Martes, 18 Octubre, 2011 - 11:55

Correo de nuestros lectores
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Nuestra Provincia del Chaco nos ha dado en estos últimos meses, además de la saturación que tantas campañas políticas generan en las mayorías, una serie de enseñanzas muy interesantes y que sería bueno que sean tenidas en cuenta.

A las sociedades se las puede engañar por un tiempo, se pueden aprovechar de sus temores, de sus conformismos, de distintas circunstancias que pareciera la aletargan, pero nadie puede creerse con la suficiencia para transformar ese poder en algo eterno. Las sociedades explotan siempre. Llega un momento en que manifiestan su rechazo absoluto a quienes se creyeron invencibles, a quienes se creyeron que podían hacer lo que quisieran, en nombre de una democracia que no siempre practican.



La aceptación o el rechazo de los pueblos no son contenidos por blindajes. El no aceptarlo o reconocerlo es una parte importante del autismo en que caen muchas veces algunos dirigentes, incapaces de cualquier autocrítica.



Así como la crisis global, de una manera u otra nos va a afectar, aunque el Gobierno pretenda negarlo, igual que hace con la inseguridad, con la inflación, con la corrupción, ocultando una realidad, a la que sería mucho menos complejo enfrentar, admitiéndola. En la política pasa lo mismo. Los “indignados” de la Primavera Árabe, los de España, los de Roma, los de Berlín, los de Estados Unidos, los de Buenos Aires, entre tantas otras, muestran como van creciendo y se expanden los reclamos y protestas de los olvidados, sin temor a los poderosos. No reclaman mucho, sólo reclaman el tener un lugar en el mundo, sólo reclaman por la dignidad, por el trabajo, por la justicia. Solo reclaman por todo aquello que se roba la corrupción y la soberbia de los poderosos.



Es casi como un renacer de una nueva Revolución Francesa, luchando nuevamente por la libertad, por la fraternidad y por la igualdad.



En la Provincia hemos tenido las elecciones Primarias de agosto, mejor ni hacer mención a esas fraudulentas y vergonzosas elecciones, que denuncié por ese motivo y de las que nunca conoceremos sus verdaderos guarismos. Luego vinieron las del 18 de setiembre y las del 9 de octubre, a las que me voy a referir. En las primeras triunfó con amplias ventajas el oficialismo, de la mano del Gobernador, en las segundas triunfó con amplias ventajas el radicalismo de la mano de exitosos intendentes de las dos mayores ciudades provinciales.



El próximo domingo se realizarán nuevas elecciones y deberemos elegir, además de a quienes gobernarán la Nación desde el Poder Ejecutivo, a nuestros representantes en el Poder Legislativo.



Entre los que tienen mayores posibilidades se encuentran por un lado, Hugo Maldonado, quien tuvo la inteligencia de darse cuenta que los candidatos no deberían ser elegidos más por el dedo de nadie, que era hora de cambiar una metodología que empañaba y desprestigiaba la política. Le guste a quien le guste, fue el primero en largarse a una interna indispensable dentro de la UCR. Él y su lista son los únicos candidatos surgidos de democráticas internas. Tiene a su favor una larga trayectoria militante, con aciertos y con errores, como todo el mundo, pero nadie puede decir de él que no es un luchador por la gente.



Del otro lado el oficialismo presenta en sus listas a dos conocidos dirigentes, José Mongeló y Gladys Soto. Ambos fueron elegidos únicamente por la voluntad de la Presidente. Ambos ya fueron Diputados, ambos demostraron sus capacidades o incapacidades para ese puesto por el que ahora disputan.



Tanto en el caso de Maldonado como en el de Mongeló-Soto, todo el mundo podrá cotejar qué hicieron, qué proyectos importantes presentaron, cómo trabajaron, para quien trabajaron, si lo hicieron con corrección, si servirían de ejemplo para algo.



Seguramente de las comparaciones saldrán los votos que acompañen a unos u a otros. Necesitamos una Cámara de Diputados que trabaje, que nos represente, que lo haga pensando en la gente y en sus necesidades, no en las propias o en sectarismos.Pensemos que quienes resulten elegidos serán nuestros representantes, serán la imagen y la representación ante la Nación de todos los chaqueños.



Ya en las elecciones del 18 de setiembre y en las del pasado 9 de octubre, vimos como la ciudadanía supo diferenciar lo que consideraba mas adecuado a sus intereses y eligió en consecuencia.



En las primeras, además del claro triunfo del Gobernador, vimos como un Nikisch, muy solitario en cuanto apoyos, conseguía más de un 30% de los votos y cómo, las intendencias que habían sido bien gobernadas eran retenidas por la oposición, pese a lo adverso de las circunstancias electorales.



En las de octubre sucedió lo mismo, en ciudades como Resistencia y Saenz Peña, la gente, sin distinción de pertenencias partidarias, los radicales, los socialistas, los peronistas, los independientes, eligieron lo que consideraban mejor para sus intereses ciudadanos. Los candidatos ganadores no fueron elegidos por gente de un sólo partido, tuvieron la capacidad de ser convocantes a una pluralidad. Dieron un ejemplo de cómo la dirigencia debe volver a ser convocante, y no cerrada, amiguista y sectaria.



La sociedad también distingue a quienes no están sospechados de corrupción. Esta sociedad está aprendiendo a castigar a los corruptos, aunque no hayan sido condenados por la justicia, pues todos sabemos que la justicia pocas veces castiga a los ladrones de lo público. Y todos tenemos algunos dirigentes muy altamente sospechados y repudiados por ese motivo, cada vez con más claridad. Ojalá lo percibieran y dieran sólos esos necesarios pasos al costado.



Creo que estas elecciones, además de claros triunfadores y perdedores, por más que éstos últimos pretendan colgarse de victorias que no les pertenecen, nos muestran un camino de renovación para todas las estructuras partidarias.



Y es bueno y esperanzador que así sea, cada partido debe ser el mediador entre la sociedad y el gobierno, deben tener principios claros, definidos y respetados. Principios que sirvan para la vida real y no para llenarse la boca quienes los han olvidado. Partidos que además de principios deben tener ideas y proyectos con vocación de gobierno, antes que ambiciones personales.



Gane quien gane, creo que estas elecciones, las pasadas y la próxima, deben servirnos de aliento y esperanza, deben motivar la participación de todos, sin exclusiones. Debe ser la sociedad misma quien tenga la posibilidad de elegir en verdadera libertad a sus dirigentes.



Debe ser la sociedad misma la que encuentre, en estos próximos tiempos, la posibilidad de participar, sin que le cierren las puertas quienes precisamente deberían abrirlas a todos para que participen.



Debe ser la sociedad la que castigue muy duramente el uso de la función pública y de los bienes del estado para beneficios personales o políticos. Si fue hasta ahora una práctica habitual, debemos modificarla.



La verdadera democracia requiere de las instituciones republicanas que le den garantías, requiere de la participación de todos, del control de todos, única ,manera de que esa democracia esté auténticamente al servicio del pueblo y no de indignos intereses. Nadie debería sentirse un rehén de su propio gobierno.



La verdadera democracia, para estar al servicio del interés general, requiere de la moral pública y esa moral pública es cosa de gobernantes y de gobernados. La cosa pública es de todos. Hay mucho por hacer, hay mucho por cambiar.



(*)[email protected]