Sábado, 8 Octubre, 2011 - 11:05

Opinión de nuestros lectores
La violencia entre los jóvenes

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Por segunda vez en Corrientes, un estudiante secundario fue herido por su compañero de colegio, esta vez a la salida de la escuela. En el anterior caso, en cambio fue durante el recreo.

Un hecho similar ocurrió en Resistencia con un joven estudiante del Industrial, que fue asesinado por otro joven.



Analizando los casos de violencia que se produjeron últimamente nos lleva a reflexionar con seriedad la situación.



Porque vemos con asombro que la violencia ha traspasado los muros de las escuelas y ahora se ha instalado entre los niños y jóvenes, en el lugar donde van a educarse, a formarse.



Si bien en el contexto escolar el joven agresivo siempre cuenta con el apoyo de su propio grupo que lo protege y de los testigos oculares que alientan la agresión o simplemente no actúan, silenciando estas actitudes de sus propios compañeros o amigos.



Pero a veces la omisión es el resultado del miedo, por la imagen "poderosa" que envuelve al agresor y por temor a ser la próxima víctima.



Sin darse cuenta que desde el silencio y desde la observación están actuando en connivencia con el agresor. Y están contribuyendo a aumentar el sentimiento no sólo de miedo sino también de insolidaridad ante la hecho injusto, por tener un concepto equivocado, que por miedo hay que callar, hay que apoyar y hay que aceptar un situación violenta para evitar de ese modo ser una víctima más.



Pero al mismo tiempo están alimentando sus efectos al crearse un efecto espejo que puede generar eventos similares hacia otros compañeros con igual método de ataque.



Las razones pueden ser variadas:



-rechazo

-resentimientos

-envidias

-prejuicios

-burlas



Pero ¿porque lo hacen?

Quizás para sentirse poderosos, para tener el control del grupo que sumisamente acatan las órdenes del líder violento, lo protegen y lo apoyan.



Los agresivos son personas con baja autoestima que tienen incapacidades que las reconocen pero las esconden, limitándose a socializar en horizontalidad. Se sienten inseguros y esto los llevan a esconderse detrás de una máscara que genera miedo en su entorno, usando para ello un vocabulario violento, con constante descalificaciones hacia aquel que sienta que lo supera, o que posee cualidades de las cuales él carece. Por lo que utilizan la violencia como un vehículo para relacionarse con los demás, alimentando su ego con el consenso que despierta en su grupo.



En los eventos violentos se dan varios roles:



-el agresor propiamente dicho, que es el que maneja la acción

-la víctima 

-el que observa activamente, apoyando al agresor.

-el que observa pasivamente, es el que no dice nada, no apoya ni al agresor ni a la víctima. Observa en silencio.



La familia y la escuela son los pilares donde se construye una sociedad. Y lo social está conectado con lo subjetivo ya que es en la familia donde se forma la persona, allí se nutre de valores, de principios, de costumbres.



Pero es en la escuela donde ingresa al conocimiento, a la educación. Pero tanto la escuela como la familia están influenciados por los factores sociales que desequilibran su estructura. Y si bien cada alumno trae su carga emocional por la situación económica de sus padres, por sus problemas personales, por los valores adquiridos. Eso luego es transferido en sus relaciones interpersonales. Así su conducta será reflejo de lo aprendió en su casa.



Ahora, instalar políticas sociales en los establecimientos educativos que tenga por objetivo disminuir los efectos de la violencia en las aulas o fuera de ella, puede que tenga buenos resultados a largo plazo. Pero recordemos que los jóvenes violentos presentan una característica especial que los mueve a ser intolerantes ante sus propias frustraciones.



Toman una actitud desafiante ante la autoridad, están inmersos constantemente en situaciones agresivas, recurren al vandalismo, destruyen cosas. A veces motivados por el consumo de sustancias o por el alcohol, que los impulsan a tener confrontaciones con amigos, familiares y vecinos.



Encontrar una solución a este problema que crece día a día es muy difícil y hay distintas visiones para atacarlo. Por un lado están los que piensan que a través de charlas, talleres y jornadas se logre concientizar a los jóvenes, a sus padres y al cuerpo docente. Y por otro lado están los que piden mano dura, represión o expulsarlo del colegio.



Ya que el castigo, piensan que mejora la conducta. Y un tercer grupo se alinea a la idea que resocializando y rehabilitando a aquellos que han descarrilado en la vida, es la mejor solución.



Pienso que todas las posiciones son válidas, dependiendo del hecho y dependiendo de la condición conductual del joven. Ya que cada caso es distinto no sólo porque cada joven tiene su historia de vida en el que hay un "porque se es violento", sino porque cada caso tiene distintos desarrollos aunque el mismo desenlace. Por lo tanto, las soluciones dependerán de ello.



(*) Blog personal: Chacorealidades http://www.mariacelsarodriguez.blogsport.com