando empezó a aflorar la mugre que había sido barrida durante meses debajo de la alfombra en materia inflacionaria. No es de extrañar que ahora, para cambiar el eje, se apunte en estos días a declarar de utilidad pública el papel para diarios y se expropie Papel Prensa. Luego, cuando se eleven los aranceles de importación porque faltan divisas o quizás cuando se obligue a los diarios a exportar frutas o porotos por el equivalente, mientras un burócrata decide a quién se le vende papel y a quien no, se vulnerarán los derechos de difusores y lectores.



Igualmente, y pese a que ya las elecciones han transcurrido, como pasó esta semana en los casos de Obama o del dólar, la comunicación gubernamental sigue transitando por los mismos carriles de parecer antes que ser. Siempre habrá una explicación a mano, que el Gobierno sabe por experiencia que los ciudadanos están dispuestos a comprar. Al fin y al cabo, el marketing es el "modelo".












Fuente: 
(*) Periodista Agencia DyN