Lunes, 3 Octubre, 2011 - 07:50

Correo de nuestros lectores
A 35 años del secuestro de Carlos Héctor Orianki

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Un 3 de octubre del año 1976 los bárbaros apuntaban otro crimen a su prontuario genocida. Jorge Alcides Larrateguy, aquel asesino que junto a otros cubriera de indignidad el uniforme de la patria, manchaba sus manos con la sangre de un hombre digno. Sangre de un joven que soñaba la argentina que estamos viviendo.

Esta argentina que el poder trató de evitar y que hoy trata de interrumpir.



No hay espacio aquí para contar toda su historia. Como síntesis de las razones que impulsaban a los enemigos de la democracia, la vida, la justicia, la cultura, la solidaridad y la igualdad, recordaremos una de sus realizaciones: El impulso para la creación de la actual Universidad del Chaco Austral de Sáenz Peña.



El trece de diciembre de 2007, sólo tres días después de asumir sus funciones el actual Gobierno del Pueblo de la Provincia del Chaco junto a las autoridades de esa casa de altos estudios imponía el nombre de Carlos Héctor Orianki al Salón del Consejo Académico en reconocimiento a quien fuera el impulsor de la idea de su creación para abrir las puertas de un futuro mejor, especialmente para los pobres del interior de la provincia.



Querido amigo, pasaron los años, treinta y ocho, desde aquel loco sueño, de aquella utopía de idealista incorregible de que los negritos y los gringuitos de monte adentro pudieran poner sus pies de dedos abiertos en una universidad que los acerque al lejano poder del conocimiento.



Cuantos: ¡no se puede!; cuantos: ¡eso no es para nosotros!; cuantos: ¡estás loco negro!; y vos siempre adelante, siempre detrás de una victoria, de una pequeña victoria; una más para sumarla al rosario que lleva a la victoria final, esa que quizás nunca llega porque siempre le ponemos una cuenta más.

Pero ocurrió nomás, los años pasaron, y un día las puertas se abrieron y apretados sus dedos abiertos en incómodos calzados, los hijos de los chacareros, los hijos de los obreros, los hijos de los que no podían, los hijos de los excluidos pusieron sus pies en el primer escalón de la universidad.



Las picadas del monte chaqueño y las polvorientas calles de los barrios también llevaron hacia impensados horizontes de conocimiento y crecimiento. Dieron los pobres otro paso hacia la igualdad de oportunidades, hacia la libertad, hacia la condición plena de ciudadanos.



Y sorprendidos, los que no creían dijeron: ¡grande negro!, ¡se podía!; ¡era también para nosotros!. Y así llegó la primera victoria; y vos, aunque no te vimos, disfrutándola con esa risa contagiosa de tu permanente alegría, pensando sin decirlo: y vamos por más. Y muchos desde entonces fueron por más, y lo lograron, y las victorias se sucedieron. Y se siguen sucediendo minuto a minuto. Cada partícula de conocimiento que los antes excluidos incorporan a sus alforjas es una nueva victoria. Y una tras otra se suceden. Y fuimos por más.



Y hoy ya somos la Universidad del Chaco Austral. ¡Mira lo que hiciste negro! Mira donde llegó aquel sueño loco; aquella utopía irrealizable de idealista incorregible. Cuantas victorias logradas, y cuantas hacia adelante y por siempre.



Y todavía hay quienes creen que vos no estás, que no eres parte de nosotros.

Quienes escondieron tu cuerpo creyeron que la tierra ocultaría el crimen y borraría la vida que lo precedió y lo supera. Mirándose al espejo de su indignidad creen que los hombres son solo cuerpos. Presos en su vacío interior ignoran la trascendencia de los espíritus.



Ignoran que estás en lo mejor que pueda dar cada uno de nosotros guiados por tu ejemplo. Mira donde están ellos, despreciados, definitivamente condenados, avergonzando a los suyos, y mira dónde estás vos, para nuestro orgullo, siempre junto a nosotros, siempre construyendo, por siempre en cada negrito, en cada gringuito que crece atesorando capacidades para liberarse y liberar a los suyos.



Un día del amigo, hace ya muchos años, en una carta que eché a volar a los vientos te decía; “la sociedad es enemiga de los que perturban sus mentiras vitales, su primer gesto es hostil; olvida que necesita de esos grandes espíritus que de tiempo en tiempo, desafían su encono predicando verdades vitales, por ello y porque día a día el paso del tiempo echará más luz sobre las mentiras vitales de entonces, no tengo dudas que en la historia de este Chaco tienes reservado un lugar, que no es otro que aquel destino común de los grandes perseguidos: el pueblo recordará tu nombre y despreciara el de tus perseguidores”.



Te lo decía hace más de veinte años, y ese día llegó. Aquí estás hermano del corazón, aquí para siempre junto a los negritos y los gringuitos que crecen y hacen crecer las esperanzas de lograr esa otra loca utopía, ese otro loco sueño de una patria justa, libre y soberana.



Y vamos por ella. Como entonces, hoy y siempre: ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE! 



(*) [email protected]