Sábado, 1 Octubre, 2011 - 15:39

Aporte al debate
De clavos y campañas electorales

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“Alma tiene dos meses de vida y tiene su pecho lleno de lágrimas que se fueron como congelando del dolor. Todos los días, cuatro veces, su abuela debe llevarla al centro de salud para que por medio de una manguerita le vayan sacando las lágrimas hechas pus”.



Anoche, revisando el correo, me encontré con este relato. Era de una persona que conozco y enseguida pude reconocer el caso al que hacía referencia y lógicamente entendí las razones de su dolor y de su pretensión de anonimato.



Después de repasarlo pensé: “Qué pena que no pueda estampar su firma al pie”, y hasta sentí la tentación de violar el compromiso de confidencialidad y exhibir crudamente su origen. Esta mañana lo analicé mejor y decidí reproducirlo con mi propia firma. Tómese pues este aporte como una larga cita textual y como un ínfimo gesto de solidaridad.



“Hace un día que Alma dejó de estar internada en el Hospital Pediátrico a causa de una neumonía.



Hace menos de un mes su padre mató a golpes a su mamá después de violarla reiteradamente. La destrozó a golpes, no sólo sus genitales, que ni siquiera alcanzaron a recuperarse del reciente parto, sino toda su cara. Después con la ayuda de cómplices, la dejó tirada en la puerta de un centro de salud. Y unas horas más tarde se suicidó.



Alma ahora sólo tiene a su abuela y a sus diez tíos y tías que van desde los 4 hasta los 20 años.



Todos ellos, junto con Alma y su abuela, debieron dejar su ranchito en Villa Forestación a causa de las amenazas proferidas por parte de los demás hijos que tenía su padre. Le van a quemar el rancho con todos ellos adentro, le dijeron a la abuela de Alma, a la que no le quedó otra opción que irse con sus seis hijos pequeños y la beba. Quién sabe a dónde: a otro lugar donde a simple vista también reinan la miseria y la violencia. Ni siquiera hizo la denuncia de la amenaza. Y cómo la va hacer si para ella como para su hija muerta la violencia era lo de todos los días, era y es lo “normal”, lo “natural”.



Tanto es así que recuerda la última conversación que tuvo con su hija: ella le había contado que el padre de Alma estaba enojado y seguro la golpeaba; la abuela le contestó: “Si él está enojado no le contestes para que no te pegue”.



Ahora la abuela de Alma dice que ya tiene un terrenito que una señora le dio: “También tengo las chapas y tengo mis palos; sólo me hacen faltan los clavos para poder armarlo”.



Qué contrariedad. Creo que el pecho de Alma está lleno del dolor hecho pus. Y eso que no puede ver el despilfarro de plata que hay tirada por todas las paredes de esta gran ciudad. ¿Cuántos clavos valen lo mismo que esas inmensas propagandas, propagandas en televisión, en radio, en diarios gráficos y digitales, afiches, gigantografías y pantallas? ¿Cuánto salen 10 clavos comparado con todo eso?



¿Cuántos clavos serían más útiles que toda esa plata puesta en las paredes? ¿Cuántos ranchitos se le podrían armar a las bebas como alma con toda esa plata? ¿Cuántas campañas en contra de la violencia serían más útiles para que niñas como Alma no pierdan a su madre, que toda esta basura que nos estampan en la cara? ¿Cuántas muertes de niñas, mujeres se podrían evitar con sólo difundir que la violencia no es natural, dónde buscar ayuda, dónde hacer la denuncia?



Me pregunto “¿cuántas?”: seguramente mucho menos que los votos, por eso a nadie le importa. A mí que conocí a Alma, a su abuela y a su familia, el dolor se me atraganta y me sale una réplica tal vez “poco feliz”: de la misma manera que se mete un clavo en la pared, métanse sus afiches y sus votos en el orto.”
Fuente: 
(*) De la Redacción de DiarioChaco.com.