Sábado, 8 Octubre, 2011 - 19:09

Análisis periodístico
La orden de Olivos es no hacer olas, pero se habla de "nueva cultura" y de "nueva institucionalidad"

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Si hay algo que caracteriza de modo esencial al kirchnerismo es la centralización de las decisiones, no sólo las que diseñan el andamiaje interno de su funcionamiento, sino las más importantes, las que asignan el dinero y las que unifican el pensamiento. Lo que de Néstor Kirchner se decía que era una circunstancia clave de su vida política, producto de la desconfianza, ha seguido vigente de un año a esta parte, corregido y aumentado a través de su viuda, quien además ya no tiene aquel soporte afectivo para compartir la responsabilidad, lo que para afuera la carga positivamente de carisma.

Por esta singularidad K, más pragmática que ideológica y de mayor profundidad estratégica que algunos devaneos de Carlos Menem en el mismo sentido, el país que seguramente ratificará el electorado en dos semanas más será, como nunca antes, un país más unitario que federal. Debido a la misma supremacía concentradora, también está claro que el relato ordenador parte de una sola cabeza y tiene una sola voz.



Este "tener la manija" por parte de Cristina Fernández, un activo que suele enamorar a los argentinos no sólo en su búsqueda permanente de líderes sino probablemente también para sacarse de encima las responsabilidades, suena hoy no sólo como un elemento superador de la anarquía de 2001, algo que enorgullecía a Néstor como resucitador de la autoridad presidencial, sino como un contraste grotesco con la oposición que se le ha presentado a disputarle el poder, casi todas malas copias de un sistema que los Kirchner han manejado como nadie.



Desde el costado de la caja, la centralización de la chequera ha resultado patética a la hora de observar la actuación de muchos gobernadores más que dispuestos a aceptar un sistema de repartición de tributos que sólo premia económicamente a las provincias si acompañan políticamente al gobierno central. La habitual excusa de los mandatarios ha sido "si no me arrodillo, no me dan y si no me dan, luego no me votan" y entonces, dicen ellos, para evitarle "males mayores" a sus comprovincianos, que los eligieron para que les hagan la vida más fácil, han terminado casi todos abdicando ante el unitarismo porteño-patagónico.



Por el lado de lo que se dice, existe mucho cuidado, sobre todo en estos tiempos electorales, para no darle pasto a las víboras, en este caso al periodismo crítico, capaz de desnudar las contradicciones de modo inexorable. Justamente, para evitar las "letras de molde", el último viernes, aún cuando desde la propia página oficial de la presidencia de la Nación se sigue promocionando la "inauguración" de un Hospital Materno Infantil en La Matanza, la propia palabra de la Presidenta tuvo que salir a ordenar las cosas: "En realidad todavía falta un poquito para hacer todo lo de adentro", admitió Cristina. Voces autorizadas señalan que el Hospital estará operativo recién en marzo del año que viene.



Otras veces hay deslices discordantes que cometen funcionarios o aliados que resultan inadmisibles para el poder sólo porque son detectados por la prensa. Los conceptos del Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández sobre el delegado ferroviario, Rubén Sobrero y las manifestaciones del titular de la UIA sobre la crisis internacional, José Ignacio de Mendiguren le dieron dos dolores de cabeza al discurso oficial esta semana. En el primer caso, porque el juez actuó a la inversa de la presunción del ministro sobre una eventual semiplena prueba y en el otro, porque el empresario dijo que "la Argentina no está blindada". Ambos tuvieron que recoger aceleradamente el piolín del barrilete.



Otros kirchneristas de ley, quizás jugando su propia interna, han salido a hablar de cuestiones que enmarcan la posibilidad de un futuro azaroso en materia institucional, ya que hablan de novedades ideológicas que habrá que ver cómo se implementan. Por un lado, en un ambiente de reflexión partidaria, el candidato a vicepresidente de la Nación, Amado Boudou apuntó a la llegada de una "nueva institucionalidad" para después de octubre, como parte de los "nuevos derechos" que, en su visión, los votantes habrían ratificado en las Primarias.



En tanto, el candidato a vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto, expresó ante la militancia que, después de las elecciones, habrá que dar "la madre de todas las batallas" que es la imposición de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, ya que se trata de "la matriz" de la "nueva cultura", dijo. De allí, que solicitó además aprovechar "las ventanas abiertas" por la Ley de Medios "para predicar la filosofía del campo popular" y para generar nuevos contenidos frente a "los medios de comunicación tradicionales".



A este avance gubernamental sobre la prensa independiente se refirió el jueves la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) en un crítico Informe que expone las tribulaciones del sector, después de un año de muchísimos conflictos. Más allá de los hechos puntuales, el primer choque claro que se nota entre lo que pregona el Gobierno y la preocupación de los editores de diarios parte de las asimetrías que existen alrededor de la noción de "pluralidad", concepto que ambas partes reivindican desde los opuestos.



Mientras ADEPA reclama "voces plurales, para una sociedad plural", en un contexto donde subyace una clara intención competitiva de igualdad de oportunidades y sostiene que la efectiva vigencia del pluralismo "no consiste en que muchas voces digan lo mismo, sino en que sean muchas las voces que puedan expresar miradas diferentes sobre la realidad", Mariotto habla de otra pluralidad, ya que el funcionario rescata únicamente las voces a través de las cuáles "empezamos a poder expresar lo que somos y cómo somos (para) fortalecer las identidades culturales de nuestros barrios, de nuestras familias y no renegar de lo que somos sino (para) potenciarlo".



Una de las sospechas que tenía la oposición cuando se discutía la Ley de Medios era que la segmentación no se hacía únicamente para desguazar a los grandes grupos comunicacionales, sino para sumarle al espectro cultural medios inviables que sólo iban a poder subsistir con la asistencia interesada del Estado. Justamente, el uso de dinero público para sostener todo este aparato paragubernamental de noticias es uno de los puntos de las críticas de ADEPA: "Se trata de un mecanismo de dimensión inusitada, destinado a propalar sin matices el relato oficial y a agraviar al que piensa diferente", dice el Informe que denuncia que "el Gobierno confunde arbitrariamente propaganda oficial con periodismo, transformando a los órganos del Estado en difusores de la doctrina oficialista".



La advertencia central alrededor de estos desvíos gira alrededor de que, sin información independiente "la democracia no es posible", ya que "no se puede elegir" si los argentinos no están informados "para decidir y ejercer el derecho a discrepar con quienes gobiernan, sin sufrir represalias". Para los editores, esta "concepción totalizadora del poder... no admite opiniones críticas y se propone instalar en la conciencia colectiva el discurso de quienes gobiernan" y en ese aspecto, "el periodismo independiente es naturalmente un obstáculo para un poder con voluntad hegemónica". Igualmente, consienten en que, por continuas, las referencias gubernamentales a la prensa que apuntan "a la consagración de un discurso único" horadan la crítica y el disenso y exponen a los periodistas "a la represalia y a la persecución".



Otro de los temas de la semana donde el oficialismo metió violín en bolsa fue en el debate entre presidencialismo y parlamentarismo en el que se enfrascó la oposición política, más como pullas entre ellos mismos que como una cuestión de inmediatez. Parece mentira que, pese a la magra cosecha de votos conseguida en agosto, Elisa Carrió haya podido armar un debate tan cruzado, cuando señaló con razón que la plataforma del Frente Amplio Progresista (FAP) de Hermes Binner contiene el apoyo a esa posibilidad, que sería barajada por el kirchnerismo a partir de un proyecto del juez de la Corte, Eugenio Zaffaroni para sostener un eventual nuevo mandato de Cristina bajo otra forma de gobierno.



El pataleo opositor tuvo que ver además con que el tema de "Cristina eterna" se menea bastante desde fuentes oficialistas como un derecho que surgirá de las urnas, ya que uno de los ideólogos K, el intelectual Ernesto Laclau, acaba de referirse al tema, a partir de sus conocidas tesis a favor del populismo, al que considera un movimiento democrático que cuestiona las viejas instituciones liberales. Tampoco Laclau, a quien acompañaba Boudou, fue desmentido desde Olivos.



Igualmente, es sabido que este pensador comulga más con la reelección indefinida de los presidentes latinoamericanos que con el parlamentarismo un sistema que, según los expertos, no ofrece ninguna posibilidad de "reelección" asegurada, ya que obliga a formar consensos a cada rato y, en este tema, es notorio que el kirchnerismo anda flojo de papeles.



Lo que el sistema podría admitir es la posibilidad de que el Primer Ministro sea nuevamente electo al producirse la renovación de las cámaras, ya que debe ser un legislador al que promuevan sus pares. En el sistema actual, el Presidente resulta electo por un período fijo de mandato y durante ese tiempo no puede ser revocado, excepto en el caso de juicio político. En el sistema parlamentario, en contrario, el Primer Ministro puede ser cambiado en cualquier momento si una moción de censura alcanza a reunir la mayoría de los votos y no se consiguen negociar alternativas.



El otro tema que el Gobierno quiere no se menee hasta el 23 es el económico, aunque lo conmocionen de susto los mercados internacionales, mientras el riesgo país ha pasado los 1.000 puntos, las acciones valgan en términos reales 50 por ciento menos que hace un año y la fuga de capitales no cese. Apocalíptico, Eduardo Duhalde acaba de decir que la recesión que se viene no le dejará tiempo al cristinismo para pensar en reelecciones. Sin embargo, aunque esa predicción no es la que predomina entre los economistas, hay un gran consenso en que habrán de pasar cosas que afectarán al bolsillo.



Desde este punto de vista, los votantes parecen confiar también en que los notorios desaguisados del modelo serán mejor resueltos por quienes lo impusieron que por otros políticos. No sólo creen que se volverá al manual de Néstor de los superávits gemelos, sino que los más postergados saben que no habrá quién les quite el derecho que han adquirido de tener planes sociales, mientras la clase media prefiere privilegiar el empleo, aunque se tenga que apretar un poco el cinturón, pagar más por tarifas de gas y luz y aguantarse que los futuros aumentos salariales no le luzcan tanto.



El talón de Aquiles del arreglo de la situación estará en la praxis con que se maneje el tema inflacionario antes de que espiralice, ya que las recetas de controles a lo Guillermo Moreno han fracasado una y otra vez. Tampoco su podrá usar la palabra "ajuste", ya que no está en el léxico kirchnerista, aunque signifique "arreglar" aquello que se desarregló.



Igualmente, el discurso oficial siempre tendrá a mano una excusa para encontrar a un enemigo a quien echarle la culpa de todos sus males. íCuántas cosas sucederán de aquí en más en nombre de la crisis!
Fuente: 
(*) Agencia DyN