Lunes, 26 Septiembre, 2011 - 11:14

Correo de nuestros lectores
Al mejor postor...al mejor prometedor

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Quizás hayan sido siempre así los momentos pre-electorales, una carrera contra el tiempo para ganar la banca. Ahora, por la dinámica de los medios, se aprecian más las promesas, las ambiciones, los enfrentamientos, la competencia con ofrecimientos y eventos gratis, en una vorágine a veces se asemeja a una fiesta.

Los argentinos están acostumbrados a que los que se postulan, ofrezcan su candidatura, proponiéndose “a sí mismos” personalizando las campañas. Y más que defender una plataforma, una ideología, una línea de pensamiento que los lleve a un modelo, se esfuerzan por vender su imagen. Casi un “yoísmo”. Tan así, algunos aluden al nombre de pila a quien se inclinan.



Los candidatos, más de unas veces, a las derrotas las viven como una frustración personal, y no como una pérdida de propuestas válidas, una doctrina que no pudo ejercitarse o valores que quedan truncos. (eso suena muy idealista, no?).



Acostumbrado el ciudadano, ya no se exalta, al escuchar promesas seductoras. o ideas brillantes de último momento,.que de pronto ponen a consideración con grandes proyectos hasta ahora no presentados casi como sacados de la galera.



Sucede también una especie de competencia: “ quien da más… quien promete más”, o a veces utilizan la comparación o menoscabo de los otros en sus arengas, conducta poco seria para mostrar su idoneidad y fortaleza, cada uno tendrá lo suyo, y la gente los observa.



Las propuestas no debieran caer en personalismos, y utilizar acusaciones y denuncias a otros funcionarios, asemejándose a una guerra verbal.. Pero en campaña eso ocurre aparentemente, la difamación e enfrentamientos verbales desconcertantes, que denigran a las personas, cuando lo que se debe defender son proyectos.



Esa exacerbación habla más de orgullos personales que de convencimientos de ideales.



Puede interpretarse esta puja de dos maneras: una, como conductas egoístas, ambiciosas, egocéntricas, que apuestan a captar un voto, o pensar, que son competentes, con diferentes visión estratégica, y que se juegan a todo o nada, nada más que ahora se ven las diferencias en sus temperamentos.



El ciudadano debería tener en cuenta que los festivales, las rampas, o los premios, son estrategias para centrar la atención, y recibir apoyo.



Piense si quizás ud vota al que más promete, al que más confía, al que expuso un plan, o puede también hacerlo apoyando a ese que sabe su nombre de pila, sin evaluar un proyecto diseñado, eje de su posible función.



De cualquiera de estas formas el ciudadano, es quien decidirá el futuro de modo responsable o impesadamente.



(*) [email protected]