Sábado, 15 Octubre, 2011 - 18:56

Los empresarios se ponen a la sombra del modelo, pero quieren saber para que lado se inclinara CFK

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Los hombres de negocios han decidido bailar con la música que le tocan y eligieron el Coloquio de IDEA para expresarlo. Sin pruritos, muchos de los empresarios que se reunieron en Mar del Plata hasta el viernes pasado bajo el paraguas de la búsqueda de oportunidades para aprovechar la crisis global, dejaron en claro que, para darle continuidad a sus empresas, el calor del Estado sigue siendo, para buena parte de la dirigencia, un buen palenque adónde ir a rascarse.

En nombre del pragmatismo y esta vez con el notorio direccionamiento que le dio a la reunión la presencia de la máxima dirigencia de la Unión Industrial Argentina, experta en estas lides de no confrontar y sí de influir, los hombres de empresa sacaron a relucir una regla clave de amplia tradición en la Argentina bajo todo tipo de gobierno: ponerse al resguardo confortable del calor oficial y además, en este tiempo de elecciones, no hacer ninguna crítica abierta a la fuerza que ganará la semana próxima. 



Justamente, jugar esa carta ante el kirchnerismo parece ser hoy de extrema valía ya que, con el gancho de una caja que hasta ahora todo lo puede, desde el Gobierno existe avidez extrema por sumar ovejas descarriadas al redil. Sobre todo, si se trata de IDEA, una institución sobre la cuál el propio Néstor Kirchner tenía prejuicios, quizás porque no sabía a ciencia cierta que su principal objetivo no es el de ser una entidad gremial empresaria que defiende intereses corporativos, sino que se dedica esencialmente a la capacitación de cuadros ejecutivos bajo los más altos estándares educativos internacionales.



El destrato no se entiende, salvo que de esto último se trate la antipatía oficial, en línea con la cruzada kirchnerista de uniformar mentalidades bajo la instalación de nuevos paradigmas, algo que viene haciendo la intelectualidad K con gran éxito desde hace ocho años en las escuelas públicas, en las universidades tradicionales y en las nuevas distritales o a través de la proliferación de medios que no son tan plurales como propone la nueva Ley, sino que suelan replicar una sola voz. Lo concreto es que a la luz de los nuevos tiempos, esta vez los empresarios se dedicaron a hablar mucho más que en otras ocasiones de "complementación público-privada", de "Estado facilitador" o de "Estado articulador", quizás para no sucumbir ante el aluvión de votos que tendrán a favor el domingo próximo todos los partidos que defienden en la Argentina este modo de entender la vida, tan alejado de la competencia que privilegian los mercados. A lo sumo, le sintetizó un empresario a DyN como el menor de los males, "eso es mejor que un Estado planificador o centralizador", dijo antes de criticar a Guillermo Moreno. 





La justificación de los empresarios es que no pueden quedarse afuera del juego porque si no peligraría la continuidad de sus compañías y el empleo de miles de personas, ya que, en los tradicionales términos de pulseada comercial, serían desplazados del mercado por aquellos que viven una vida más fácil ubicados en la órbita K. Más allá de ciertos reparos morales hacia tan terminante giro de valores, lo concreto es que, salvo algunas pocas excepciones, muchos participantes de este Coloquio omitieron hacer pública mención de muchos temas actuales de la economía de los que sí hablaron críticamente en privado: la brecha entre precios internos (inflación) y tipo de cambio, la pérdida de los superávits fiscal y comercial, la fuga de capitales, la prohibición de importaciones y de exportaciones, la maraña de subsidios distorsivos, los problemas de financiamiento, etc. En este racimo de temas, una voz autorizada del sistema bancario, aconsejó mirar en detalle el ritmo de crecimiento de los créditos en relación con la suba de depósitos. 



El referente expresó su preocupación porque no hay demanda crediticia, lo que cree que puede ser usado por las autoridades para avanzar sobre los bancos. No obstante, no se privó de remarcar que las tasas de interés van hacia arriba, lo que no deja de ser un modo bien ortodoxo que están usando las autoridades para frenar la salida de dólares por expectativa de atraso cambiario, uno de los problemas, junto con el de los subsidios que la mayoría se juega que se habrá de corregir en el tiempo. 



En otro orden, y como si no existieran, tampoco se escuchó públicamente ni una sola voz en el Coloquio que reflejara la genuina preocupación que tienen los empresarios en otras cuestiones institucionales que enturbian decisivamente el clima de negocios, como la posibilidad de que se instale en el Congreso una hegemonía kirchnerista que permita no sólo prorrogar la Ley de Emergencia Económica, sino una eventual modificación de la Carta Orgánica del BCRA para permitir el uso de más reservas o, hacia adelante, hasta la declaración mayoritaria de la necesidad de una reforma constitucional que apunte o hacia la reelección indefinida o bien hacia un cambio de sistema, del presidencialismo al parlamentarismo. 



Entre los silencios que se dejaron escuchar por notorios fue muy evidente también la falta de referencias hacia otros temas sensibles como son las dificultades actuales y futuras de la prensa no encolumnada, el creciente alineamiento de la Justicia o los problemas con el mundo que la actual política exterior no sabe cómo encarrillar, como la deteriorada relación con los EE.UU., el FMI, el Club de París, el CIADI y el GAFI, el caso Irán o el futuro en el G20. 



Los claroscuros fueron muy evidentes. En los salones se discutieron temas de verdadero peso como son la innovación productiva o el papel crítico del capital humano o la educación como motor para tratar de visualizar si es posible que, pese a todo, la Argentina crezca de modo sustentable con inclusión y movilidad social y cómo son las principales tendencias de la economía global a partir de la desaceleración de los Estados Unidos, los problemas de la deuda europea y sobre todo del coletazo de la crisis en China y Brasil o los vaivenes del precio de la soja. 



En tanto, en los pasillos la obsesión de los participantes pasó por temas en apariencia más banales, pero importantes para la planificación empresaria, como por ejemplo arriesgar quién será el próximo ministro de Economía, como un modo de predecir si la Presidenta va a profundizar o a corregir el modelo. 



Una rápida compulsa hecha con varios referentes de distintos sectores dejó varias probabilidades con mayor consenso. En primer término, todos suponen que "eso lo va a decidir Cristina" y aguardan en primer lugar que el elegido sea "un tapado", para no darle la razón a ninguna de las líneas internas, ni a aquellos que apuntan a más de lo mismo, aunque con rectificaciones destinadas a recuperar los pilares perdidos y a retomar las relaciones con el mundo financiero o a quienes van por todo, manoteando cuanta caja haya disponible, a direccionar el crédito y a nacionalizar el comercio exterior. 



Para el primero de los escenarios el mundo empresario de IDEA apuesta a Hernán Lorenzino o eventualmente a Mercedes Marcó del Pont y para el más radicalizado ponen sus fichas a Roberto Felletti o a Iván Heyn. Más allá del divertimento, en general nadie sabe nada y confían en la racionalidad de la Presidenta, quien no tiene razones, dicen, para armar mayor revuelo con medidas extemporáneas, sobre todo porque las inversiones de fuste no vienen por este rincón del mundo y se necesitan y porque Amado Boudou, su compañero de fórmula, está poniendo la cara en el G20, lugar que la Argentina no quiere perder.

Si bien ser miembro de este selecto club de países, que la Argentina le debe a la condición de aliado estratégico de los Estados Unidos que logró el presidente Carlos Menem y a sus ratios económicos pre-endeudamiento de la odiada década del '90, no existen mecanismos de desplazamiento de sus miembros. Hoy, la Argentina tiene un duro contrincante en los Estados Unidos y poco rating con otros grandes países como para ir a dar consejos y menos con cierta soberbia como la que se expresa internamente. 



Sin embargo, con gran pompa dentro del propio kirchnerismo se ha dicho que el ministro junto a su par brasileño no se va a privar de expresar como una verdad revelada que no hay que usar la receta del ajuste con quienes tienen problemas de solvencia y que él recomendará aplicar el modelo K. Habrá que ver cómo le va y sobre todo cómo le allana el camino a la propia Presidenta quien deberá verle la cara a sus pares en Cannes (Francia) dentro de unos días. 



Sobre llovido, mojado, en materia internacional, casi al comienzo del Coloquio estalló la denuncia de un medio estadounidense sobre un eventual complot de los iraníes para atentar contra objetivos diplomáticos en Washington, pero también contra las embajadas de Israel y Arabia Saudita en Buenos Aires. La perla periodística no tuvo confirmación oficial de los voceros de los Estados Unidos, ni mucho menos de la Cancillería argentina. Más bien, los medios argentinos, aún los oficialistas, hablaron siempre de "versiones periodísticas" en cuanto al caso argentino. 



Es más, un par de horas antes de conocerse la noticia de ABC News, el canciller Héctor Timerman había explicado en la celebración del Día del Diplomático en el Palacio San Martín, que "la actitud de apertura" que la Argentina escogió "ante el anuncio de cooperación de Irán respecto a la causa AMIA", no busca "el diálogo como un fin; el objetivo es justicia para las víctimas". La propia presidenta de la Nación había señalado el 21 de setiembre en las Naciones Unidas que el Gobierno recibió el 16 de julio un mensaje de la Cancillería iraní "expresando su intención de cooperar e iniciar un diálogo constructivo con la Argentina". 



Justamente en Mar del Plata, una fuente de la cancillería argentina le dijo a la Agencia Reuters que "Arabia Saudí alertó hace cuatro meses" sobre el eventual atentado iraní, declaración que dejó descolocada a la propia Cristina Fernández, ya que se supone que ella conocía el aviso cuando dijo lo que dijo en la ONU, advertencia que habría ingresado el 27 de julio a la Cancillería. No obstante, tanta confusión en estos temas periféricos, sirvieron para darle un poco de aire al Coloquio, cuyos integrantes, metidos como estaban en pensar cómo serán los próximos cuatro años de administración kirchnerista, no se sintieron ni siquiera conmovidos por la presencia de tres gobernadores electos, Antonio Bonfatti (Santa Fe), Mauricio Macri (Capital Federal) y Juan Manuel Urtubey (Salta). 



Lo que cuando se organizó el encuentro empresario en esta fecha, entre las Primarias y las generales, parecía ser una gran vidriera para los candidatos, quedó clausurada por la performance del kirchnerismo en agosto. La ventaja indescontable de la Presidenta no sólo le bajó los brazos a los mismos opositores, sino que puso a los hombres de negocios a seguir masivamente la línea de la UIA. 



Igualmente, si la consigna era no hacer olas para que no se note ningún atisbo de oposición, el resultado parece haber sido exactamente a la inversa, ya que tanto silencio dejó al Coloquio expuesto a que se lo considere como un reducto más del avance del oficialismo.
Fuente: 
DyN