Martes, 11 Octubre, 2011 - 08:33

Correo de nuestros lectores
¿Que te gustaría ser?

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Esta pregunta se la hice a Sebastián. El tiene quince años y cursa el secundario, no muestra entusiasmo, semiencorvado, somnoliento, arrastrando los pies, como si tuviera todo el tiempo del mundo se acerca y luego de sentarse frente a mí, le hice la pregunta. 

A Sebastián le costó entender lo que le decía. Está más preocupado por tener un celular nuevo, una moto, porque otros lo tienen. Lo que le digo, es para dentro de “mucho”

Mientras se discute si la violencia es social, escolar, de género, familiar, no se hace otra cosa que hablar de Violencia, un mal silencioso que se filtra en todos lo ámbitos, El tomar lo “que se quiere” por la fuerza.



¿En qué modelo o personas querrían proyectarse los jóvenes ahora? Imitarlos, ser iguales, parecidos, admirarlos. A los que tienen poder? O a los que tienen dinero?

Quizás distingan el éxito del famoso, o del que pudo terminar una carrera.



¿Querrán imitar al líder, al simpático, al fachero o elegante, al duro, o al transgresor?

Querrán ser iguales que algunas la figuras familiares? Ellos en algún momento los observan, porque sus padres “son los grandes”. El mundo es de los grandes.



Los medios están plagados de figuras famosas en la música, de políticos exitosos, y de líderes barriales fuertes.



Nuevos modelos, nuevas demandas, nuevas necesidades., otras apetencias.

Lo que no se había planteado Sebastián que “el querer ser”, traerá consigo lo que pueda “tener”.



Porque en una sociedad de consumo que crea una sed permanente con sus productos, queriendo convencer que “si tienen tal o cual cosa serán más persona”.



Querer ser mejor, o el primero, es la carrera que los tendría que impulsar a luchar por el como vivirán y que cosas podrán ser capaces de disfrutar.



En algún lugar debería estar a la vista o predicar aquellos valores que se necesitan para “ser un buen ciudadano”, “ser una buena persona”. Ello lleva implícito lo que “se debe o no se debe”, las pautas, los requisitos, lo que se necesita para ser parte de una sociedad. Y que “el fín no justifica los medios”.



Pero al obviar valores, al no exigirlos se deja librado a la suerte el manejo y desmanejo de emociones , que no tienen límites y no tienen claro a donde podrán llegar o las oportunidades que perderán con sus exaltaciones o excesos. Porque de alguna manera habrá que impedirlo.



Esta “educación”, incumbe a todos, porque todos deben premiar o castigar en cualquier ámbito los aciertos o los desmanes.



¿Cómo? Estimulando, eligiendo, rechazando, exigiendo, vedando., impidiendo.

Una manera de hacer sentir que “así no puedo entrar”, “así no puedo trabajar”,” así no puedo llegar” , “ asi no puedo vivir”.Es un acto pasivo-activo de admitir o no admitir. Aquí, juega un papel muy importante el orgullo personal. Cada uno desarrrollará sus fortalezas en aras de algo o de alguien.



Y ésto es para todos lo que no quieren reconocer los derechos de los demás, en cualquier lugar y actúan con violencia.



Qué simple y que difícil, plantear que la sociedad debe educar hacia “el respeto”.y que tiene autoridad para hacerlo. Pero deben conocer los valores de convivencia.



Y recordando la conversación con Sebastián: en qué momento y en que ámbito se les plantea a los chicos “que querés ser? . No es una pérdida de tiempo, es una inversión.



Ahora la discusión y la queja, es por creer que los jóvenes están equivocados, que no

conocen otro camino que la violencia, pero no tienen una señal que les indique, que esta no es la sociedad que queremos. Entonces comencemos a construirla. Recuperemos el tiempo perdido.



(*) [email protected]