Domingo, 16 Octubre, 2011 - 08:59

La bonanza política oficial
Verdad y realidad

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La campaña electoral de la nada entra en su última semana. Las encuestadoras serias preanuncian un triunfo del oficialismo por una cantidad de votos aún mayor que la del 14 de agosto. Las mismas empresas señalan que no hay datos respecto del volumen que podría alcanzar el corte de boleta a fin de hacer las cosas más equilibradas en el Congreso.

Para ello habrá que esperar a que se abran las urnas y se cuenten los votos. Sería una verdadera sorpresa que hubiera un corte de boleta de la magnitud necesaria que privara al oficialismo de tener la supremacía en ambas cámaras legislativas. Esa es la principal aspiración –en verdad la única– que tiene la oposición que, hay que decirlo, ha hecho poco –muy poco– para entusiasmar e interesar al electorado acerca de la importancia de esa circunstancia de enorme trascendencia institucional. Lo dicho, la campaña de la nada.



En medio de este tedio, la oposición ofrece todas las semanas hechos que explican claramente por qué la mayoría de la ciudadanía ha decidido no elegir a sus candidatos.

Ahí está el reconocimiento que hizo Eduardo Duhalde al señalar que el Peronismo Federal es una bolsa de gatos de la que, obviamente, él mismo forma parte.



Otro “hito” de los ejemplos de la horrible campaña opositora –sobre la que se podrían escribir varias páginas– lo representan los spots publicitarios de Ricardo Alfonsín, en los que pareciera que el candidato cada vez grita más, y de Graciela Ocaña, con alusiones al sheriff y a la hormiguita que directamente parecen haber sido pergeñados por sus peores enemigos.



En este marco preelectoral se llevó adelante un nuevo coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA). En el centro de la atención del encuentro realizado en Mar del Plata estuvieron la crisis económica y sus coletazos, que han comenzado a sentirse en la Argentina. Esto es consecuencia de lo que está sucediendo principalmente en Brasil, en donde el enfriamiento de la economía genera una creciente preocupación a los empresarios argentinos –casi más que la devaluación del real– ya que ello afecta, y fuertemente, las exportaciones desde las Argentina.



Un dato marca esta dependencia: en la inauguración de la planta de Pirelli que encabezó la Presidenta –un hecho positivo–, una de las causas fundamentales que motivaron esa inversión es la posibilidad de aumentar sus exportaciones en 275 millones de dólares, siendo Brasil el objetivo principal. Esta es una realidad presente y futura de la que dependerá la venida al país de nuevas inversiones vinculadas a proyectos industriales que se requieren para el desarrollo pleno de la Argentina.



El otro tema de análisis del coloquio fue la inflación. “Eso nos preocupa mucho, pero no diga que yo lo dije, si no el lunes tengo que aguantarme la monserga de Moreno”, reconoció uno de los asistentes al encuentro. Así son las cosas en el presente, y así lo seguirán siendo en el futuro.



Nadie sueñe, pues, con un nuevo Indek. “Para qué cambiar, si así nos va muy bien”, confiesa una fuente del Gobierno con despacho en el Ministerio de Economía, que además agrega: “Ojo con Boudou, las ambiciones políticas de Amado no tienen límite”.



Como siempre pasa en esa reu-nión, lo más significativo es lo que acontece en los pasillos que, muchas veces, nada tiene que ver con lo que se dice durante sus sesiones de discusión y análisis.



Al margen de estos datos, hay otras circunstancias que se dieron en el lugar que son significativas de lo que pasa en ese mundillo conformado por los hombres y las mujeres de negocios de la Argentina. Hoy casi nadie recuerda –ni lo quiere hacer– que el año pasado quien estuvo en la cabecera de la cena de inauguración fue Duhalde. Ahora, en cambio, la que estuvo fue su ausencia y fueron muchos los asistentes que antes se deshacían en elogios hacia el hoy candidato sin chances del Peronismo Federal y despotricaban contra la Presidenta que, a modo de verdaderos conversos, buscaron hacer lo imposible a fin de asegurar su concurrencia.



Así pues, fue una paradoja propia de estos tiempos la que protagonizó el jueves pasado Hugo Moyano en la continuidad de su ciclo de charlas a los estudiantes de diferentes universidades del país. En la sede de la Universidad Siglo XXI en Córdoba, el secretario general de la Confederación General del Trabajo habló de las acechanzas de tiempos duros que vendrán y de su compromiso de asumir la defensa de las conquistas salariales de los trabajadores. Estas expresiones son la muestra indeleble de lo que sus declaraciones formales de apoyo al Gobierno pretenden negar, y que lisa y llanamente tienen que ver con su deteriorada relación con la Presidenta.



Moyano ya sabe que en el poder lo miran con un fastidio que crece día tras día. “Si se porta mal y sigue molestando, la va a pasar mal”, sentencia la voz de alguien que atiende en la Casa Rosada.



Un empresario que integra la actual conducción de la Unión Industrial Argentina (UIA) y que suele hablar con Moyano lo escuchó quejarse amargamente. “No puedo andar divulgando a los cuatro vientos que tal vez me vaya en diciembre; me destruirían”, llegó a decir el líder camionero, que se reconoce inquieto por su situación judicial, que intuye movida por el Gobierno con la intención de limitarlo y sacarlo de la cancha.

En una semana la sociedad argentina decidirá su destino por los próximos cuatro años. Y todo parece indicar que es un destino por el cual el país se encamina a la consolidación de un poder económico como no se ha visto en el país desde la recuperación de la democracia, en octubre de 1983.



Esa es la realidad de lo que vendrá. Y como dijo Aristóteles, la única verdad es la realidad.



Producción periodística:

Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.