Sábado, 15 Octubre, 2011 - 18:37

Elecciones-2011-Economía
Qué hará el Gobierno con los pilares del modelo después de superar el test del 23 de octubre

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Entre los dilemas a los que se enfrentan los gobiernos, encontrar el momento justo para corregir un modelo económico exitoso se anota en los primeros lugares. La historia demuestra que la respuesta siempre llegó tarde, pero nunca se estuvo ante un escenario como el actual, con un crecimiento con pocos antecedentes y con la posibilidad de que una Administración llegue a más de doce años de continuidad en el poder.

Doce años es mucho tiempo para que los fundamentos de un programa permanezcan sin alteraciones. Pero el Gobierno, ¿reconoce que la solidez de sus pilares está siendo corroída y que si no atiende la situación a tiempo corre riesgo de derrumbe? Y en el caso de que admita el problema, ¿cuáles serán las soluciones que prevé implementar?



Mal que le pese al relato oficial, Néstor Kirchner fue el primer presidente desde 1983 que asumió con la economía en crecimiento, a tal punto que animó su campaña al anunciar que mantendría al ministro de Economía de su predecesor. 



El 25 de mayo de 2003 el dólar cotizaba a 2,90 pesos y el "trabajo sucio" de la devaluación con la pesificación asimétrica ya estaba hecho. Las reservas del Banco Central se habían recuperado y llegaban a 11.045 millones de dólares, suficientes para respaldar una base monetaria de 33.920 millones de pesos, con apenas 5.095 millones de pesos en LEBAC. En tanto, Brasil emprendía una inédita estabilidad, amparada por un ingreso de capitales que llevaba a su inflación a un dígito anual y el panorama se completaba con el ingreso de China al mercado internacional y su creciente demanda de un commodity tan denostado como necesitado: la soja. 



El saldo comercial de 2003 fue positivo en 15.536 millones de dólares y en noviembre 2003/noviembre 2004 se alcanzó un superávit primario de 4,3 por ciento del PBI. Por primera vez, en más de medio siglo, se registraba una inflación anual de un dígito (3,7 por ciento) sin cláusulas que impidieran la libre flotación cambiaria. 



El gobierno no mantuvo esos resultados en ocho años con las recetas ortodoxas, aunque más de un heterodoxo se sorprendería al observar a qué se echó mano para hacerlo. En base a las previsiones para todo 2011, el gasto público aumentará siete veces en ocho años, a razón de un promedio de 28 por ciento anual. Si en el primer tramo del kirchnerismo ese incremento se basaba en la necesidad de salir de casi un lustro de recesión, en los últimos años hubo que recurrir a cuestiones menos confesables. Aparecieron las "cajas", que ayudaron a disimular el retroceso relativo de los ingresos impositivos para afrontar el gasto. 



En 2003, los ingresos tributarios sin retenciones representaban el 58,3 por ciento de los ingresos corrientes, proporción que cayó a 47,3 por ciento en 2010. El bache no se llenó solamente con retenciones, si bien la suba de la alícuota de 20 a 35 por ciento no es un dato para despreciar. 



La estatización de las AFJP y el uso del Banco Central, primero con utilidades y luego con reservas de libre disponibilidad, fueron decisivos para que las cuentas no fueran deficitarias. Desde una participación de 0,9 por ciento en 2003, las "rentas de la propiedad" saltaron a 9,2 por ciento en 2010, como para mostrar un superávit financiero de 3.068 millones de pesos que, de no mediar las "rentas", hubiera sido un déficit de 25.282 millones. 



Uno de los principales factores que determinaron ese deterioro son los crecientes subsidios a los sectores económicos, que este año podrían llegar a 80 mil millones de pesos. O dicho de otra manera, cada familia paga más de veinte pesos por día para que no le suban la luz y el colectivo... Más allá de lo absurdo, representa un peso de 20 por ciento en el gasto total y una solución más difícil, a medida que se postergue. Y con un impacto inflacionario que quizás el gobierno intente ocultar como viene haciendo desde enero 2007 con las cifras del INDEC. 





A la salud del otro gemelo, el superávit comercial, tampoco le va mejor. Los intentos de Comercio Interior por frenar las importaciones no alcanzan para evitar el declive del saldo comercial, que cerrará 2011 en el menor nivel del kirchnerismo. En este caso, es la soja la que disimula el derrumbe. En 2003, la liquidación de divisas del complejo oleaginoso, del que la soja y sus derivados son la parte principal, representó 60,8 por ciento del total del superávit comercial. En lo que va de 2011, es 258,7 por ciento. O si se prefiere, los 7.098 millones de dólares de superávit registrados hasta agosto serían sin soja, girasol y derivados un déficit de 11.264 millones. Los problemas se agravaron en los últimos meses con una caída de la cotización de la soja, cuyos efectos serán difíciles de disimular en la balanza comercial de 2012. 



También habrá que prestar atención a la disyuntiva brasileña sobre privilegiar la competitividad o la estabilidad de precios. Cualquiera de las dos opciones tendrá consecuencias: si el real se sigue depreciando, será difícil que el peso no siga sus pasos. Y si se recurre a recetas antiinflacionarias, la demanda de productos argentinos se verá jaqueada. 



Todos los factores mencionados coexisten con una paridad cambiaria que, a pesar del discurso oficial, muestra la apreciación del peso más prolongada de la historia, ya que desde junio de 2002 la cotización del dólar subió apenas 6 por ciento. 



Para muchos economistas, la venta de dólares por parte del Central incentiva a adquirir divisas a la espera de un salto en su cotización. El resultado es una fuga de capitales que amenaza con cerrar el año con más de 25 mil millones. La evolución de las reservas del BCRA dan prueba de ello. En los últimos dos meses se quebró la tendencia iniciada en 2002 y muestran una caída de casi 4 mil millones de dólares. Para 2012, se prevé utilizar 5.674 millones de dólares para el pago de la deuda. Hay dos maneras para que sean de "libre disponibilidad": un impresionante ingreso de capitales o una "corrección" del tipo de cambio. Tal vez exista una tercera, de la mano de la inminente renovación legislativa, como ser una reforma a la Carta Orgánica del BCRA. 





Pero eso ya es terreno de las especulaciones sobre lo que puede venir después del 23 de octubre, como parte de un paquete que incluye inflación, subsidios, tarifas de servicios públicos, control del gasto y emisión monetaria. ¿Tendrá el Gobierno margen para postergar definiciones? Las cajas de la soja, la ANSES y el BCRA ya no son tan atractivas y en la City, como es habitual en tiempos electorales, se barajan nuevas alternativas.

Más allá de dar o no crédito a las versiones en danza, todo dependerá del grado de fortaleza política que derivará de los resultados del 23 de octubre. Y de comprender que la corrosión de los pilares no se resuelve con una mano de pintura.
Fuente: 
DyN