Lunes, 17 Octubre, 2011 - 13:38

Denuncia por corrupción golpea la organización del Mundial en Brasil

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Una batería de denuncias de corrupción, publicadas el sábado último por un semanario brasileño, apunta a desestabilizar a un super ministro del gobierno de Dilma Rousseff. Se trata de Orlando Silva, el funcionario que acumula en sus manos la realización en Brasil de los dos mayores eventos deportivos mundiales, la Copa de 2014 y las Olimpíadas de 2016.

Lo acusan de ser el operador de un grupo ilegal de recaudación, dentro del ministerio, que sirvió como fuente de financiación del oficialismo en la campaña electoral de 2010.



Silva, que viene del gobierno de Lula, es el principal interlocutor entre el Ejecutivo brasileño y la Federación Internacional del Fútbol. Para la FIFA, un debilitamiento del funcionario resultará poco menos que dramático en momentos en que Brasil y la entidad negocian los detalles finales de la Ley brasileña de la Copa y de la determinación de cuáles serán las ciudades sede.



Orlando Silva debió interrumpir el sábado su agenda en Guadalajara, donde asiste a los juegos Panamericanos, para ofrecer una conferencia de prensa a los periodistas que lo acompañaban. También habló con Dilma, a quien le aseguró que todo lo dicho por dos personajes a la revista Veja –que desde que asumió Rousseff se especializó en cruzadas contra la corrupción—no son más que calumnias “sin fundamentos”.



Los “denunciantes” en cuestión son el policía militar (provincial) José Dias Ferreira y su compadre Célio Soares Pereira. Ambos dijeron a la publicación paulista que habían recibido dinero desviado de un plan social del ministerio deportivo.



El policía Ferreira, un ex militante del mismo partido de Orlando Silva –el Partido Comunista del Brasil (PCdoB)–, dijo que el ministro recibió remesas de dinero “desviado” y que llegó a pagar con parte de ese dinero a la empresa gráfica que imprimía adhesivos para la campaña de reelección de Lula en 2006. Eso indicaría que el esquema de corrupción viene de lejos, lo que hace más sorprendente que recién ahora el caso salga a la luz.



De acuerdo con el diario Estado de San Pablo , en la FIFA entre tanto hay alarma. Altos ejecutivos de la entidad expresaron “preocupación” ante una eventual caída de Orlando Silva. Temen que este hecho venga a complicar las negociaciones finales sobre qué formato debe tener la Copa 2014. Ayer desembarcaba en Zurich una misión brasileña para discutir los últimos capítulos, entre ellos, decidir cuáles serán las sedes del mega evento futbolístico. Pero también deben discutir las relaciones entre el poder nacional, los poderes provinciales y municipales, de un lado, y la Confederación Brasileña de Fútbol y la FIFA, del otro. El corresponsal del diario Estado en Ginebra Jamil Chade contó que en una entrevista con altos ejecutivos de la FIFA estos confesaron: “Estábamos preocupados con el desorden del proceso. Pero esto (las denuncias contra el ministro) pueden complicar todavía más el escenario”.



El diputado oficialista Vicente Cándido, que preside en el Parlamento la Comisión Especial sobre la Ley General de la Copa, dijo: “Es claro que esto afectará lo que se está haciendo por la Copa”.



La alarma se basa en una intuición y es que las decisiones que competen al gobierno de Dilma pueden sufrir largas postergaciones en temas centrales. También está en juego resolver cuál será el estadio de apertura y cuál el de cierre, que debe ser anunciado oficialmente a fin de esta semana.



Entre tanto, los tiempos se achican y las obras no empiezan.



No hay todavía una estimación clara de cuánto puede costar el Mundial. La última cifra del gobierno de Dilma fijó la inversión nacional, pública y privada, en 15.600 millones de dólares. Es una cifra 30% superior a la que había estimado el ex presidente Lula da Silva en enero de 2010. En ese monto entran los estadios, los puertos y aeropuertos y el gasto en obras de movilidad urbana.



Ni siquiera el valor corregido del gobierno nacional se aproxima a la que calculó la Asociación Brasileña de Infraestructura e Industrias de Base. Según la entidad, que reúne a las constructoras, el evento deportivo deberá costar una suma sideral: 65.000 millones de dólares.



En ese contexto, el debilitamiento de Silva no podría caer peor. Sectores del opositor partido socialdemócrata (PSDB) y del derechista Demócratas pidieron la urgente investigación del caso. Según un diputado del PSDB, “el ministerio de Deportes está frente a las obras y preparativos de la Copa y de las Olimpíadas (2016) y eso involucra miles de millones de reales. El ministro no puede estar bajo sospecha de corrupción”.
Fuente: 
Clarín